Santo Rosario por los enfermos, por los agonizantes, por los difuntos, con cantos propios.
MI
LIBRO DE ORACIONES
FIELES
DIFUNTOS
Santo Rosario
El Santo Rosario es una devoción a Mariana de las
más antiguas y más conocidas entre el pueblo cristiano.
Para ti, hermano(a) ____________ que sufres, el
Santo Rosario es la oración más apta, pues a veces transcurren horas y horas
solo(a) sin saber en qué ocuparte. Además, por tus problemas por tus mismas
enfermedades, no puedes leer mucho.
Rezar el Santo Rosario es una manera excelente para
vencer tu soledad, aprovechar tu tiempo y pedir a Jesús y a la Santísima Virgen
fuerzas y valor para llevar tus sufrimientos. Las lecturas bíblicas y las
reflexiones que se presentan a continuación se pueden leer con los misterios
que corresponden al día que se rece el Rosario.
INICIO DEL SANTO ROSARIO POR LOS ENFERMOS
Ven
Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego
de tu amor.
Envía,
Señor, tu Espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra.
Dios
nuestro, permítenos, ofrecerte junto con la Santísima Virgen María, este
Rosario de meditación para los enfermos, siervos e hijos tuyos:
________________________
Ave María Purísima. Sin
pecado concebida.
Por la señal de la
santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del
Padre, del hijo y del Espíritu Santo. Amén.
En
los cielos y en la tierra sea por siempre Bendito y Alabado
El
Divino Corazón amoroso de Jesús Sacramentado.
Abre
Señor mis labios. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Dios
mío acude a mi socorro, Señor date prisa, ven pronto a socorrerme.
ACTO DE CONTRICIÓN
Todos:
Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, me pesa de todo corazón haber
pecado, porque he merecido el infierno y he perdido el cielo. Sobre todo,
porque te ofendí a ti que eres la bondad infinita y a quien amo sobre todas las
cosas. Propongo firmemente con tu Gracia, enmendarme y alejarme de las
ocasiones de pecado, confesarme y cumplir la penitencia, confío queme
perdonarás por tu infinita misericordia. Amén
CREDO. - SÍMBOLO DE LOS
APÓSTOLES
Todos:
Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en
Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia
del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de
Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado
a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a
vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la
comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y
la vida eterna. Amén.
ORACIÓN POR LA FE
Cada
día quiero creer más en ti, querido Jesús. Te quiero confiar mi vida,
abandonarme a tu divina voluntad y seguir tu camino. Dame fuerzas para
alimentar mi fe, para hacerla crecer, para que se mantenga fuerte cuando tenga
dudas o cuando quiero olvidarme lo que tú me enseñaste, porque me cuesta
vivirlo. Quiero tener una fe grande Señor, que me ayude a llevar mucho amor a
todos los que me rodean y que me muestre el camino de la alegría y la
esperanza. Señor, creo, pero aumenta mi fe. ¡Que así sea Señor!
OFRECIMIENTO DEL SANTO
ROSARIO
Rezaremos
el Santo Rosario en honra y gloria de la Santísima Virgen María, Madre de Dios
y Madre nuestra, para que se digne admitirnos y tenernos bajo su poderosa
protección, nos alcance paz en la iglesia, sosiego en la conciencia,
tranquilidad en la república y en los bienes temporales que hubiéramos de
merecer, alivio a las Benditas Almas del Purgatorio y a todos nos lleves a la
vida eterna. Amén.
Santísima
Madre, Salud de los Enfermos, Ruega por nosotros, y por todos los que sufren
situaciones difíciles, en especial por _______________.
Gloria
al Padre…
PRIMER
MISTERIO
Primer Misterio
Curación del Leproso en Galilea Mc 1, 40-45
Se
le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas le dice: “Si quieres
puedes limpiarme”. Compadecido de él, extendió su mano y le tocó y le dijo:
“Quiero, queda limpio”. Y al instante le desapareció la lepra y quedó limpio.
Lo despidió al instante prohibiéndole severamente: “Mira no digas nada a nadie,
sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que
prescribió Moisés para que les sirva de testimonio”. Pero él, se puso a
pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que Jesús ya no podía
presentarse en público en ninguna ciudad, sino que, se quedaba a las afueras,
en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes.
REFLEXIÓN: Las
personas con mucha facilidad o por ignorancia, conveniencia o maldad rechazamos
a quienes padecen alguna enfermedad. Hasta llegamos a pensar que en la medida
en que los apartamos de nosotros o que nos alejamos de ellos, somos mejores. El
Evangelio de San Marcos, nos presenta la curación de un enfermo de lepra para
dar a entender que Jesús no despreciaba a los enfermos, sino que los aliviaba.
El
enfermo independientemente de la enfermedad que padezca y de las causas de
haberla contraído, necesita el amor, la comprensión, y la misericordia de
quienes conviven con ellos. Más aún el Evangelio nos enseña que cuando un
enfermo se siente acogido y aliviado, aunque no sea curado, puede convertirse
en mensajero entusiasta de buenas noticias para sus hermanos.
Padre nuestro (1) Avemaría (10) Gloria Y jaculatorias
SEGUNDO
MISTERIO
Segundo Misterio El
Ciego de Jericó Mc 10, 46-52
Llegan
a Jericó. Y cuando salían de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran
muchedumbre, el hijo de Timoteo, Bartimeo, un mendigo ciego, estaba sentado
junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar:
“¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!”. Jesús se detuvo, y dijo:
“Llámalo”. Llaman al ciego, diciéndole: “¡Ánimo, levántate! Te llama”. Y él,
arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús.
Jesús
dirigiéndose a él le dijo: “¿Qué quieres que te haga?”. El ciego le dijo:
“Rabbuní, ¡que vea!”. Jesús le dijo: “Vete tu fe te ha salvado”. Y al instante
recobró la vista y le seguían por el camino.
REFLEXIÓN: El
Evangelio narra la curación del ciego Bartimeo, el último “Milagro” de Jesús
narrado por Marcos. La narración acentúa sobre todo la importancia de la fe
como fundamento del discipulado. Marcos, utiliza el verbo “seguir”: Bartimeo
“sigue” a Jesús, no sólo ha recobrado la vista. El Evangelio quiere presentar
al ciego como un modelo del verdadero discípulo. El acento recae en la fuerza
de la fe.
Esta
es la que permite pasar de la tiniebla de la vida a la luz del borde del camino
al centro del camino aspiramos a que nuestras heridas sean curadas. Deseamos
ver. La confianza en Jesús produce la curación. La curación de Jesús no se
limita a lograr un equilibrio psicosomático sino en una nueva capacidad para
ver la realidad como Él la ve, para reconocerlo como Maestro, un hombre o una
mujer curados están en condiciones de seguirlo por el camino. Quien no ha sido
curado de nada, quien cree que está sano, difícilmente puede llegar a seguirlo.
Padre nuestro (1) Avemaría (10) Gloria y jaculatorias
TERCER
MISTERIO
Tercer Misterio. Curación
en sábado de la mujer encorvada. Lc 13, 10-17
Estaba
un sábado enseñando en una sinagoga. Había allí una mujer a la que un espíritu
tenía enferma hace dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno
“enderezarse”. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: “Mujer, quedas libre de tu
enfermedad”. Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó y glorificaba a
Dios.
Pero
el jefe de la sinagoga indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en
sábado, decía la gente: “Hay seis días en los que se puede trabajar; venid,
pues, en esos días a curarse, y no en día sábado”. Dijo entonces Jesús:
“Hipócritas”. ¿No desatan del pesebre todos ustedes en sábado a su buey, o su
asno para llevarlo a abrevar? Y ésta, que es hija de Abraham, a la que ató
Satanás hace dieciocho años, ¿No está bien desatarla de esta ligadura en día
sábado? Y cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban abochornados,
mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía.
REFLEXIÓN: El ámbito
religioso. En Cristo se da la abolición de las leyes de pureza-impureza ritual
y de todos aquellos ordenamientos jurídicos-religiosos mediante los cuales se
atentaba, contra la dignidad de las mujeres y se las excluía o marginaba de su
participación. Así como es necesario transformar aquellas condiciones opresivas
para las mujeres dentro del ámbito doméstico, así también resulta
imprescindible reestructurar el ámbito religioso en todos aquellos aspectos que
presentan opresión, sometimiento, y exclusión para ellas. La narración que nos
presenta a la mujer encorvada es exclusiva de Lucas. (13, 10-17). ¿Es posible
asociar estos datos?: sábado, enseñanza, sinagoga, espíritu de enfermedad,
mujer encorvada, con la descripción con la condición de las mujeres bajo las
estructuras religiosas patriarcales de ese tiempo. La gloria de Dios, lo
sabemos por los evangelios y por San Irineo, es que la mujer y el hombre vivan
en plenitud.
El
que Jesús lo haya llamado y le haya impuesto las manos, podríamos considerarlo
en términos de vocación como su reinserción de la plena participación en el
ámbito religioso: ella es hija de Abraham. En el encuentro de Jesús con la
mujer encorvada, todas las mujeres son llamadas a vivir la plenitud de su
vocación y dignidad.
Padre nuestro (1) Avemaría (10) Gloria y jaculatorias
CUARTO
MISTERIO
Cuarto Misterio. Curación
de un enfermo en la piscina de Betesda. Jn 5, 1-16.
Después
de esto, hubo una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén,
junto a la Probática, una piscina que se lama en hebreo Betesda, que tiene
cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos,
paralíticos, esperando la agitación del agua. Porque el Ángel del Señor bajaba
de tiempo en tiempo a la piscina y agitaba el agua; y el premio que se metía
después de la agitación del agua, quedaba curado de cualquier mal que tuviera.
Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.
Jesús,
viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: “¿Quieres
curarte?” Le respondió el enfermo: “Señor, no tengo a nadie que me meta a la
piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy otro baja antes que yo”.
Jesús le dice: “¡Levántate, toma tu camilla y anda!”. Y al instante el hombre
quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. Pero era sábado aquel día. Por
eso los judíos decían al que había sido curado: “Es sábado y no se te está
permitido llevar la camilla”. Él les respondió: “El que me ha curado me ha
dicho: toma tu camilla y anda”. Ellos le preguntaros: ¿Quién es el que te ha
dicho?: “Toma y anda”. Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había
desaparecido por que había mucha gente en aquel lugar. Más tarde Jesús lo
encuentra en el Templo y le dice: “Mira, estás curado; no peques más, para que
no te suceda algo peor”. l hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el
que lo había curado. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas
cosas en sábado.
REFLEXIÓN: La
Iglesia, familia que rodea y cuida del enfermo: “no tengo a nadie” tal vez sean
las palabras más tristes del Evangelio. Tenemos un sueño: que nadie en nuestros
hospitales, en sus hogares pueda repetir estas palabras sin esperanza y
horizonte de vida.
Ustedes
son los predilectos del Reino de Dios, los que sufren. Estas palabras del
Concilio son un eco a las de Jesús. Pero son eco también de la actitud de
cariño y atención especial que Jesús siempre tuvo para con los que sufren. Él
nunca pasó indiferente junto al que sufría. Hermano(a) que sufres, Jesús es tu
amigo. Para ti son sus mayores atenciones, gracias y favores… pues para los que
sufren, especialmente, el Padre lo ha enviado.
Padre nuestro (1) Avemaría (10) Gloria y
jaculatorias
QUINTO
MISTERIO
Quinto Misterio. María
modelo del cristiano El Magníficat Lc 1,39-47.49-56
En
aquellos días se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa a
una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que,
en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e
Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamó con gran voz, dijo: “Bendita
tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿De dónde a mí que la
Madre de mi Señor venga a mí?”. Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu
saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se
cumplirían las cosas que fueron dichas de parte del Señor! Y dijo María:
“Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador, por
que ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre, y su
misericordia alcanza de generación en generación a los que temen.
Desplegó
la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios en su propio corazón. Derribó a
los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes, a los hambrientos colmó
de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel su siervo,
acordándose de su misericordia, como había anunciado a nuestros padres, a favor
de Abraham y su linaje por los siglos. María permaneció con ella unos tres
meses y se volvió a su casa.”
REFLEXIÓN: El
evangelio de Lucas nos presenta la figura de la Virgen María como el mejor
ejemplo de discípulo, de quien ha sabido vivir el proyecto de Jesús. Ella es la
“llena de gracia” que acoge la palabra de Dios, la hace fructificar y engendra
en sus entrañas a Jesús, El Salvador. La santidad ejemplar de la Virgen mueve a
los fieles a levantar “los ojos a María, la cual brilla como modelo de virtud
ante toda la comunidad de elegidos.” Por lo general se subraya la humildad y
sencillez de María, pero no suficientemente su iniciativa, sentido de
responsabilidad, atrevimiento y valor. Especialmente en el mundo del
sufrimiento, la imitación de estas virtudes pueden ser fuente de dinamismo para
los enfermos y sus familiares. El abandono en la voluntad de Dios bien se
conjuga con un “sano protagonismo”, que exalta la presencia de la Gracia
divina. En el corazón de María late la experiencia del altísimo descrita en el
Antiguo Testamento: el Señor libera, Dios conoce nuestros límites si nos
dejamos poseer por el Señor-Dios es capaz de hacer grandes maravillas; el Señor
está cerca de los que padecen. Dios guarda nuestra vida y es siempre fiel a sus
promesas.
Padre nuestro (1) Avemaría (10) Gloria y
jaculatorias
Jaculatoria después de
cada misterio:
Santa María, Salud de
los Enfermos. Ruega por nosotros y por todos los que sufren situaciones
difíciles. En especial por _________________
María, Madre de Gracia,
Madre de Misericordia, en la vida y en la muerte, ampáranos gran Señora.
Oh Jesús mío, perdona
nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno y lleva al cielo a todas las
almas, perdona y socorre especialmente a los más necesitados de tu Divina
Misericordia. Amén. (Oración de Fátima).
Por tu limpia
concepción, Oh Soberana Princesa, una muy grande pureza te pido de corazón.
Inmaculado Corazón de
María, refugio de pecadores, ruega Virgen María por nosotros que recurrimos a
vos.
Santa
María de Guadalupe, esperanza nuestra, Salva nuestra patria, conserva y aumenta
nuestra fe.
Jesús,
en ti confío (3 vecees)
AL TERMINAR LOS CINCO MISTERIOS
Oh
Soberano Santuario, Sagrario del Verbo eterno,
libra
del infierno, Virgen Madre, a los que hacen tu Santo Rosario.
Emperatriz
poderosa, de los mortales, consuelo,
ábrenos
Virgen el Cielo con una muerte dichosa y danos pureza de alma tú que eres tan
poderosa.
Padre
nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu
reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.
Danos
hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros
perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos
del mal. Amén
Dios
te salve, María Santísima, Hija de Dios
Padre, Virgen Purísima y castísima antes del parto, en tus manos ponemos
nuestra fe y la fe de nuestro hermano (a) __________, que te necesita (a) para
que la ilumines; llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú eres
entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa
María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de
nuestra muerte. Amén.
Dios
te salve, María Santísima, Madre de Dios
Hijo, Virgen Purísima y castísima en el parto, en tus manos ponemos nuestra
esperanza y la esperanza de nuestro hermano (a) ___________, que te necesita, para
que la alientes; llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú eres
entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa
María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de
nuestra muerte. Amén.
Dios
te salve, María Santísima, Esposa de
Dios Espíritu Santo, Virgen Purísima y castísima después del parto, en
tus manos ponemos nuestra caridad y la caridad de nuestro hermano (a)
___________ que te necesita para que la inflames, nuestra alma para que las
salves y nuestras necesidades para que las remedies; llena eres de gracia, el
Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el
fruto de tu vientre, Jesús.
Santa
María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de
nuestra muerte. Amén.
Dios
te salve, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios Espíritu
Santo. Templo, Trono y Sagrario de la Santísima Trinidad, Virgen concebida sin
la mancha del pecado original, como madre, te rogamos que nos mires con
piedad y nos cubras con tu manto santo.
Dios
te salve, Reina y Madre de
misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Dios te salve. A Ti clamamos
los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este
valle de lágrimas. Ea, pues, Señora Abogada Nuestra, vuelve a nosotros tus ojos
misericordiosos, y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito
de tu vientre. Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María. Ruega
por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las
promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
De
tus ojos Oh María, dependen nuestras felicidades, míranos Señora y no nos
desampares.
LETANIAS DE LOS
ENFERMOS
Señor,
ten piedad, Señor, ten piedad.
Cristo,
ten piedad, Cristo ten piedad.
Señor,
ten piedad, Señor, ten piedad.
Cristo,
óyenos, Cristo óyenos.
Cristo,
escúchanos, Cristo, escúchanos
Dios,
Padre celestial, ten piedad de nosotros.
Dios,
Hijo Redentor del mundo, ten piedad de
nosotros.
Dios,
Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.
Trinidad
santa, que eres un solo Dios, ten piedad
de nosotros.
Para implorar salud de
cuerpo y alma:
Señor
Jesús, que curaste al ciego de Betsaida (Mt 8,22) Ten piedad de nosotros
Señor
Jesús que curaste a dos ciegos en Cafarnaúm (Mt 9,27) Ten piedad de nosotros
Señor
Jesús, que curaste a dos ciegos en Jericó (Mt 20,29) Ten piedad de nosotros
Señor
Jesús, que curaste a un ciego y mudo (Mt 12,22) Ten piedad de nosotros
Señor
Jesús, que curaste al sordomudo en Decápolis (Mt 7,34) Ten piedad de nosotros
Señor
Jesús, que curaste a un leproso en Galilea (Mt 1,41) Ten piedad de nosotros
Señor
Jesús, que curaste a diez leprosos en Galilea (Lc 17,11) Ten piedad de nosotros
Señor
Jesús, que curaste al paralítico de Cafarnaúm (Mt 9,1) Ten piedad de nosotros
Señor
Jesús, que curaste al paralítico de la piscina (Jn 5,1) Ten piedad de nosotros
Señor
Jesús, que curaste al hombre de la mano atrofiada (Mt 12,9) Ten piedad de nosotros
Señor
Jesús, que curaste a la mujer hemorroísa (Lc 8,42) Ten piedad de nosotros
Señor
Jesús, que curaste a un hombre hidrópico (Lc 14,1) Ten piedad de nosotros
Señor
Jesús, que curaste al siervo del centurión (Mt 8,5) Ten piedad de nosotros
Señor
Jesús, que curaste al hijo del funcionario real (Jn 4,50) Ten piedad de nosotros
Señor
Jesús, que curaste a la suegra de San Pedro (Mc 1,25) Ten piedad de nosotros
Señor
Jesús, que curaste a un niño lunático (Mt 17,18) Ten piedad de nosotros
Señor
Jesús, que curaste al poseso de Cafarnaúm (Mc 1,25) Ten piedad de nosotros
Señor
Jesús, que curaste a un poseso mudo (Lc 11,14) Ten piedad de nosotros
Señor
Jesús, que curaste a una joven posesa de Canán (Mc 7,24) Ten piedad de nosotros
Señor
Jesús, que curaste a dos posesos de Gerasa (Mt 8,28) Ten piedad de nosotros
Señor
Jesús, que resucitaste a la hija de Jairo (Mc 5,41) Ten misericordia de nosotros
Señor
Jesús, que resucitaste al hijo de una viuda (Lc 7,14) Ten misericordia de nosotros
Señor
Jesús, que resucitaste a tu amigo Lázaro (Jn 11,1-43) Ten misericordia de nosotros
Señor
Jesús, que resucitaste Tú mismo del sepulcro (Mc 16,6) Ten compasión de nosotros
Cordero
de Dios que quitas el pecado del mundo. Perdónalo
Señor.
Cordero
de Dios que quitas el pecado del mundo. Óyelo,
Señor.
Cordero
de Dios que quitas el pecado del mundo. Ten
piedad y misericordia de nosotros.
ORACIONES FINALES DEL SANTO ROSARIO
BAJO TU AMPARO
Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios,
no desprecies las súplicas que te hacemos en nuestras necesidades, antes bien
líbranos de todo peligro, oh Virgen Gloriosa y Bendita, ruega por nosotros
Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias
de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
UNIGÉNITO HIJO
Señor Dios, cuyo Unigénito
Hijo, con su vida, muerte y resurrección, nos alcanzó el premio de la salvación
eterna, concédenos a los que meditamos estos misterios del Santo Rosario,
imitar los que contiene y alcanzar lo que prometen, por el mismo Jesucristo
nuestro Señor. Amén.
PETICIÓN DEL SANTO ROSARIO
Por estos misterios santos de que hemos hecho
recuerdo, te pedimos, ¡Oh María!:
1.
De la Fe
Santa, el aumento,
2.
La exaltación
de la Iglesia,
3.
Del Papa, el
mejor acierto,
4.
De la Nación
Mexicana, la unión y el feliz gobierno.
5.
Que el gentil
conozca a Dios.
6.
El hereje vea
sus yerros,
7.
Que todos los
pecadores tengamos arrepentimiento.
8.
Que los
cautivos cristianos sean libres del cautiverio.
9.
Goce puerto
el navegante.
10.
Y dé salud a
los enfermos.
11.
Que en el
Purgatorio logren las ánimas refrigerio,
12.
Y que este
Santo ejercicio tenga efecto tan completo en toda la cristiandad,
13.
Que
alcancemos por su medio, el ir a alabar a Dios
14.
Y gozar de tu
compañía en el cielo. Amén.
ORACIÓN DEL SANTO SUDARIO
Señor Dios que nos dejaste las señales santísimas
de tu Pasión en la sábana santa, en la cual fue envuelto tu cuerpo santísimo,
cuando por José y Nicodemo fuiste bajado de la cruz: concédenos, oh Señor, oh
piadosísimo Señor, que por tu muerte y sepultura santa seamos llevados a la
gloria de la resurrección, donde vives y reinas con Dios Padre en unidad del
Espíritu Santo, Dios por los siglos de los siglos. Amén.
BENDITA SEA TU PUREZA
Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea;
pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A ti, celestial Princesa,
Virgen Sagrada, María, yo te ofrezco en este día, alma, vida y corazón. Mírame
con compasión; no me dejes, madre Mía, ni de noche ni de día por tu limpia
concepción Oh Santísima María.
Dulce María, Dulce Madre, Dulce encanto de mi amor,
Dulce para el pecador, en aquella hora postrera, no me niegues tu semblante,
mira oh madre amante, que aunque yo me muera, oh virgen pura, oh virgen Santa,
oh Virgen Madre de Dios, pongo mi esperanza en voz para gozar de tu compañía en
el cielo. Amén.
DIOS OMNIPOTENTE.
Omnipotente y sempiterno Dios, que, con la cooperación del Espíritu
Santo, preparaste el cuerpo y el alma de la gloriosa Virgen María para que
fuese merecedora de ser digna morada de tu Hijo; concédenos que, pues
celebramos con alegría su conmemoración, por su piadosa intercesión, seamos
liberados de los males presentes y de la muerte eterna. Por el mismo Cristo
nuestro Señor. Amén.
Oración a San Miguel Arcángel
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Se
nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio, que Dios le
reprima, pedimos suplicantes; y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al
infierno, con el Divino Poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos que
vagan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén
INTENCIONES.
Ø
Por las Benditas Almas del Purgatorio, por su eterno descanso y por la que está más próxima de ver a Dios.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Ø
Por el Papa, por su salud y sus
intenciones, que Dios lo guarde y lo bendiga, lo haga feliz en la tierra y que
lo proteja de las manos de sus enemigos visibles e invisibles.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Ø
Por nuestras intenciones, por todos los que nos aman entrañablemente, por los que se encomendaron
a nuestras oraciones, por los que nos odian y nos envidian, por los que nos
causan daño y dolor y por nuestro propio avance en el amor a Dios.
Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Ave maría Purísima, Sin pecado concebida. (3 veces)
Bendito y Alabado
Sea por siempre bendito y alabado el Santísimo
Sacramento del altar y la limpia y purísima Concepción de María que fue
concebida sin la mancha del pecado original, desde aquel primer instante de su
ser santísimo natural. Amén.
Viva Jesús, Viva María, Viva la Gracia, muera el
pecado. Viva Jesús Sacramentado. Que viva el
Glorioso Patriarca Señor San José, Señor San Joaquín y Señora Santa Ana, a
quienes encomendamos nuestro corazón, cuerpo y alma, ahora y en la hora de
nuestra muerte. Amén.
CONSAGRACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA
¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! Yo me ofrezco en
todo a ti, y en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día y para
siempre, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra, todo mi
ser. Ya que soy todo tuyo, ¡Oh Madre de bondad!, guárdame y defiéndeme como
hijo y posesión tuya. Amén.
DULCE MADRE
Contigo
voy virgen pura y en tu poder voy confiado, pues yendo en ti amparado, mi alma
volverá segura.
Dulce Madre no te alejes, tu vista de mí, no
apartes, ven conmigo a todas partes y nunca solo me dejes. Ya que nos proteges
tanto como verdadera Madre, haz que nos bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu
Santo. Amén.
El socorro de Dios esté siempre con nosotros. Así sea.
Que las almas de los fieles difuntos, por la
misericordia de Dios, descansen en paz. Así sea.
Por la Señal de la Santa Cruz, de nuestros
enemigos, líbranos Señor. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo. Amén.
Buenos
días (tardes o noches).
ORACIONES POR LOS ENFERMOS
No
es necesario estar en peligro de muerte para orar por nosotros u otras personas
enfermas, se puede rezar en cualquier situación e ir renovando cada vez esta
preparación por si la muerte nos sorprende.
Dios
mío: Postrado humildemente en tu presencia, te adoro y quiero hacer esta
protesta, como si ya me hallase próximo a exhalar mi último suspiro.
Dios
mío: Tú has decretado mi muerte desde la eternidad: yo la acepto desde ahora
con todo mi corazón en el modo y forma que tu Divina Majestad ha dispuesto, y
acepto también todos los dolores que la han de acompañar, los uno a los
tormentos y a la muerte de Jesucristo, y te los ofrezco en satisfacción y
penitencia de mis pecados.
Acepto
igualmente la destrucción de mi cuerpo para que resplandezca más tu supremo
dominio sobre mí. Y, por lo tanto, acepto y me alegro de que estos ojos, que
tanta libertad se han tomado contra Ti, queden con la muerte ciegos hasta el
fin del mundo.
Acepto
y me alegro de que esta lengua, que tantas veces he empleado en palabras vanas,
murmuraciones y mentiras, quede muda con la muerte, y sea comida de gusanos en
el sepulcro.
Acepto
y me gozo de que estas manos y estos pies que han sido para mi corazón
instrumentos de tantas acciones desordenadas y de tantos pasos torcidos, queden
con la muerte sin movimiento y sin acción entre los horrores de una hedionda
sepultura.
Acepto
y me gozo de que este mismo corazón que, siendo formado para darte todos sus
afectos, los ha empleado en miserables e indignas criaturas, sea arrojado a la
tierra y reducido a polvo y ceniza.
En
suma, Señor, me regocijo de que se verifique en mí la total destrucción de mis
miembros y huesos, convirtiéndome en humilde polvo y frías cenizas, que fueron
la materia de que formaste mi cuerpo; para que la completa destrucción de mi
existencia publique la grandeza de tu infinito poder y lo humilde de mi nada.
Recibe,
Señor, este sacrificio que te hago de mi vida, por aquel gran sacrificio que te
hizo tu divino Hijo de sí mismo sobre el ara de la Cruz; y desde este momento
para la hora de mi muerte, me resigno totalmente a vuestra santísima voluntad,
y protesto que quiero morir diciendo: “Hágase, Señor, tu voluntad…”
Jesús
mío crucificado: Tú que para alcanzarme una buena muerte has querido sufrir
muerte tan amarga, acuérdate entonces de que yo soy una de tus ovejas que has
comprado con el precio de tu sangre. Cuando todos los de la tierra me hayan
abandonado y nadie pueda ayudarme, Tu sólo podrás consolarme y salvarme,
haciéndome digno de recibirte por Viático, y no permitiendo que te pierda para
siempre.
Amado
Redentor mío, recíbeme entonces en tus llagas, puesto que yo desde ahora me
abrazo a Ti, y protesto que quiero entregar mi alma en la llaga amorosa de tu
sacratísimo costado.
Y
Tú, Virgen Santísima, Abogada y Madre mía María; después de Dios, Tu eres y
serás mi esperanza y mi consuelo en la hora de la muerte. Desde ahora recurro a
Ti, y te ruego no me abandones en aquel último momento: ven entonces a recibir
mi alma y a presentarla a tu Hijo.
Te
aguardo, Madre mía, y espero morir bajo tu amparo y abrazado a tus pies. Y Tú,
Protector mío San José, San Miguel Arcángel, Ángel Custodio, Santos mis
abogados, ayúdenme en aquel trance extremo, en aquel último combate y llévenme
a la Gloria celestial. Amén.
ORACIÓN DE UN ENFERMO POR SU FAMILIA
Señor
Jesús, amigo mío: hoy quiero pedirte por mi familia. Mi enfermedad ha
trastornado todo; los veo preocupados a pesar de sus esfuerzos por mostrarse
serenos, tienen que distribuir su tiempo entre el trabajo y las preocupaciones
diarias y mi atención.
Sufren,
me doy cuenta, a veces, se impacientan, lo comprendo; otros, veo que su
esperanza decrece.
Señor,
¡Te doy gracias por mi familia! Dales fuerza, serenidad, paz y esperanza.
Págales tú, con tu amor, todo lo que hacen por mí. Ojalá que yo pueda aparecer
ante tus ojos, como si fueras tú mismo el enfermo el que sufre, el que necesita
misericordia.
Señor,
¡Te pido por mi familia! Bendícela, únela, ayúdala a crecer en el amor, que te
conozcan cada día más para que tú inspires sus actos y toda su vida. Amén.
SEÑOR, SI TU QUIERES
PUEDES CURARME
(Oración después de
comulgar)
Señor
Jesús, amigo mío. Ahora que he comulgado tu Cuerpo está en mi cuerpo, tu Sangre
está en mi sangre y tu Vida está en mi vida. Todo eso me lo enseña la Fe y lo
experimento en mí mismo, en la paz nueva, en la alegría interior y en una
esperanza fuerte.
La
Comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre me ha abierto el corazón hacia los demás;
me hace más fácil compartir mi enfermedad con otros enfermos, me ayuda a
sentirme más agradecido para con quienes me cuidan y me rodean, aumenta mi
capacidad de paciencia y hazme más agradecido con todos. ¡Se ha roto mi
rebeldía, se ha quebrado mi soledad, se ha disipado mi tristeza!
¡Gracias,
Señor Jesús, amigo mío, Salvador mío! Desde esta confianza inmensa que tú mismo
pusiste en mí, quiero clamarte como los enfermos del Evangelio:
“¡Señor,
si Tú quieres, puedes curarme!”
“¡Tengo
fe, pero aumenta mi fe!”
Mi
acción de gracias, por lo que te pido será una Vida Nueva. Una vida en que Tú y
tu Evangelio ocupan el lugar que les corresponde: el primero. Una vida de más
amor y servicio; de más positiva presencia y acción en mi familia; de más
apertura a las obras buenas y de búsqueda incesante de la verdad y el bien. Te
lo pido unido a la Virgen, Madre tuya y Madre mía. “¡Señor, si tú quieres,
puedes curarme!”. Amén.
ORACIÓN DE LA FAMILIA
POR EL ENFERMO
Señor,
la preocupación nos ha invadido, también la aflicción y a veces la
desesperanza, porque uno de nosotros está enfermo; se trata de ___________. Nosotros
somos una familia de cristianos, por eso necesitamos apoyarnos en ti.
Te
necesitamos para que seas consuelo en nuestro dolor, paciencia de nuestra
impaciencia, fuerza de nuestra fe, vida de nuestra esperanza, luz en nuestra
aflicción y fuego en nuestro amor.
Ahora
que el tiempo nos urge y la incertidumbre nos cierra en la soledad, necesitamos
más que nunca, ser familia, compartir, amar, servir, creer, vivir y esperar en
Cristo, porque esa tiene que ser la diaria ofrenda a nuestro enfermo (a).
Ayúdanos
a pensar más en él (ella) que, en nosotros, acompañarlo (a), a fortalecerlo (a)
y atenderlo (a); a distraerlo (a) de corazón siempre.
Lo
(a) ponemos con toda nuestra confianza en tus manos: Te pedimos por él (ella)
Te
rogamos insistentemente por su salud, por su bien.
Que
nosotros tengamos la valentía de ayudarle a vivir estos momentos con fe.
Que
él (ella) pueda sentir nuestra presencia a su lado como la viva presencia de
Cristo, el Salvador.
Te
lo pedimos todo eso, por la intercesión de la Virgen, Madre de la Misericordia
y Madre de todos nosotros. Amén.
ORACIÓN POR UN ENFERMO
Señor
Jesús, ______________ a quien amas está enfermo (a). Tú lo puedes todo, te pido
humildemente que le devuelvas la salud que necesita. Pero, si son otros tus
designios, te pido le concedas la gracia de sobrellevar cristianamente su
enfermedad.
En
los caminos de Palestina tratabas a los enfermos con tal delicadeza que todos
venían a Ti; dame esa misma dulzura, este tacto que es tan difícil de tener
cuando se está sano.
Que
yo sepa dominar mi nerviosismo para no agobiarle, que sepa sacrificar una parte
de mis ocupaciones para acompañarle, si es su deseo. Yo estoy lleno de vida,
Señor, y te doy gracias por ello. Pero haz que el sufrimiento de los demás me
santifique, formándome en la abnegación y en la caridad. Amén.
ORACIÓN POR UN FAMILIAR ENFERMO
Señor,
ya ves nuestra situación: Estamos tristes porque ___________ está enfermo (de
gravedad). Te pedimos por él (ella), por todos lo que sufren a su alrededor.
Pero queremos vencer nuestro egoísmo y orar por todos los enfermos del mundo.
Por
los enfermos de todos los hospitales, aunque bien atendidos, pero que padecen
solos, separados de sus familias. Por todos los operados cuyo dolor es
intolerable al despertar. Por los niños enfermos condenados a arrastrar toda la
vida un cuerpo lacerado.
Por
todos los ancianos tenidos por incurables y tratados como tales.
Quisiéramos
ser portavoz cerca de Ti. Ofrecerte su sufrimiento e implorar tu misericordia
por sus impaciencias, rebeldías, dudas y cobardías ante la vida.
Ayúdanos
a hacernos cargo de la existencia, a ser útiles en la medida en que todavía
podemos valernos, a aprovechar nuestras posibilidades humanas en favor de los
demás, enséñanos a todos a cumplir tu santa voluntad, que es el amor y la
misericordia misma. Amén.
ORACIÓN POR UN NIÑO ENFERMO
Señor,
Tú invitaste a los niños a venir hacia Ti para poner tus manos sobre ellos y
para bendecirlos.
Te
suplicamos que extiendas ahora tu mano sobre este(a) niño(a) _____________ para
aliviar su dolor, para liberarlo(a) de todas sus dolencias. Que tu misericordia
le devuelva la salud del cuerpo y del alma, a fin de que, con corazón
agradecido, pueda amar y servir siempre a su prójimo.
Te
lo pedimos a Ti, que nos amas y vives por los siglos de los siglos. Amén.
POR UN NIÑO ENFERMO
Padre
Celestial, cuida con nosotros a tu hijo N. y concédele que recupere esa
perfecta salud que solo tú puedes dar; por Jesucristo nuestro Señor. Amén. o
bien Señor Jesucristo, Buen Pastor de las ovejas, tú recoges los corderos en
tus brazos y los llevas en tu regazo: Encomendamos a tu amoroso cuidado este
niño N.
Alivia
su dolor, protégelo de todo peligro, devuélvele tus dones de alegría y
fortaleza, y levántalo para una vida de servicio a ti. Escúchanos, te rogamos,
por el amor de tu Nombre. Amén.
ORACIÓN POR LOS QUE SUFREN
Oh
Dios, refugio providencial de los que sufren, escucha la oración que te
elevamos, por aquellos que sufren. Tranquiliza y conforta a los enfermos, a los
ancianos y a los moribundos. Da a quienes los ayudan ciencia y paciencia,
comprensión y compasión. Inspira a todos ellos los medios que les proporcionen
descanso, como palabras que los animen y el amor que les conforte.
Te
recomendamos los que se encuentran desalentados, en rebelión, heridos de las
tentaciones, atormentados de las pasiones, destrozados espiritualmente por la
maldad de los hombres.
Señor,
pon dentro de nosotros, tu Espíritu de Amor, de comprensión y de sacrificio,
para que demos una cristiana ayuda a aquellos que encontremos en nuestro camino
de sufrimiento. Amén.
Dios
nuestro, que quisiste que ti Hijo Unigénito soportara nuestros sufrimientos,
para enseñarnos el valor de la enfermedad y la paciencia, escucha nuestras
súplicas por nuestros hermanos enfermos y concede a cuantos están afligidos por
el dolor, las penas y la enfermedad, la gracia de sentirse elegidos entre
aquellos que el Señor ha llamado bienaventurados, y de saberse unidos para
salvación del mundo, a la pasión de Cristo, que vive y reina contigo en la
unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
ORACIÓN DE SAN AGUSTÍN
Señor
mío Jesucristo, que por la redención del mundo quisiste nacer, ser circuncidado
despreciado de los judíos, vendido por el traidor Judas con beso de falsa paz,
atado y llevado para ser crucificado como inocente cordero, presentado ante los
tribunales de Anás y Caifás, Herodes y Pilatos, acusado con falsos testimonios,
lastimado con afrentas y azotes, y escupido y coronado con espinas; que
quisiste ser herido con caña, cubierto el rostro, desnudo y clavado en la Cruz,
levantado en ella y puesto entre ladrones; que quisiste que te diesen a beber
hiel y vinagre, y ser herido con una lanza: por estas tus santísimas penas, que
yo, aunque indigno, he traído a mi memoria, y por tu Santísima Cruz y muerte,
líbrame de las penas del infierno y llévame adonde llevaste al buen ladrón
crucificado contigo, que con Dios Padre, en unidad del Espíritu Santo, vives y
reinas por los siglos de los siglos. Amén.
ORACIÓN A SAN JOSÉ POR
LOS ENFERMOS, LOS POBRES Y LOS MORIBUNDOS
Éstos
son la Porción de tu Amor Excelso Patriarca, y en el cual, muchos a menudo, la
eficacia de tu protección.
Los
que sufren estrechez y necesidad, los que padecen en el lecho de los dolores,
corporales sufrimientos; los que, en el trance duro de la muerte, imploran tu
consuelo.
Te
pedimos por ellos, mansísimo Padre de pobres, enfermos y moribundos. Te pedimos
por ellos, y por nosotros cuando nos encontremos en su aflictiva situación.
Derrama
sobre los corazones lacerados el bálsamo de la Santa Confianza en Dios,
ahuyenta de ellos el negro demonio de la desesperación.
Sonríe
a los tristes con la dulzura de la esperanza. Haz llegar a los necesitados el
Pan de la caridad, anticipa a los ojos vidriados de los agonizantes un rayo de
luz del paraíso que les está prometido. Amén.
ORACIONES ADICIONALES PARA PERSONA ENFERMA
Oh
Padre de misericordias y Dios de todo consuelo, nuestra única ayuda en tiempos
de necesidad: Te suplicamos humildemente que contemples, visites y alivies a tu
siervo enfermo N., por quien se desean nuestras oraciones.
Míralo
con los ojos de tu misericordia; consuélalo con un sentido de tu bondad;
protégelo de las tentaciones del enemigo; y dale paciencia en su aflicción.
En
su momento oportuno, devuélvele la salud y permítele que lleve el resto de su
vida en tu temor y para tu gloria; y concédele que finalmente viva contigo en
la vida eterna; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
PARA RECUPERARSE DE UNA ENFERMEDAD
Oh
Dios, fortaleza de los débiles y consuelo de los que sufren: Acepta con
misericordia nuestras oraciones y concede a tu siervo N. la ayuda de tu poder,
para que su enfermedad se convierta en salud y nuestro dolor en gozo; por
Jesucristo nuestro Señor. Amen.
PARA RECUPERARSE DE UNA ENFERMEDAD
Oh
Dios de los poderes celestiales, con el poder de tu mandato ahuyentas de
nuestros cuerpos toda enfermedad y dolencia: Preséntate en tu bondad con tu
siervo N., para que su debilidad sea desterrada y recupere su fuerza; y que,
renovada su salud, bendiga tu santo Nombre; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
ANTES DE UNA OPERACIÓN
Dios
Todopoderoso, nuestro Padre celestial, consuela bondadosamente a tu siervo N.
en su sufrimiento y bendice los medios utilizados para su curación. Aunque a
veces tenga miedo, llena su corazón de confianza para que todavía pueda confiar
en ti; Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
PARA FORTALEZA Y CONFIANZA
Padre
celestial, dador de vida y salud: consuela y alivia a tu siervo enfermo N. y da
tu poder de curación a aquellos233 que atienden sus necesidades, para que se
fortalezca en su debilidad y tenga confianza en tu amoroso cuidado; por
Jesucristo nuestro Señor. Amén.
PARA LA SANTIFICACIÓN DE UNA ENFERMEDAD
Santifica,
oh Señor, la enfermedad de tu siervo N., para que el sentido de su debilidad
agregue fuerza a su fe y seriedad a su arrepentimiento; y concédele que viva
contigo en la vida eterna; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
PARA LA SALUD DE CUERPO Y ALMA
Que
Dios Padre te bendiga, Dios Hijo te sane, Dios Espíritu Santo te dé fortaleza.
Que Dios, la santa e indivisa Trinidad, guarde tu cuerpo, salve tu alma y te
lleve a salvo a su patria celestial; donde Él vive y reina por los siglos de
los siglos. Amén.
ACCIÓN DE GRACIAS POR EL COMIENZO DE UNA RECUPERACIÓN
Oh
Señor, tu compasión nunca falla, y tus misericordias son nuevas cada mañana: te
damos gracias por dar a nuestro hermano N. tanto alivio del dolor como
esperanza de salud renovada. Continúa en él, te rogamos, la buena obra que has
comenzado; para que él, cada día aumentando en fuerza corporal y regocijándose
en tu bondad, pueda ordenar su vida de tal manera que siempre pueda pensar y
hacer las cosas que te agradan; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
PARA UNA PERSONA ENFERMA CUANDO
HAY POCA ESPERANZA DE RECUPERACIÓN
Oh
Padre de misericordias y Dios de todo consuelo, nuestra única ayuda en tiempos
de necesidad; Recurrimos a ti en busca de ayuda en nombre de este siervo tuyo,
aquí recostado en gran debilidad del cuerpo.
Mira
con gracia sobre él, oh Señor; que mientras se desvanece por fuera, Tú lo
fortaleces interiormente con tu gracia y con el Espíritu Santo. Dale verdadero
arrepentimiento por todos los errores de su vida y una fe inquebrantable en tu
Hijo Jesús; para que sus pecados sean borrados por tu misericordia, y su perdón
sellado en el cielo; por tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Amén.
ORACIONES PARA USARSE POR UNA PERSONA ENFERMA PARA CONFIAR
EN
DIOS
Oh
Dios, fuente de toda salud: llena así mi corazón de fe en tu amor, para que con
serena esperanza pueda hacer espacio a tu poder para poseerme y aceptar
graciosamente tu curación; Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
EN EL DOLOR
Señor
Jesucristo, que con tu paciencia en el sufrimiento santificaste el dolor
terrenal y nos diste el ejemplo de obediencia a la voluntad de tu Padre:
Acércate a mí en mi tiempo de debilidad y dolor; sostenme con tu gracia, para
que no me falten la fuerza y el valor; sáname según tu voluntad; y ayúdame
siempre a creer que lo que me pasa aquí es de poca importancia si me sostienes
para la vida eterna, mi Señor y mi Dios. Amén.
UNA ORACIÓN CUANDO SE TOMA LA MEDICINA
Dios
Todopoderoso, en tu bondad creaste la tierra y todos sus elementos, y nos has
dado habilidad para hacer medicinas que curan y alivian nuestro dolor. Toda
curación viene de ti, y en ti confío. Haz que este medicamento, en tu
misericordia, consuele y traiga curación a mi cuerpo; Por Jesucristo nuestro
Señor. Amén.
PARA DORMIR
Oh
Padre celestial, Tú das a tus hijos el sueño para el refrigerio del alma y del
cuerpo: concédeme este regalo, te lo ruego; guárdame en esa paz perfecta que
has prometido a aquellos cuya mente está fija en ti; y dame tal sensación de tu
presencia, que en las horas de silencio pueda disfrutar de la bendita seguridad
de tu amor; Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
POR LA MAÑANA
Este
es otro día, oh Señor. No sé lo que traerá, pero prepárame, Señor, para lo que
sea. Si tengo que ponerme de pie, ayúdame a estar de pie con valentía. Si debo
sentarme quieto, ayúdame a sentarme en silencio. Si debo mantenerme tranquilo y
escondido ayúdame a hacerlo con paciencia. Y si no voy a hacer nada, ayúdame a
hacerlo con valentía.
Haz
que estas palabras sean más que palabras y dame el Espíritu de Jesús. Amén.
ESCRITURAS
PARA USAR PARA UNA PERSONA ENFERMA
Por
perseverancia en el sufrimiento
ISAÍAS
53, 1 PEDRO 2:21-25,
1
TESALONICENSES 5:16-24,
2
CORINTIOS 12:7-10,
ROMANOS
8:18-39
Por
esperanza de curación:
2
REYES 5:1-14,
SANTIAGO
5:13-20,
LUCAS
5:12-26,
LUCAS
13:10-17,
HECHOS
3:1-10
Por
la esperanza de la eternidad:
LUCAS
2:25-35,
JUAN
14,
1
CORINTIOS 15:42-58,
2
CORINTIOS 4:7-18,
1
TESALONICENSES 4:13-18
Vea
también las Selecciones de Salmos.
EN LA HORA DE LA AGONÍA
Si está en tus manos,
procura que la persona que está enferma reciba todos los santos sacramentos
necesarios y ayúdale a confiar en la Misericordia infinita del Señor, como lo
dice el Papa Francisco (QEPD):
«Curar
la enfermedad, pero, sobre todo, cuidar al enfermo. Son dos cosas diferentes, y
las dos importantes. Puede suceder que, mientras se medican las heridas del
cuerpo, se agraven las heridas del alma, que son más lentas y, con frecuencia,
más difíciles de sanar.
Tanta
gente tiene necesidad, tantos enfermos que se pelean por palabras de dulzura,
que dan fuerza para llevar adelante la enfermedad o ir al encuentro con el
Señor: tienen necesidad de ser ayudados en confiar en el Señor».
HACER LA CORORNILLA DE
LA DIVINA MISERICORDIA JUNTO A LA PERSONA GRAVE O AGONIZANTE.
Oración por los que van
a morir
Señor
crucificado de la santa agonía, que rezaste en el huerto entre grises olivas,
con lágrimas de sangre y angustia sin medida, te ruego por aquellos que mueran
este día para que no se pierdan, para que los bendigas, en especial por
__________.
Si
el pecado los ata, si el rencor los domina, rompe sus ataduras, sus prisiones,
derriba, de modo que un instante de contrición sentida les baste para el cielo
como bastó a San Dimas y al fin su muerte sea cristiana y bendecida.
A
cuantos estén solos, sin una cara amiga, envíales tus ángeles, tus santos los
asistan, los tome de la mano nuestra Madre María, y mueran, con tu gracia, en
buena compañía.
A
los que en ti no crean, dales la Luz Divina, que hace ver a los ciegos, al
perdido guía, y con verdad eterna, derrota a las mentiras.
Si
acaso fuera yo quien hoy pierda mi vida, tenme misericordia, Jesús de la
agonía, perdona mis pecados, olvida mis tibiezas y haz que pueda morir besando
tus heridas y diciendo tu nombre en santa letanía. Amén.
PARA PEDIR LA GRACIA DE
MI BIEN MORIR
¡Oh
Dios mío!, ante el trono de tu adorable Majestad me postro pidiéndote la última
de todas las gracias: una feliz hora de muerte.
Muchas
veces, en verdad, hice mal uso de la vida que me diste; pero a pesar de ello te
ruego, me concedas la gracia de terminarla bien y de morir en tu gracia.
Déjame
morir como los santos Patriarcas, abandonando este valle de lágrimas sin queja,
para disfrutar del descanso eterno en mi verdadera patria.
Déjame
morir como San José, en los brazos de Jesús y María, e invocando estos
dulcísimos nombres que espero bendecir por toda la eternidad.
Déjame
morir como la Virgen María, encendido de amor e inflamado por el santo deseo de
unirme con el único objeto de todo mi amor.
Déjame
morir como Jesús en la cruz, con los sentimientos más vivos del aborrecimiento
del pecado, del amor más filial y de la plena resignación en medio de todos mis
dolores.
Padre
eterno, en tus manos encomiendo mi espíritu; muestra en mí tu misericordia.
Oh
Jesús, que has muerto por mi amor, dame la gracia de morir en tu amor.
Oh
María, Madre de mi Jesús, ruega por mí ahora y en la hora de mi muerte.
Santo
ángel de mi guarda, fiel custodio de mi alma, no me abandones en la hora de mi
muerte.
San
José, por tu poderosa intercesión alcánzame la gracia de morir la muerte de los
justos. Amen.
Señor
Dios mío, ya desde ahora acepto de buena voluntad, como venida de tu mano,
cualquier género de muerte que te plazca enviarnos, con todas sus angustias,
penas y dolores. Amén.
OFRECIMIENTO A LA SANTÍSIMA TRINIDAD PARA ALCANZAR UNA BUENA
MUERTE
1.
Ofrezcamos a la Santísima Trinidad los méritos de Jesucristo en acción de
gracias por la preciosa sangre que Jesús derramó él por nosotros en el huerto,
Por los méritos del mismo roguemos a su Divina Majestad por la remisión de
nuestros pecados y los pecados de ________________. Padrenuestro, Avemaría y
Gloria...
2.
Ofrezcamos a la Santísima Trinidad los méritos de Jesucristo en acción de
gracias por la preciosísima muerte que padeció por nosotros en la Cruz. Por los
méritos del mismo roguemos a su Divina Majestad por la remisión de las penas
debidas por nuestros pecados y por los pecados de ______________. Padrenuestro,
Avemaría y Gloria...
3.
Ofrezcamos a la Santísima Trinidad los méritos de Jesucristo en acción de
gracias por la inefable caridad con que bajó del cielo a la tierra a tomar
carne humana y padecer y morir por nosotros en la Cruz; y por los méritos del
mismo pidamos a su Divina Majestad que después de nuestra muerte conduzca
nuestras almas y el alma de ________________, a la gloria celestial.
Padrenuestro, Avemaría y Gloria...
“Acoge
a _______________ en tu hogar eterno, perdona todos sus pecados para que pueda
contemplarte cara a cara y disfrutar por siempre de tu amor…”
Querido
Padre Dios: Con confianza, pongo en tus manos a _____________ que pronto dejará
este mundo. Acógelo/a en tu hogar eterno, perdona todos sus pecados para que
pueda contemplarte cara a cara y disfrutar por siempre de tu amor.
Señor
Jesucristo, que para salvar a _____________ moriste por él/ella, prepáralo(a) para
su Pascua, permítele disfrutar de la verdadera libertad, sin límites de tiempo
ni lugar. Que tus gracias den fruto abundante en __________________.
Virgen
María, todos los ángeles y santos, salid a su encuentro cuando deje
______________ esta vida y consolad a los que esperamos unirnos algún día a
vosotros. Amén.
«Te
recomiendo a Dios Todopoderoso, mi querido hermano (o hermana)
________________, y te pongo en las manos de aquel de quien eres criatura, para
que después de haber sufrido la sentencia de muerte, dictada contra todos los
hombres, vuelvas a tu Creador que te formó de la tierra.
Ahora
que tu alma va a salir de este mundo, salgan a recibirte los gloriosos coros de
los Ángeles y los Apóstoles, que deben juzgarte; venga a tu encuentro el
ejército triunfador de los generosos Mártires; te rodee la multitud brillante
de Confesores; te acoja con alegría el coro radiante de las Vírgenes, y sé para
siempre admitido con los santos Patriarcas en la mansión de la venturosa paz.
Te
anime con grande esperanza San José, dulcísimo Patrón de los moribundos. Vuelva
hacia ti benigna, sus ojos, la santa Madre de Dios.
Preséntese
a Tí Jesucristo, con rostro lleno de dulzura, y te coloque en el seno de los
que rodean el trono de su divinidad.
No
experimentes el horror de las tinieblas, ni los tormentos del suplicio eterno.
Huya
de ti Satanás con todos sus satélites. Te libre de los tormentos Jesucristo,
que fue crucificado por ti; Te coloque Jesucristo, Hijo de Dios vivo, en el
jardín siempre ameno de su paraíso, y verdadero Pastor como es, te reconozca
por una de sus ovejas.
Te
perdone misericordioso todos tus pecados; te ponga a su derecha entre sus
elegidos, para que veas a tu Redentor cara a cara, y morando siempre feliz a su
lado, logres contemplar la soberana Majestad y gozar de la dulce vista de Dios,
admitido en el número de los Bienaventurados, por todos los siglos de los
siglos. Así sea.
Oración por los agonizantes al Sagrado Corazón de Jesús
¡Oh
misericordioso Jesús, abrasado en ardiente amor de las almas! Te suplico por
las agonías de tu sacratísimo Corazón y por los dolores de tu inmaculada Madre,
que laves con tu sangre a todos los pecadores de la tierra que estén ahora en
la agonía y tienen que morir hoy. En
especial te pido por _____________. Amén.
Corazón
agonizante de Jesús, ten misericordia de los moribundos. En especial te pido
por ______________
Señor
mío Jesucristo, Dios de bondad, Padre de misericordia: me presento ante ti con
el corazón humillado y contrito y te encomiendo mi última hora y lo que después
de ella me espera.
Letanías del Sagrado
Corazón de Jesús
Señor,
ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo,
ten piedad. Cristo, ten piedad.
Señor,
ten piedad. Señor, ten piedad.
Cristo,
óyenos. Cristo, óyenos.
Cristo,
escúchanos. Cristo, escúchanos.
Dios
Padre celestial, ten misericordia de
nosotros.
Dios
Hijo, redentor del mundo, ten
misericordia de nosotros.
Dios
Espíritu Santo, ten misericordia de
nosotros.
Trinidad
Santa, un solo Dios, ten misericordia de
nosotros.
Corazón
de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre, (R: ten piedad de _____________).
Corazón
de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios, (R).
Corazón
de Jesús, de majestad infinita, (R ).
Corazón
de Jesús, santuario de la divinidad, (R ).
Corazón
de Jesús, templo de la Santísima Trinidad, (R ).
Corazón
de Jesús, abismo de sabiduría, (R ).
Corazón
de Jesús, casa de Dios, puerta del Cielo, (R ).
Corazón
de Jesús, silla de la grandeza y de la majestad de Dios, (R ).
Corazón
de Jesús, deseo de los eternos collados, (R ).
Corazón
de Jesús, que reposas entre los lirios, (R ).
Corazón
de Jesús, océano de bondad, (R ).
Corazón
de Jesús, horno ardiente de caridad, (R ).
Corazón
de Jesús, trono de misericordia, (R ).
Corazón
de Jesús, tesoro que no se agota jamás, (R ).
Corazón
de Jesús, magnífico con los que te invocan, (R).
Corazón
de Jesús, de cuya plenitud hemos sido enriquecidos, (R ).
Corazón
de Jesús, modelo de todas las virtudes, (R ).
Corazón
de Jesús, infinitamente amable e infinitamente bueno, (R ).
Corazón
de Jesús, fuente de vida y santidad, (R ).
Corazón
de Jesús, objeto de las complacencias del Padre celestial, (R ).
Corazón
de Jesús, hostia viviente, Santa y agradable a Dios, (R).
Corazón
de Jesús, propiciación por nuestros pecados, (R).
Corazón
de Jesús, lleno de amargura por nuestra causa, (R ).
Corazón
de Jesús, triste hasta la muerte en el jardín de los Olivos, (R .
Corazón
de Jesús, saciado de oprobios, (R ).
Corazón
de Jesús, herido de amor, (R ).
Corazón
de Jesús, obediente hasta morir en la cruz, (R).
Corazón
de Jesús, desangrado en la cruz, (R ).
Corazón
de Jesús, traspasado por la lanza, (R ).
Corazón
de Jesús, transido de dolor por nuestros pecados, (R).
Corazón
de Jesús, nuestra vida y nuestra resurrección, (R)
Corazón
de Jesús, nuestra paz y nuestra reconciliación, (R ).
Corazón
de Jesús, ultrajado en el Santísimo Sacramento de tu amor, (R).
Corazón
de Jesús, refugio de los pecadores, (R ).
Corazón
de Jesús, fuerza de los débiles, (R ).
Corazón
de Jesús, consuelo de los afligidos, (R ).
Corazón
de Jesús, perseverancia de los justos, (R ).
Corazón
de Jesús, salud y salvación de los que en Ti esperan, (R ).
Corazón
de Jesús, esperanza de los que en Ti mueren (R).
Corazón
de Jesús, dulce apoyo de tus adoradores, (R ).
Corazón
de Jesús, delicia de todos los Santos, (R )
Corazón
de Jesús, vocación de los religiosos y religiosas, (R )..
Corazón
de Jesús, nuestra ayuda en las tribulaciones, (R ).,
Corazón
de Jesús, protector de las familias que te invocan, (R).
Cordero
de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos,
Señor.
Cordero
de Dios, que quitas los pecados del mundo, escúchanos,
Señor.
Cordero
de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten
misericordia de nosotros y de _________________.
Cristo,
óyenos.
Cristo,
escúchanos.
V.
Jesús, manso y humilde de corazón,
R. haz nuestro corazón,
semejante al tuyo.
Fuente: Grupo de Oración
Santo Cura de Ars.
Reza con fe y confianza en la
misericordia de Dios en el momento en que te enteras que alguien falleció
y si está dentro de tus posibilidades acompaña a la familia afectada en la Hora
de la Muerte.
Padre
santo, Dios eterno y Todopoderoso, te pedimos por tu hijo (a) y siervo (a) __________________,
que llamaste de este mundo.
Dale
la felicidad, la luz y la paz. Que él (ella), habiendo pasado por la muerte,
participe con los santos de la luz eterna, como le prometiste a Abraham y a su
descendencia.
Que
su alma no sufra más, y te dignes resucitarlo (a) con los santos el día de la
resurrección y la recompensa.
Perdónale
sus pecados para que alcance junto a Ti la vida inmortal en el reino eterno.
Por
Jesucristo, Tu Hijo, en la unidad del Espíritu Santo. Dios, por los siglos de
los siglos. Amén. (Rezar un Padrenuestro
y un Ave María)
Dale, Señor, el
descanso eterno y brille para él (ella) tu luz perpetua. Así sea.
ORACIÓN DE SAN AGUSTÍN
Señor
mío Jesucristo, que por la redención del mundo quisiste nacer, ser circuncidado,
despreciado de los judíos, vendido por el traidor Judas con beso de falsa paz,
atado y llevado para ser crucificado como inocente cordero, presentado ante los
tribunales de Anás y Caifás, Herodes y Pilatos, acusado con falsos testimonios,
lastimado con afrentas y azotes, y escupido y coronado con espinas; que
quisiste ser herido con caña, cubierto el rostro, desnudo y clavado en la Cruz,
levantado en ella y puesto entre ladrones; que quisiste que te diesen a beber
hiel y vinagre, y ser herido con una lanza, por estas tus santísimas penas, que
yo, aunque indigno, he traído a mi memoria, y por tu Santísima Cruz y muerte,
libra de las penas del infierno y lleva a donde llevaste al buen ladrón
crucificado contigo a tu hijo (a) _____________, que con Dios Padre, en unidad
del Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
PARA LA HORA DE LA
MUERTE
¡Oh misericordiosísimo Jesús, abrasado en ardiente
amor de las almas! Te suplicamos por las agonías de tu Sacratísimo Corazón y
por los dolores de tu Inmaculada Madre, que laves con tu Sangre a todos los
pecadores de la tierra que están en agonía y tienen qué morir hoy En especial
por tu hijo (a) _______________. Amén. ¡Corazón
agonizante de Jesús, ten misericordia de ellos y de nuestro hermano (a) ______________!
.
ORACIONES
POR LOS DIFUNTOS
Oficio de lectura
CONMEMORACIÓN
DE TODOS LOS FIELES
DIFUNTOS.
2
de noviembre
Se
utiliza también en la Sala de velaciones durante la noche
INVITATORIO
V.
Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará
tu alabanza.
Salmo
23
Ant. Al Señor, rey de
los que viven, venid, adorémosle.
Del
Señor es la tierra y cuanto la llena,
el
orbe y todos sus habitantes:
él
la fundó sobre los mares,
él
la afianzó sobre los ríos.
¿Quién
puede subir al monte del Señor?
¿Quién
puede estar en el recinto sacro?
El
hombre de manos inocentes y puro corazón,
que
no confía en los ídolos ni jura contra el prójimo en falso.
Ése
recibirá la bendición del Señor,
le
hará justicia el Dios de salvación.
Éste
es el grupo que busca al Señor,
que
viene a tu presencia, Dios de Jacob.
¡Portones!,
alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas:
va
a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién
es ese Rey de la gloria?
El
Señor, héroe valeroso; el Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!,
alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas:
va
a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién
es ese Rey de la gloria?
El
Señor, Dios de los ejércitos. Él es el Rey de la gloria.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre,
por
los siglos de los siglos. Amén.
Ant Al Señor, rey de
los que viven, venid, adorémosle.
HIMNO
Tú,
Señor, que asumiste la existencia,
la
lucha y el dolor que el hombre vive,
no
dejes sin la luz de tu presencia
la
noche de la muerte que lo aflige.
Te
rebajaste. Cristo, hasta la muerte,
y
una muerte de cruz, por amor nuestro;
así
te exaltó el Padre, al acogerte, sobre todo poder de tierra y cielo.
Para
ascender después gloriosamente,
bajaste
sepultado a los abismos;
fue
el amor del Señor omnipotente
más
fuerte que la muerte y su destino.
Primicia
de los muertos,
tu
victoria es la fe y la esperanza del creyente,
el
secreto final de nuestra historia,
abierta
a nueva vida para siempre.
Cuando
la noche llegue y sea el día
de
pasar de este mundo a nuestro Padre,
concédenos
la paz y la alegría
de
un encuentro feliz que nunca acabe.
Amargo
es el recuerdo de la muerte
en
que el hombre mortal se aflige
y
gime en la vida presente,
cuya
suerte es morir cada día que se vive.
Es
verdad que la luz del pleno día
oculta
el resplandor de las estrellas,
y
la noche en silencio es armonía de la paz
y
descanso en las tareas.
Pero
el hombre, Señor, la vida quiere;
toda
muerte es en él noche y tiniebla,
toda
vida es amor que le sugiere
la
esperanza feliz de vida eterna.
No
se oiga ya más el triste llanto;
cuando
llega la muerte, poco muere;
la
vida, hija de Dios, abre su encanto:
«La
niña no está muerta, sólo duerme.»
Señor,
da el descanso merecido a tus siervos
dormidos
en la muerte;
si
el ser hijos de Dios fue don vivido,
sea
luz que ilumine eternamente. Amén
SALMODIA
-Salmo
39, 2-14. 17-18- --I—
Ant.1
Redentor mío, resucítame en el último día.
De
tierra me formaste
y
me revestiste de carne;
Señor,
Redentor mío,
resucítame
en el último día.
Yo
esperaba con ansia al Señor;
él
se inclinó y escuchó mi grito;
Me
levantó de la fosa fatal, de la charca fangosa;
Afianzó
mis pies sobre roca, y aseguró mis pasos;
Me
puso en la boca un cántico nuevo,
un
himno a nuestro Dios.
Muchos,
al verlo, quedaron sobrecogidos
y
confiaron en el Señor.
Dichoso
el hombre
que
ha puesto su confianza en el Señor,
y
no acude a los idólatras,
que
se extravían con engaños.
¡Cuántas
maravillas has hecho, Señor, Dios mío,
¡cuántos
planes en favor nuestro!
Nadie
se te puede comparar: intento proclamarlas, decirlas,
pero
superan todo número.
Tú
no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído;
no
pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo:
Aquí
estoy —como está escrito en mi libro— para hacer tu voluntad.»
Dios
mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre,
por
los siglos de los siglos. Amén.
Ant.1 Redentor mío,
resucítame en el último día.
Ant. 2 Señor, dígnate
librarme, date prisa en socorrerme. --II—
He
proclamado tu salvación
ante
la gran asamblea;
no
he cerrado los labios:
Señor,
tú lo sabes.
No
me he guardado en el pecho tu defensa,
he
proclamado tu fidelidad y tu salvación,
no
he negado tu misericordia
y
tu lealtad ante la gran asamblea.
Tú,
Señor, no me niegues tu clemencia,
que
tu misericordia y tu lealtad me guarden siempre,
porque
me cercan desgracias sin cuento.
Se
me echan encima mis culpas, y no puedo huir;
son
más que los cabellos de mi cabeza, y me falta el valor.
Señor,
dígnate librarme; Señor, date prisa en socorrerme.
Alégrense
y gocen contigo todos los que te buscan;
digan
siempre: «Grande es el Señor»,
los
que desean tu salvación.
Yo
soy pobre y desdichado,
pero
el Señor cuida de mí;
tú
eres mi auxilio y mi liberación:
Dios
mío, no tardes.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre,
por
los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 2 Señor, dígnate librarme,
date prisa en socorrerme.
--Salmo
41—
Ant. 3. Mi alma tiene
sed del Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro del Señor?
Como
busca la cierva, corrientes de agua,
así
mi alma te busca a ti, Dios mío;
tiene
sed de Dios, del Dios vivo:
¿cuándo
entraré a ver el rostro de Dios?
Las
lágrimas son mi pan noche y día,
mientras
todo el día me repiten:
«¿Dónde
está tu Dios?»
Recuerdo
otros tiempos, y mi alma desfallece de tristeza:
cómo
marchaba a la cabeza del grupo,
hacia
la casa de Dios, entre cantos de júbilo y alabanza,
en
el bullicio de la fiesta.
¿Por
qué te acongojas, alma mía,
por
qué te me turbas?
Espera
en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud
de mi rostro, Dios mío.»
Cuando
mi alma se acongoja,
te
recuerdo, desde el Jordán
y
el Hermón y el Monte Menor.
Una
sima grita a otra sima con voz de cascadas:
tus
torrentes y tus olas me han arrollado.
De
día el Señor me hará misericordia,
de
noche cantaré la alabanza del Dios de mi vida.
Diré
a Dios: Roca mía, ¿por qué me olvidas?
¿Por
qué voy andando sombrío, hostigado por mi enemigo?
Se
me rompen los huesos por las burlas del adversario;
todo
el día me preguntan: «¿Dónde está tu Dios?»
¿Por
qué te acongojas, alma mía, por qué te me turbas?
Espera
en Dios, que volverás a alabarlo:
«Salud
de mi rostro, Dios mío.»
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre,
por
los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
3. Mi alma tiene sed del
Dios vivo:
¿cuándo entraré a ver
el rostro del Señor?
VERSÍCULO
V.
Grande es tu ternura, Señor.
R. Con tu palabra dame
vida.
PRIMERA LECTURA
De
la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1Cor 15, 12-34)
Hermanos:
Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que decía
alguno que los muertos no resucitan? Si no hay resurrección de muertos, tampoco
Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana
también vuestra fe. Y somos convictos de falsos testigos de Dios porque hemos
atestiguado contra Dios que resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si es que
los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha
resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís
con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo se han perdido. Si nuestra
esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desdichados.
¡Pero
no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Lo mismo que por
un hombre hubo muerte, por otro hombre hay resurrección de los muertos. Y lo
mismo que en Adán todos mueren, en Cristo todos serán llamados de nuevo a la
vida.
Pero
cada uno en su puesto: primero, Cristo; después, en su Parusía, los de Cristo.
Después será la consumación: cuando devuelva el reino a Dios Padre, después de
aniquilar todo principado, poder y fuerza.
Pues
él debe reinar hasta poner todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo
aniquilado será la muerte. Porque ha sometido todas las cosas bajo sus pies.
Mas cuando él dice que «todo está sometido», es evidente que se excluye a aquel
que ha sometido a él todas las cosas.
Cuando
hayan sido sometidas a él todas las cosas, entonces también el Hijo se someterá
a aquel que ha sometido a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todo.
De
no ser así, ¿a qué viene el bautizarse por los muertos? Si los muertos no
resucitan en manera alguna, ¿por qué bautizarse por ellos? Y nosotros mismos,
¿por qué nos ponemos en peligro a todas horas?
Os
juro, hermanos, por el orgullo que siento por vosotros en Cristo Jesús, Señor
nuestro, que cada día estoy en peligro de muerte. Si por motivos humanos luché
en Éfeso contra las bestias, ¿qué provecho saqué? Si los muertos no resucitan,
comamos y bebamos, que mañana moriremos.
No
os engañéis: «Las malas compañías corrompen las buenas costumbres.» Despertaos,
como conviene, y no pequéis; que hay entre vosotros quienes desconocen a Dios.
Para vergüenza vuestra lo digo. Palabra de Dios.
Responsorio
Guía. Cristo
debe reinar hasta que Dios ponga todos sus enemigos bajo sus pies. El último
enemigo aniquilado será la muerte.
Todos: Entonces la
muerte y el hades devolverán los muertos, y la muerte y el hades serán arrojados
al lago de fuego. El último enemigo aniquilado será la muerte.
SEGUNDA LECTURA
Del
Libro de san Ambrosio, obispo, Sobre la muerte de su hermano Sátiro
Vemos
que la muerte es una ganancia y la vida un sufrimiento. Por esto dice san
Pablo: Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia. Cristo, a través de
la muerte corporal, se nos convierte en espíritu de vida.
Por
tanto, muramos con él, y viviremos con él. En cierto modo debemos irnos acostumbrando
y disponiendo a morir, por este esfuerzo cotidiano que consiste en ir separando
el alma de las concupiscencias del cuerpo, que es como irla sacando fuera del
mismo para colocarla en un lugar elevado, donde no puedan alcanzarla ni pegarse
a ella los deseos terrenales, lo cual viene a ser como una imagen de la muerte,
que nos evitará el castigo de la muerte.
Porque
la ley de la carne está en oposición a la ley del espíritu e induce a ésta a la
ley del error. ¿Qué remedio hay para esto? ¿Quién me librará de este cuerpo de
muerte? ¡Gracias a Dios, por Jesucristo, Señor nuestro, ¡me veré libre!
Tenemos
un médico, sigamos sus remedios. Nuestro remedio es la gracia de Cristo, y el
cuerpo de muerte es nuestro propio cuerpo. Por lo tanto, emigremos del cuerpo,
para no vivir lejos del Señor; aunque vivimos en el cuerpo, no sigamos las
tendencias del cuerpo ni obremos en contra del orden natural, antes busquemos con
preferencia los dones de la gracia.
¿Qué
más diremos? Con la muerte de uno solo fue redimido el mundo. Cristo hubiese
podido evitar la muerte, si así lo hubiese querido; mas no la rehuyó como algo
inútil, sino que la consideró como el mejor modo de salvarnos. Y, así, su
muerte es la vida de todos. Hemos recibido el signo sacramental de su muerte,
anunciamos y proclamamos su muerte siempre que nos reunimos para ofrecer la eucaristía;
su muerte es una victoria, su muerte es sacramento, su muerte es la máxima solemnidad
anual que celebra el mundo.
¿Qué
más podremos decir de su muerte, si el ejemplo de Cristo nos demuestra que ella
sola consiguió la inmortalidad y se redimió a sí misma? Por esto no debemos
deplorar la muerte, ya que es causa de salvación para todos; no debemos
rehuirla, puesto que el Hijo de Dios no la rehuyó ni tuvo en menos el sufrirla.
Además,
la muerte no formaba parte de nuestra naturaleza, sino que se introdujo en
ella; Dios no instituyó la muerte desde el principio, sino que nos la dio como
un remedio. En efecto, la vida del hombre, condenada, por culpa del pecado, a
un duro trabajo y a un sufrimiento intolerable, comenzó a ser digna de lástima:
era necesario dar fin a estos males, de modo que la muerte restituyera lo que
la vida había perdido. La inmortalidad, en efecto, es más una carga que un
bien, si no entra en juego la gracia.
Nuestro
espíritu aspira a abandonar las sinuosidades de esta vida y los enredos del
cuerpo terrenal y llegar a aquella asamblea celestial, a la que sólo llegan los
santos, para cantar a Dios aquella alabanza que, como nos dice la Escritura, le
cantan al son de la cítara: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios
omnipotente, justos y verdaderos tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!
¿Quién
no temerá, Señor?, ¿y glorificará tu nombre? Porque tú solo eres santo, porque
vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento; y también para contemplar,
Jesús, tu boda mística, cuando la esposa, en medio de la aclamación de todos,
será transportada de la tierra al cielo —a ti acude todo mortal—, libre ya de
las ataduras de este mundo y unida al espíritu.
Este
deseo expresaba con especial vehemencia el salmista, cuando decía: Una cosa
pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida
y gozar de la dulzura del Señor.
Responsorio
Guía. A aquellos
que mueren piadosamente una magnífica recompensa les está reservada.
Todos. Los santos
brillarán entonces como el sol en el reino de su Padre.
Guía. Una
magnífica recompensa les está reservada.
TERCERA LECTURA
AL
DESHACERSE NUESTRA MORADA TERRENAL, ADQUIRIMOS UNA MANSIÓN ETERNA EN EL CIELO
De
la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 16-5, 10
Hermanos:
Aunque nuestra condición física se vaya deshaciendo, nuestro interior se
renueva día a día. Y una tribulación pasajera Y liviana produce un inmenso e
Incalculable tesoro de gloria. No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que
no se ve. Lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno.
Aunque
se desmorone la morada terrestre en que acampamos, sabemos que Dios nos dará
una casa eterna en el cielo, no construida por hombres. y así gemimos en este
estado, deseando ardientemente ser revestidos de nuestra habitación celeste, si
es que nos encontramos vestidos, y no desnudos. ¡Sí!, los que estamos en esta
tienda gemimos oprimidos.
No
es que queramos ser desvestidos sino más bien sobrevestidos, para que lo mortal
sea absorbido por la vida. y el que nos ha destinado a eso es Dios, el cual nos
ha dado en arras el Espíritu.
Así
pues, siempre tenemos confianza, aunque sabemos que mientras vivimos estamos desterrados
lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe. Y es tal nuestra
confianza que preferimos desterrarnos del cuerpo y vivir Junto al Señor. Por lo
cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarle. Porque todos
tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir premio o
castigo por lo que hayamos hecho en esta vida. Palabra de Dios.
Responsorio Cf. Sal 50, 4
Guía. Señor, no
me juzgues según mis actos: nada digno de mérito he hecho en tu presencia;
Todos: por esto ruego a
tu majestad, que tú, Dios mío, borres mi culpa.
Guía: Lava del
todo mi delito, Señor, limpia mi pecado.
Todos: Que tú, Dios
mío, borres mi culpa.
CUARTA LECTURA
De
las Disertaciones de san Anastasio de Antioquía, obispo
CRISTO
TRANSFIGURARA ESTE MISERABLE CUERPO NUESTRO
(Disertación
5, Sobre la resurrección de Cristo. 6-7. 9: PG 89, 1358-1359. 1361-1362)
Cristo
murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos. Pero Dios
no es un Dios de muertos, sino de vivos. Por tanto, los muertos, de los cuales
es Señor aquel que volvió a la vida, ya no están muertos, sino que viven; y por
esto domina sobre ellos la vida, de modo que viven ya sin temor a la muerte,
del mismo modo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no
muere.
Así
pues, resucitados y liberados de la corrupción, ya no volverán a experimentar
la muerte, sino que tendrán parte en la resurrección de Cristo, como Cristo
tuvo parte en la muerte por la que pasaron.
Por esto precisamente bajó Cristo a la tierra,
que estaba sujeta con cerrojos eternos: para destrozar las puertas de bronce y
quebrar los cerrojos de hierro, y para sacar nuestra vida de la corrupción,
cambiando nuestra esclavitud en libertad.
Y
si este plan de Dios no lo vemos todavía realizado del todo, ya que los hombres
continúan muriendo y sus cuerpos sujetos a la disolución del sepulcro, ello no
ha de ser motivo de engaño, pues poseemos ya las arras y primicias de todos
estos bienes que hemos dicho; gracias a ellas. Hemos subido ya al cielo y nos
hemos sentado con aquel que nos ha llevado consigo a las alturas.
Como
dice Pablo en una de sus cartas: Nos resucitó con él y nos hizo sentar en los
cielos con Cristo.
La
plena realización tendrá lugar cuando llegue el momento determinado de antemano
por el Padre, cuando dejaremos ya de ser niños y llegaremos al estado de hombre
perfecto. Así ha parecido bien al Padre de los siglos, para que su don
permanezca estable, sin el peligro de ser menospreciado por una mentalidad
todavía inmadura.
No
es necesario demostrar que el cuerpo del Señor resucitó espiritualizado, ya que
Pablo, hablando de la resurrección de los cuerpos, afirma claramente: Se
siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual, es decir, un cuerpo
transfigurado a imitación de la gloriosa transfiguración de Cristo, Nuestro
guía y predecesor.
El
Apóstol, en efecto, bien enterado de esta materia, nos enseña cuál sea el
futuro de toda la humanidad. Gracias a Cristo, el cual transfigurará este
miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo.
Por
tanto, si la transfiguración es una transformación en cuerpo espiritual. si
este cuerpo espiritual es a semejanza del cuerpo glorioso de Cristo, de ahí se
sigue que Cristo resucitó con un cuerpo espiritual; y este cuerpo es el mismo
que fue sembrado en vileza, el mismo que ha sido cambiado en un cuerpo lleno de
gloria.
Y
habiendo colocado junto al Padre este cuerpo glorificado como primicias de
nuestra naturaleza, allí colocará también el universo en su totalidad, tal como
prometió cuando dijo: Cuando yo sea levantado, atraeré a todos hacia mí.
Responsorio Jn 5, 28-29; 1Co 15, 52
Guía. Los que
están en el sepulcro oirán la voz del Hijo de Dios.
Todos: Los que hayan
hecho el bien saldrán a una resurrección de vida;
Guía: los que
hayan hecho el mal a una resurrección de condena.
Todos: En un Instante.
en un abrir y cerrar de ojos, al toque de la última trompeta, los muertos
despertarán
Guía: Los que
hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida;
Todos: los que hayan
hecho el mal, a una resurrección de condena.
QUINTA LECTURA
CRISTO RESUCITADO.
ESPERANZA DE TODOS LOS CREYENTES
De
las Cartas de san Braulio de Zaragoza, obispo
[Carta
19: PL 80. 665-666)
Cristo,
esperanza de todos los creyentes, a los que se van de este mundo los llama
durmientes, no muertos, ya que dice: Nuestro amigo Lázaro duerme.
Y
el apóstol Pablo no quiere que nos entristezcamos por los que se han dormido,
pues nuestra fe nos enseña que todos los que creen en Cristo, según nos asegura
el Evangelio, no morirán para siempre, ya que sabemos, por la luz de esta misma
fe, que ni él murió, ni nosotros moriremos.
Porque
el Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de
Dios, bajará del cielo, y los que durmieron en Cristo resucitarán.
Así
pues, debe animarnos esta esperanza de la resurrección, porque volveremos a ver
más tarde a los que ahora hemos perdido; basta sólo con que creamos en Cristo
de verdad, es decir, obedeciendo sus mandatos, ya que en él reside el máximo
poder de resucitar a los muertos con más facilidad que nosotros despertamos a
los que duermen.
Mas
he aquí que, por una parte, afirmamos esta creencia y, por otra, por no sé qué
Impresión del ánimo, volvemos a nuestras lágrimas, y el deseo de nuestra
sensibilidad hace vacilar la fe de nuestro espíritu. ¡Oh miserable condición
humana y vanidad de toda nuestra vida sin Cristo!
¡Oh
muerte, que separas a los que vivían juntos, que, dura y cruel, arrancas de
nosotros a los que nos unía la amistad! Tus poderes han sido ya aniquilados. Tu
yugo implacable ha sido roto por aquel que te amenazaba por boca del profeta
Oseas: ¡Oh muerte, yo seré tu muerte! Por esto podemos apostrofarla con las
palabras del Apóstol: ¿Dónde está? ¿muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muero te,
tu aguijón?
El
mismo que te venció nos ha redimido a nosotros, entregando su vida muy amada en
poder de los malvados, para convertir a estos malvados en amados por él. Son
ciertamente muy abundantes y variadas las enseñanzas que podemos hallar en las
Escrituras santas, para consuelo de todos.
Pero
bástenos ahora la esperanza de la resurrección y el fijar nuestros ojos en la
gloria de nuestro Redentor, en el cual, por la fe, nos consideramos ya
resucitados, según dice el Apóstol: Si verdaderamente hemos muerto con Cristo,
creemos que también viviremos con él.
No
nos pertenecemos a nosotros mismos, sino a aquel que nos rescató, a cuya
voluntad ha de estar siempre sometida la nuestra, tal como decimos en la
oración: Hágase tu voluntad.
Por
esto, con ocasión de la muerte, hemos de decir como Job: El Señor me lo dio, el
Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor. Repitamos ahora estas
palabras de Job y así este trance por el que ahora pasamos hará que alcancemos
después un premio semejante al suyo.
Responsorio 1Ts 4, 13-14; Jr 22, 10
Guía: No os
aflijáis por la suerte de los difuntos, como los hombres sin esperanza.
Todos: Pues si creemos
que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto en Jesús,
Dios los llevará con él.
Guía: No lloréis
por el muerto, ni os lamentéis por él.
Todos: Pues si creemos
que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto en Jesús,
Dios los llevará con él.
Oremos:
Escucha,
Señor, nuestras súplicas y haz que, al proclamar nuestra fe en la resurrección
de tu Hijo, se avive también nuestra esperanza en la resurrección de nuestros
hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo…
CONCLUSIÓN.
V.
Bendigamos al Señor.
R,
Demos gracias a Dios.
Laudes
Al amanecer durante el
velorio y en la
CONMEMORACIÓN
DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS.
2
de noviembre
INVITATORIO
V.
Señor, abre mis labios.
R.
Y mi boca proclamará tu alabanza.
--Salmo
94--
Ant. Señor, rey de los que viven, venid,
adorémosle.
Venid,
aclamemos al Señor,
demos
vítores a la Roca que nos salva;
entremos
a su presencia dándole gracias,
aclamándolo
con cantos.
Porque
el Señor es un Dios grande,
soberano
de todos los dioses:
tiene
en su mano las simas de la tierra,
son
suyas las cumbres de los montes.
Suyo
es el mar, porque él lo hizo,
la
tierra firme que modelaron sus manos.
Venid,
postrémonos por tierra,
bendiciendo
al Señor, creador nuestro.
Porque
él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo,
el
rebaño que él guía.
Ojalá
escuchéis hoy su voz:
"No
endurezcáis el corazón como en Meribá,
como
el día de Masá en el desierto:
cuando vuestros padres me pusieron a prueba,
y
dudaron de mí, aunque habían visto mis obras."
Durante
cuarenta años aquella generación me repugnó, y dije:
"Es
un pueblo de corazón extraviado,
que
no reconoce mi camino;
por
eso he jurado en mi cólera que no entrarán en mi descanso."
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre,
por
los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Señor, rey de los
que viven, venid, adorémosle.
HIMNO
¡Qué
misterio tan profundo éste de mi propio ser:
¡he
surgido del no ser, y me exalto, y me confundo,
mientras
cantando me hundo en mi nada, y sombra, y todo!
Soy
cadáver a tu modo, soy sueño, soy despertar,
soy
vida, soy palpitar, soy luz, soy llama, soy todo.
Muerte,
que das a mi vida trascendencia y plenitud,
muerte
que ardes de inquietud como rosa amanecida
cuando
llegues encendida y silenciosa a mi puerto,
besaré
tu boca yerta y, en el umbral de mi adiós,
al
beso inmenso de Dios me dispondrás, muerte muerta. Amén.
SALMODIA
-
Salmo 50 -
Ant.
1. Se alegrarán en el
Señor los huesos quebrantados.
Misericordia,
Dios mío por tu bondad;
por
tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava
del todo mi delito,
limpia
mi pecado.
Pues
yo reconozco mi culpa,
tengo
siempre presente mi pecado:
contra
ti, contra ti solo pequé,
cometí
la maldad que aborreces.
En
la sentencia tendrás razón,
en
el juicio brillará tu rectitud.
Mira,
que en la culpa nací,
pecador
me concibió mi madre.
Te
gusta un corazón sincero,
y
en mi interior me inculcas sabiduría.
Rocíame
con el hisopo: quedaré limpio;
lávame:
quedaré más blanco que la nieve.
Hazme
oír el gozo y la alegría,
que
se alegren los huesos quebrantados.
Aparta
de mi pecado tu vista,
borra en mí toda culpa.
¡Oh
Dios!, crea en mí un corazón puro,
renuévame
por dentro con espíritu firme;
no
me arrojes lejos de tu rostro,
no
me quites tu santo espíritu.
Devuélveme
la alegría de tu salvación,
afiánzame
con espíritu generoso:
enseñaré
a los malvados tus caminos,
los
pecadores volverán a ti.
Líbrame
de la sangre ¡oh Dios, Dios, Salvador mío!,
y
cantará mi lengua tu justicia.
Señor,
me abrirás los labios,
y
mi boca proclamará tu alabanza.
Los
sacrificios no te satisfacen;
si
te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi
sacrificio es un espíritu quebrantado:
un
corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
Señor,
por tu bondad, favorece a Sión
reconstruye
las murallas de Jerusalén:
entonces
aceptarás los sacrificios rituales, ofrendas y holocaustos,
sobre
tu altar se inmolarán novillos.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre,
por
los siglos de los siglos. Amén.
Ant. 1 Se alegrarán en
el Señor los huesos quebrantados.
Cántico Is. 38,10-14. 17-20
Ant. 2 Líbrame, Señor,
de las puertas del abismo.
Yo
pensé: "En medio de mis días
tengo
que marchar hacia las puertas del abismo;
me
privan del resto de mis años."
Yo
pensé: "Ya no veré más al Señor en la tierra de los vivos,
ya
no miraré a los hombres
entre
los habitantes del mundo.
Levantan
y enrollan mi vida,
como
una tienda de pastores.
Como
un tejedor devanaba yo mi vida,
y
me cortan la trama."
Día
y noche me estás acabando,
sollozo
hasta el amanecer.
Me
quiebran los huesos como un león,
día
y noche me estás acabando.
Estoy
piando como una golondrina,
gimo
como una paloma.
Mis
ojos mirando al cielo se consumen:
¡Señor,
que me oprimen, sal fiador por mí!
Me
has curado, me has hecho revivir,
la
amargura se me volvió paz
cuando
tuviste mi alma ante la tumba vacía
y
volviste la espalda a todos mis pecados.
El
abismo no te da gracias,
ni
la muerte te alaba,
ni
esperan en tu fidelidad
los
que bajan a la fosa.
Los
vivos, los vivos son quienes te alaban: como yo ahora.
El
Padre enseña a sus hijos tu fidelidad.
Sálvame,
Señor, y tocaremos nuestras arpas
todos
nuestros días en la casa del Señor.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre,
por
los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
2. Líbrame, Señor, de las
puertas del abismo.
-
Salmo 145 -
Ant.
3. Alabaré al Señor
mientras viva.
Alaba,
alma mía, al Señor:
alabaré
al Señor mientras viva,
tañeré
para mi Dios mientras exista.
No
confiéis en los príncipes,
seres
de polvo que no pueden salvar;
exhalan
el espíritu y vuelven al polvo,
ese
día perecen sus planes.
Dichoso
a quien auxilia el Dios de Jacob,
el
que espera en el Señor, su Dios,
que
hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en él;
Que
mantiene su fidelidad perpetuamente,
que
hace justicia a los oprimidos,
que
da pan a los hambrientos.
El
Señor liberta a los cautivos,
el
Señor abre los ojos al ciego,
el
Señor endereza a los que ya se doblan,
el
Señor ama a los justos,
El
Señor guarda a los peregrinos;
sustenta
al huérfano y a la viuda
y
trastorna el camino de los malvados.
El
Señor reina eternamente,
tu
Dios, Sión, de edad en edad.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en el principio, ahora y siempre,
por
los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
3. Alabaré al Señor
mientras viva.
LECTURA BREVE
1Ts
4, 13
Si
creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto
en Jesús, Dios los llevará con él. Palabra de Dios.
RESPONSORIO BREVE
V.
Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
R. Te ensalzaré, Señor,
porque me has librado.
V.
Cambiaste mi luto en danza.
R. Porque me has
librado.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Te ensalzaré, Señor,
porque me has librado.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Yo soy la
resurrección y la vida, el cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y él que
está vivo y cree en mí no morirá para siempre.
Cántico
de Zacarías Lc 1, 68-79
Bendito
sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos
una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho
desde antiguo por boca de sus santos profetas.
Es
la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que
nos odian; ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando
su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para
concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le
sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días
Y
a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a
preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus
pecados.
Por
la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo
alto, para iluminar a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte, para
guiar nuestros pasos por el camino de la paz.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y
siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Yo soy la
resurrección y la vida, el cree en mí aunque haya muerto, vivirá; y él que está
vivo y cree en mí no morirá para siempre.
PRECES.
Oremos
a Dios Padre todopoderoso, que ha resucitado a Jesucristo de entre los muertos
y vivificará también nuestros cuerpos mortales, y digámosle:
Dueño de la vida y de
la muerte, escúchanos.
Padre
santo, ya que por el bautismo hemos sido sepultados con Cristo en la muerte y
con él hemos resucitado, haz que de tal forma andemos en vida nueva, que aún
después de nuestra muerte vivamos para siempre con Cristo. Oremos:
Dueño de la vida y de
la muerte, escúchanos.
Señor,
que diste a tu Hijo en su agonía el consuelo del ángel, confórtanos en nuestra
agonía con la serena esperanza de la resurrección. Oremos:
Dueño de la vida y de
la muerte, escúchanos.
Tú,
Señor, que libraste a los tres jóvenes del horno ardiente, libra también las almas
de los difuntos del castigo que sufren por sus pecados. Oremos:
Dueño de la vida y de
la muerte, escúchanos.
Dios
y Señor de vivos y muertos, que resucitaste a Cristo del sepulcro, resucita
también a los difuntos, y a nosotros danos un lugar junto a ellos en tu gloria.
Oremos:
Dueño de la vida y de
la muerte, escúchanos.
Te
ofrecemos estas humildes oraciones por el eterno descanso de tu siervo (a)
___________. Oremos: Dueño de la vida y
de la muerte, escúchanos.
Porque
deseamos que la luz de Cristo ilumine a los vivos y a los muertos, pidamos al
Padre que llegue a todos su reino: Padre
nuestro…
ORACIÓN.
Escucha,
Señor, nuestras súplicas y haz que, al proclamar nuestra fe en la resurrección
de tu Hijo, se avive también nuestra esperanza en la resurrección de nuestros
hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo…
CONCLUSIÓN.
V.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R, Amén.
Vísperas
Al atardecer durante el
velorio y en la
Conmemoración de todos
los fieles difuntos.
INVOCACIÓN INICIAL
V.
Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor date prisa en
socorrerme.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Como era en un
principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
HIMNO
Si
morir no es despertar, si es simplemente morir,
¿para
qué, muerte, vivir?,
¿para
qué, muerte, empezar esta angustia, este llorar?
Más,
si eres umbral y puerta del misterio,
si
honda y cierta aseguras mi esperanza,
¡qué
cima de luz se alcanza viviendo una vida muerta! Amén.
SALMODIA
Ant.
1. El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma.
Salmo
120
Levanto
mis ojos a los montes:
¿de
dónde me vendrá el auxilio?
El
auxilio me viene del Señor,
que
hizo el cielo y la tierra.
No
permitirá que resbale tu pie,
tu
guardián no duerme,
no
duerme ni reposa
el
guardián de Israel.
El
Señor te guarda a su sombra,
está
a tu derecha;
de
día el sol no te hará daño,
ni
la luna de noche.
El
Señor te guarda de todo mal,
él
guarda tu alma;
el
Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora
y por siempre.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
1. El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma.
Salmo
129
Ant.
2. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Desde
lo hondo a ti grito, Señor;
Señor,
escucha mi voz;
estén
tus oídos atentos a la voz de mi súplica.
Si
llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién
podrá resistir?
Pero
de ti procede el perdón, y así infundes respeto.
Mi
alma espera en el Señor,
espera
en su palabra;
mi
alma aguarda al Señor,
más
que el centinela a la aurora.
Aguarde
Israel al Señor, como el centinela la aurora;
porque
del Señor viene la misericordia,
la
redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como
era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
2. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Cántico
Flp. 2, 6-11
Ant.
3. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da nueva vida, así
también el Hijo da vida a los que quiere.
Cristo,
a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al
contrario, se anonadó así mismo, y tomó la condición de esclavo, pasando por
uno de tantos.
Y
así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la
muerte y una muerte de cruz.
Por
eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el
"Nombre-sobre-todo-nombre"; de modo que al nombre de Jesús toda
rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo y toda lengua
proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Gloria
al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y
siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
3. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da nueva vida, así
también el Hijo da vida a los que quiere.
LECTURA BREVE
1Co
15, 55-57
¿Dónde
está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte
es el pecado, y la fuerza del pecado es la ley. ¡Demos gracias a Dios, que nos
da la victoria por nuestro Señor Jesucristo! Palabra de Dios.
RESPONSORIO BREVE
V.
A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado.
R. A ti, Señor, me
acojo: no quede yo nunca defraudado.
V.
Tu misericordia es mi gozo y mi alegría.
R. No quede yo nunca
defraudado.
V.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. A ti, Señor, me
acojo: no quede yo nunca defraudado.
CÁNTICO EVANGÉLICO
Ant. Todos los que el
Padre me ha entregado vendrán a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera.
Cántico
de la Santísima Virgen María
Proclama
mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador; porque
ha mirado la humillación de su esclava.
Desde
ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras
grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de
generación en generación.
Él
hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del
trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de
bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia
a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia -como lo había prometido a
nuestros padres en favor de Abraham y su descendencia por siempre, por los
siglos de los siglos. Amén.
Gloria
a Dios, Padre omnipotente; y a su Hijo Jesucristo, el Señor; y al Espíritu
divino que habita en nuestras almas, por los siglos de los siglos para siempre.
Ant. Todos los que el
Padre me ha entregado vendrán a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera.
PRECES
Oremos
al Señor Jesús, que transformará nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como
el suyo, y digámosle: Dueño de la vida y
de la muerte, escúchanos.
Señor
Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que resucitaste de entre los muertos a tu amigo
Lázaro, lleva a una resurrección de vida a los difuntos que rescataste con tu
sangre preciosa. Oremos:
Dueño de la vida y de
la muerte, escúchanos.
Señor
Jesucristo, consolador de los afligidos, que ante el dolor de los que lloraban
la muerte de Lázaro, del joven Naím y de la hija de Jairo acudiste compasivo a
enjugar sus lágrimas, consuela también ahora a los que lloran la muerte de sus
seres queridos. Oremos:
Dueño de la vida y de
la muerte, escúchanos.
Señor
Jesucristo, siempre vivo para interceder por nosotros y por todos los hombres, enséñanos
a ofrecer el sacrificio de alabanza por los difuntos, para que sean absueltos
de sus pecados. Oremos:
Dueño de la vida y de
la muerte, escúchanos.
Cristo
salvador, destruye en nuestro cuerpo mortal el dominio del pecado por el que
merecimos la muerte, para que obtengamos, como don de Dios, la vida eterna.
Oremos Dueño de la vida y de la muerte,
escúchanos.
Cristo
redentor, mira benignamente a aquellos que, al no conocerte, viven sin
esperanza, para que crean también ellos en la resurrección y en la vida del
mundo futuro. Oremos Dueño de la vida y
de la muerte, escúchanos.
Señor,
te ofrecemos estas humildes oraciones por el eterno descanso de tu siervo (a)
__________. Oremos:
Dueño de la vida y de
la muerte, escúchanos.
Tú,
Señor, que has dispuesto que nuestra casa terrena sea destruida, concédenos una
morada eterna en los cielos. Porque deseamos que la luz de Cristo ilumine a los
vivos y a los muertos, pidamos al Padre que llegue a todos su reino: Padre
Nuestro...
ORACIÓN
Escucha,
Señor, nuestras súplicas y haz que, al proclamar nuestra fe en la resurrección
de tu Hijo, se avive también nuestra esperanza en la resurrección de nuestros
hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo…
CONCLUSIÓN
V.
El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R.
Amén.
EN
EL CEMENTERIO (O EN LA CRIPTA)
JUNTO
AL SEPULCRO
En
el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
MONICIÓN
Queridos
hermanos: nos encontramos hoy en este cementerio para realizar las obras de
misericordia espirituales y corporales en nuestro hermano(a)__________________
que murió en la paz de Cristo y confiarlo con fe y esperanza, al amor de Dios
Padre.
Por
el bautismo fue incorporado(a) a la Iglesia, la familia de Cristo y, unido(a) a
nuestra comunidad, participó asiduamente en la mesa del Señor.
Pidamos,
pues, ahora a Dios que lo creó, le alegre también en el banquete de su reino y
que puedan gozar con los santos y elegidos de los premios eternos. Amén.
ORACIÓN
COLECTA
Todos:
Autor de la vida, acuérdate de nuestros hermanos, familiares y bienhechores y
por nuestro hermano(a) _____________que, confiando en ti, ha ido a su descanso
eterno; y, ya que este primer mundo acabó para él (ella), alégralo(a) ahora en
tu paraíso, donde ya no hay llanto ni luto ni dolor, sino paz y alegría con tu
Hijo y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. R/. Amén.
LECTURA
DE LA PALABRA DE DIOS
Lectura
del santo evangelio según san Juan (6,37-4)
En
aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:
–
«Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no
lo
echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la
voluntad del que me ha enviado.
Ésta
es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino
que lo resucite en el último día.
Ésta
es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida
eterna, y yo lo resucitaré en el último día».
Palabra
del Señor.
ORACIÓN.
Todos:
Señor Jesucristo, que por estar tres días en el sepulcro santificaste todos los
sepulcros de los que creen en ti, de tal manera que, al descender los cuerpos a
la tierra, aumenta la esperanza de la resurrección, concédenos que en este
sepulcro duerma en paz tu hijo (a)______________ y aquí descanse hasta que tú,
que eres la resurrección y la vida, lo (a) ilumines al resucitarlo (a) y que,
en la luz de tu rostro, contemple la luz del cielo. Tú que vives y reinas por
los siglos de los siglos. Amén.
Se
rocía el agua bendita en el sepulcro y en el cuerpo del difunto.
Rito de Inhumación.
(Depósito del cuerpo en
la fosa o en la cripta)
Dios
todopoderoso ha llamado a nuestro (a) hermano (a) ___________ y nosotros ahora
enterramos su cuerpo, para que vuelva a la tierra de donde fue sacado(a). Con
la fe puesta en la resurrección de Cristo, primogénito de los muertos, creemos
que él transformará nuestro cuerpo humillado y lo hará semejante a su cuerpo
glorioso.
Por
eso encomendamos nuestro (a) hermano (a) ____________ al Señor, para que lo (a)
resucite en el último día y lo (a) admita en la paz de su Reino.
En
este momento, si se cree oportuno, se hace una pequeña reflexión o si alguien
quiere dirigir unas breves palabras para dar ánimo, consuelo y fortaleza.
Preces finales.
Pidamos
por nuestro (a) hermano (a) ___________ a Jesucristo nuestro Señor, el cual
dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera,
vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás”.
Tú
que lloraste por la muerte de Lázaro, enjuga nuestras lágrimas.
Todos: Escúchanos,
Señor.
Tú
que llamaste a los muertos a la vida, dale a ___________ (a) hermano (a)
nuestro (a), la vida eterna.
Todos: Escúchanos,
Señor.
Tú
que prometiste el paraíso al ladrón arrepentido, introduce en el cielo a _______________
hermano (a) nuestro (a).
Todos: Escúchanos,
Señor.
Tú
que alimentaste a nuestro (a) hermano (a) ______________ con el sagrado
banquete de tu Cuerpo y Sangre, admítelo (a) en la mesa de tu Reino.
Todos: Escúchanos,
Señor.
Y
a nosotros todos, Señor, que estamos afligidos por la muerte de nuestro (a)
hermano (a) ______________ anímanos con tu fortaleza, con el consuelo de la fe
y la esperanza a la vida eterna.
Todos: Escúchanos,
Señor.
Padre nuestro...
Señor,
ten misericordia de tu siervo (a) ____________ para que no sufra el castigo por
sus faltas, pues deseó cumplir tu voluntad. La verdadera fe lo (la) unió aquí
en la tierra, al pueblo fiel; que tu bondad lo (la) una al coro de los ángeles
y elegidos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
ÚLTIMA RECOMENDACIÓN Y
DESPEDIDA
Hermanos:
puesto que vamos a cumplir con el deber de dar sepultura a un cuerpo humano,
según la costumbre de los fieles, pidamos con mucha confianza a Dios, para
quien todos están vivos, que el cuerpo débil de ______________ (a) hermano (a)
nuestro (a) que vamos a sepultar, resucite el último día con la perfección y
cualidades de los santos, y que su alma pueda sumarse desde ahora a las de los
santos y fieles.
Vamos
a pedir para que Dios tenga misericordia de él (ella) en el juicio y que,
rescatado (a) de la muerte, pagadas todas sus deudas, reconciliado (a) con el
Padre y llevado (a) en los hombros del Buen Pastor, merezca gozar en el séquito
del Rey Eterno, de la alegría perpetua y de la compañía de los santos.
Recibid
su alma: ofrecedla en la presencia del Altísimo.
Todos: Recibid su alma:
ofrecedla en la presencia del Altísimo.
Acudid,
Santos de Dios, salid a su encuentro, ángeles del Señor.
Todos: Recibid su alma:
ofrecedla en la presencia del Altísimo.
Que
Cristo, que te llamó, te reciba, y que el coro de los ángeles te introduzca en
el cielo.
Todos: Recibid su alma:
ofrecedla en la presencia del Altísimo.
Dale,
Señor, el descanso eterno y brille para él (ella) la luz perpetua.
Todos: Recibid su alma:
ofrecedla en la presencia del Altísimo.
Mientras se realiza la
sepultura, se sugiere un canto apropiado.
TOMADO
DE LA MANO.
ESTRIBILLO:
Tomado de la mano, con Jesús yo voy, le
sigo como oveja que encontró al pastor. Tomado de la mano, con Jesús yo voy adonde
Él va. (2 veces).
Si
Jesús me dice: "Amigo, deja todo y ven conmigo, donde todo es más hermoso
y más feliz". Si Jesús me dice: "Amigo, deja todo y ven
conmigo". Yo, mi mano pondré en la suya e iré con Él.
ESTRIBILLO.
Yo te llevaré amigo, a un lugar conmigo, donde el sol y las estrellas aún
brillan más. Yo te llevaré amigo, a un lugar conmigo, donde todo es más hermoso
y más feliz.
ESTRIBILLO.
Oración
después del entierro en el cementerio o en la cripta.
V/.
Señor ten piedad, Señor ten piedad
Cristo
ten piedad, Cristo ten piedad
Señor
ten piedad, Señor ten piedad
ORACIÓN Y RESPONSO
FINAL
Padre clementísimo, te encomendamos el alma de
nuestro (a) hermano (a) _______________, apoyados en la certeza de que
resucitará en el último día con Cristo y con todos los que han muerto en
Cristo.
Te damos gracias por todos los beneficios que diste
a este (a) hijo (a) tuyo (a) le concediste en vida y que son ahora señales de
que él (ella) están en comunión con los santos en Cristo.
Que tu corazón misericordioso se conmueva, Señor,
por nuestras plegarias, abre a tu hijo (a) ____________ las puertas de cielo y
a nosotros, que permanecemos en este mundo consuélanos con las palabras de la
fe hasta que un día, todos encontremos a Cristo y permanezcamos con él y con
nuestro (a) hermano(a). Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Hermano (a) _________________ Al paraíso te lleven
los ángeles, a tu llegada te reciban los mártires y nuestra parentela que allá
se encuentra y te introduzcan en la ciudad santa de Jerusalén.
Escucha,
Señor, nuestras súplicas y haz que tus siervos en especial __________, que han
salido de este mundo, perdonados de sus pecados y libres de toda pena, gocen
junto a ti la vida inmortal; y, cuando llegue el gran día de la resurrección y
del premio, colócalos entre tus santos y elegidos. Por Jesucristo, nuestro
Señor. R/. Amén.
V/.
Señor, + a nuestro (a) hermano (a) ____________dale el descanso eterno.
R/. Y brille sobre para
él (ella) la luz eterna.
V/.
Descansen en paz.
R/. Así sea.
V/.
Las almas de todos los fieles difuntos, en especial la de nuestro (a) hermano
(a) ______________, por la misericordia de Dios, descansen en paz.
R/. Amén.
V/.
Podéis ir en paz.
R/. Demos gracias a
Dios.
Canto.
María
Mírame
María,
mírame. María, mírame
Si
Tú me miras, Él también me mirara
Madre
mía, mírame. De la mano llévame
Muy
cerca de Él. Que ahí me quiero quedar
María,
cúbreme con tu manto
Que
tengo miedo, no sé rezar
Que
por tus ojos misericordiosos
Tendré
la fuerza, tendré la paz.
María,
mírame. María, mírame
Si
Tú me miras. Él también me mirara
Madre
mía, mírame. De la mano llévame
Muy
cerca de Él. Que ahí me quiero quedar
Madre,
consuélame de mis penas
Es
que no quiero ofenderle más
Que
por tus ojos misericordiosos
Quiero
ir al cielo y verlos ya.
María,
mírame. María, mírame.
Si
Tú me miras. Él también me mirara
Madre
mía, mírame. De la mano llévame,
Muy
cerca de Él. Que ahí me quiero quedar
SANTO ROSARIO PARA LOS FIELES DIFUNTOS
Familia
del Santo Rosario, Queridos hermanos, que la paz del señor sea con todos
nosotros. Amén
Nos
hacemos la señal de la cruz: "In nómine Patris et Fílii et Spíritus
Sancti". Amén."
En
el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
Oración.
Ven
Espíritu Santo ven, ven por medio de la dulce y poderosa intercesión del
corazón inmaculado de María tu amadísima esposa.
AL
ESPÍRITU SANTO
INVOCACIÓN
AL ESPÍRITU SANTO
Ven
a nuestras almas, ¡Oh Espíritu Santo!
Envíanos
del cielo, de tu luz, un rayo.
Ven
Padre de pobres, ven de dones, franco
Ven,
de corazones, lúcido reparo.
Ven
Consolador, dulce y Soberano,
Huésped
de las almas y suave regalo.
En
los contratiempos, descanso al trabajo,
Templanza
en lo ardiente, consuelo en el llanto
Santísima
luz, de todo cristiano,
Lo
íntimo del pecho, llena de amor casto.
En
el hombre nada se halla sin tu amparo,
Y
nada haber puede, sin Ti, puro y santo.
Con
tus aguas puras lava lo manchado,
Riega
lo que es seco, pon lo enfermo sano.
Al
corazón duro, doblegue tu mano,
Y
ablande las almas que manchó el pecado.
Vuelve
al buen camino al que está extraviado,
Y
al helado enciende, con tu fuego santo.
Concede
a tus fieles en ti confiados,
De
tu alto don, sacro centenario.
Aumento en virtudes, has que merezcamos,
Del
eterno gozo, el feliz descanso.
PEDIMOS
POR EL ETERNO DESCANSO DE NUESTRO (A) HERMANO (A): ________________
LAMENTO
DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO
Por
la más leve culpa de malicia padezco, de ese fuego, la violencia. ¡Ver que
sería juzgado con justicia, si esto ha sido juzgado con clemencia! ¿Qué puede
librar toda mi pena, con poner diligencia cuando allá vivía? Y hoy necesito de
que mano ajena me dé lo que adquirir pudo la mía. Hijo, Padre, esposo, hermano,
amigo, por quien quizá padezco estos ardores, pues tus favores fueron mi
castigo, mitiguen mi castigo tus favores.
PÉSAME
Pésame
Dios mío y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el
infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque
pecando ofendí un Dios tan bueno y tan grande como vos; antes querría haber
muerto que haberle ofendido, y propongo firmemente ayudado por tu divina
gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén
Oración.
Eterno
Dios Creador de todas las cosas, universal Padre y consuelo de los afligidos y
atribulados; nosotros, ovejas tuyas, que descarriadas de tu rebaño hemos muchas
veces elegido los pastos venenosos de este engañoso mundo, dejando los pastos
saludables de tu doctrina; te suplicamos, Señor, nos perdones esta ofensa
contra ti cometida, pues ya decimos que nos pesa el alma de haberte ofendido,
porque es injuria a tu divina bondad, digna de ser infinitamente amada y
proponiendo firmemente la enmienda esperamos por los méritos de tu Santísimo
Hijo, conseguir la felicidad de tu gloria, donde rendidamente te pedimos
coloques a las almas de los justos y llegue ya el día feliz y dichoso, en que
vayan purificadas a descansar en paz, y gocen de tu Divina Persona por toda una
eternidad. Amén.
NOTA: Cuando son los
tres días, ocho días, siete semanas, el mes, los seis meses o el aniversario,
no se lee los días del novenario, pasamos a las siete Ave María.
PRIMER
DÍA
(o el día que corresponda en caso de novenario)
Considera
cristiano, la acerba pena, aflicción y angustia que padecen las pobres almas
del purgatorio, en aquellos calabozos sin la vista de Dios y advierte que,
siendo la consecución del último fin, el mayor bien del alma, están justamente
teniendo ya adquirido derecho para posesión de la gloria.
Ruega
a la Divina Misericordia que aquellas pobres almas, en especial de nuestro (a)
hermano (a) ________________ se les mitigue esta pena y con oraciones y ayunos
procura que la justicia divina se dé por satisfecha y acepte sus sufragios para
alivio de aquel padecer que no hay palabras con que poderlo ponderar.
DÉCIMA
Por
cierto, debes tener,
Que
la voluntad aspira
Y
por fin último mira,
Al
sumo bien poseer.
¡Qué
pena no es de creer,
¡Padecerán
por privadas!
De
Dios las almas amadas,
Y
pudiendo tu oración
Aliviarles
la prisión,
¿Las
dejas solas y desconsoladas?
ORACIÓN.
Dulcísimo
Jesús, amado dueño de nuestras almas, que dando principio a la redención del
linaje humano, con los infinitos méritos de tu santísima pasión, te retiraste
al huerto Getsemaní, en donde orando padeciste en tu humanidad el desamparo y
falta de consuelo de tu misma Divinidad, contristando tanto, que sudaste sangre
hasta regar a tierra, por lo que el eterno Padre te envió un ángel que te
confortara, te suplicamos, Señor, que por la aflicción que tuviste en este
desamparo, apliques tus infinitos méritos a las necesitadas almas del
purgatorio, en donde están como desamparadas de Dios, privadas de su Divina
Presencia, suplan tus méritos para con el eterno Padre lo que les falta para
llegar a unirse a su último fin; y a nosotros, Señor, favorécenos con tus
soberanos auxilios, para que guardando tus santos mandamientos no padezcamos la
pena de este desamparo, y también concédenos la particular gracia que te
pedimos en este momento de oración. Amén.
SEGUNDO
DÍA
Considera
cristiano que las pobres almas del purgatorio están en él, como esclavos que no
tienen facultades ni posibilidades para liberarse de las cadenas y grillos que
las oprimen, como desterrados de su patria, sin poder entrar en ella hasta que
se cumpla el tiempo, y para que esto lo abrevien tus sufragios, no seas omiso
en remitírselos, para liberarlas de los grillos y cadenas, y que se les acabe
el destierro que tienen de la patria celestial.
DÉCIMA
Si
en una cárcel te vieras,
Con
prisiones oprimido,
¿No
exhalarás un gemido
¿Y
la libertad pidieras?
Pues
oye que estas penas fieras,
Se
encuentran hoy sumergidas
Deudos
tuyos que, afligidos,
Piden
a tu gran piedad,
Ruegue
que, en la eternidad,
Por
Dios sean admitidos.
ORACIÓN
Señor
mío Jesucristo, que por la traición del malvado discípulo, fuiste preso como un
malhechor y llevado a la ciudad de Jerusalén, maniatado con sogas y cadenas
como un esclavo, te suplicamos piadoso Señor que liberes a los justos que están
en el purgatorio ligados de grillos y cadenas, de las que por sí solos no se
pueden libertar ni satisfacer; y a nosotros nos saques de las obligaciones
penales a que nos indujo la culpa para más bien servirnos y amarnos. Amén.
TERCER
DÏA
Considera
cristiano que el purgatorio es un lago de fuego, y lugar de tinieblas y
oscuridad, en donde ni las estrellas brillan, ni el sol los alumbra, en cuyo
lugar están olvidadas las almas de muchos que en este mundo hicieron favores de
aquellos mismos que los recibieron. Acuérdate tú, cristiano, de estas pobres
almas y ayúdalas con tus oraciones, para que salgan de tan penoso lugar.
DECIMA
De
un seno obscuro y fogoso,
Donde
el sol no resplandece,
Ni
la estrella allí aparece,
Se
oye un llanto muy quejoso.
Y
tú tan poco piadoso,
No
escuchas sus peticiones,
Que
son pedirte oraciones,
Mal
le correspondes
Cuando
su hacienda estás disfrutando,
Y
olvidas sus prisiones.
ORACIÓN
Señor
mío Jesucristo que después de infinitos oprobios que recibiste en las casas de
los pontífices Anás y Caifás, te pusieron en un lugar tenebroso y horrible para
que allí estuvieras toda la noche, en donde solo el día del juicio se sabrá lo
que padeciste en el lugar tan obscuro, te rogamos Señor, por este martirio
penoso, que te acuerdes de las pobres almas del purgatorio, que dentro de tan
profundo y horroroso lugar, solo tus santísimos méritos las podrán libertar de
tanta aflicción como allí padecen, y a nosotros, Señor, sácanos de la hediondez
del pecado para que podamos sin mancha alguna, introducirnos a la patria
celestial. Amén.
CUARTO
DÍA
Considera
cristiano la pena, aflicción y angustia que padecen las pobres almas del
purgatorio, en aquella cárcel de la justicia divina, vecina al infierno de los
condenados por cuya inmediación alcanzan las blasfemias e injurias que contra
Dios están rabiosamente diciendo los condenados.
Oh
qué duro y áspero le es a un alma que conoce perspicazmente las inefables
perfecciones de Dios, al oír insulto tan infame contra su Majestad, tú,
cristiano, procura arreglar no blasfemes de Dios, para que ni en el purgatorio
te oprima esta suma angustia.
DECIMA
Que
la justicia divina,
Puso
al purgatorio encuentro
De
la tierra allá en el centro
Siendo
esta cárcel vecina
Al
hondo infierno imagina.
Cuán
grande será el dolor
Que
les causa aquel furor
Con
que los malos maldicen
Pues,
todo un sumo ardor.
ORACIÓN
Señor
mío Jesucristo, que puesto en el lugar público del pretorio de Pilatos, estabas
computado con malhechores y repuntado por uno de ellos, en donde oías las
blasfemias e injurias que aquellos malvados decían contra ti, te suplicamos
Señor, que libres a las pobres almas del purgatorio que con perversa vecindad,
oyen desde allí las perversas injurias, con que los réprobos blasfeman tu
Santísimo Nombre, que es una de las mayores penas que allí padecen estas pobres
almas, a nosotros que saliendo de la cárcel de este corruptible cuerpo, vayamos
a alabarte por toda una eternidad. Amén.
QUINTO
DÍA
Considera
cristiano que las pobres almas del purgatorio están metidas y encerradas en
aquel lugar de tormentos y dolores tan graves y crueles que superan a todos los
suplicios que los más crueles tiranos han inventado para mortificar a los
mártires, tan eternos y tan largos que un día de ellos es más penoso y dilatado
que cien mil años del mundo, y mitigándose estos tormentos, con tus obras no
seas omiso en redimirlas al eterno Padre, para que alivie a las pobres almas de
tanta pena.
DECIMA
Une
las penas y horrores
Que
han inventado tiranos
Los
jueces más inhumanos
Y
hallarás que son mayores,
Los
tormentos y dolores,
Que
sin cesar atormentan
A
las almas y aunque intentan
Los
santos esto expresar,
Lo
dejan sin explicar
Por
más que a ellos se alienta
ORACIÓN
Pacientísimo
Jesús, que después de varios oprobios fuiste atado a una columna, para ser
cruelmente atormentado con más de cinco mil azotes, que descargaron sobre tu
delicado cuerpo, por estas crueldades que padeciste, solo suplicamos des algún
alivio a las necesitadas almas del purgatorio, en donde padecen tan insufribles
tormentos y crueldades que ejecutan los ministros de tu divina justicia, que
nuestra baja comprensión no les puede conocer, basten ya Señor estas penas, que
se acabe tanta angustia, y llegue ya el día del consuelo para estas pobres
almas y a nosotros, danos tu gracia para que no cayendo en el precipicio de la
culpa, nos libre de semejantes tormentos y penas. Amén.
SEXTO
DÍA
Considera
cristiano que el purgatorio es un terrible abismo en donde fácilmente caen las
almas de los cristianos, en donde al paso es fácilmente la entrada y más
difícil la salida, no por parte de las almas que en aquel estado no pueden ya
merecer ni más que pagar padeciendo, si no por parte del mismo Dios hasta que
se dé por satisfecha su Divina Justicia, cuanto más por parte de los vivos, que
son tan inteligentes en ayudarlas con oraciones y sufragios, dificultándose más
y más la salida, no seas así cristiano, si no
procura eficazmente pedir a Dios por ellas y sufragarlas, para que
salgan de tan horrendo lugar.
DECIMA
Es
un abismo horroroso,
Que
muy fácil es su entrada,
Está
el alma atormentada,
Y
siendo el salir penoso.
Con
cada encuentro reposo.
Hasta
lograr en tu celo,
El
descanso que en el cielo
Dios
te tiene preparado,
No
seas tan descuidado,
Pide
con todo el anhelo
ORACIÓN
Benignísimo
Jesús, que caminando al monte calvario con el duro leño de la cruz, tres veces
caíste y diste en tierra tu humanidad santísima, manifestando que sin la ayuda
de ajenas fuerzas no te podías levantar, te suplicamos, Señor, que las pobres
almas, que oprimidas con el peso de su culpa, caen fácilmente en el horrendo
seno del purgatorio, sin poder por sus propias fuerzas levantarse, las ayudes a
salir de él con tus infinitos méritos, y a nosotros comunícanos tu gracia para
no caer en el precipicio de la culpa. Amén.
SÉPTIMO
DÍA
Considera
cristiano que el purgatorio es un horno de fuego tan violento y persistente,
que sin consumir abraza aquellas pobres almas, que quizás acá estuvieron
regaladas. Es un fuego discreto que a cada uno atormenta, según sus méritos, es
un severo inquisidor, que escudriña hasta la más leve culpa para dar la
correspondiente pena, tú cristiano, compadécete de esta violencia en el padecer
y con tus sufragios remite a estas pobres almas algún alivio que ablande a esta
indecible pena.
DECIMA
Nadie
puede hacer tasa,
Al
fuego del purgatorio
Pues
es sabido y notorio,
Que
sin consumir abraza
Esto
es lo cierto que pasa
Y
que son penas medidas
Purgadas
en este fuego
Pues
no los tomes a juego
Mira
que no son fingidas.
ORACIÓN
Dulcísimo
Jesús, amorosísimo Padre nuestro que por el sumo e infinito fuego de amor que
en el horno de tu pecho ardía te determinaste a padecer por nosotros tanto y
tales males, injurias y ofensas para librarnos de la esclavitud del pecado,
extiendas Señor, ese encendido amor a las pobres almas del purgatorio, que
detenidas en aquel horno de fuego se abrazan sin consumirse con indecible
tormento, libértalas de tanta angustia como padecen y a nosotros, concédenos la
participación de este divino ardor para que como abrazados serafines te amemos.
Amén.
OCTAVO
DÍA
Considera
cristiano la aflicción y angustia que oprime a las pobres almas del purgatorio,
por la memoria de las culpas que cometieron en el mundo, que les son más
horribles que aquellas penas cuando miran las virtudes que despreciaron, que
con ellas se hubieran librado de aquella tristeza, tú cristiano, procura
aliviar a los que entristece esta penosa memoria.
DECIMA
Cuando
lleguen a pesar
Los
males que cometieron
Y
bienes que omitieron,
Tanto
se llega aumentar,
De
las almas el penar,
Que
llega a ser su dolor
Sin
duda mucho mayor,
Que
el fuego que las aflige
Pues
según esto las junta,
Cuán
grave será este ardor
ORACIÓN
Señor
mío Jesucristo crucificado, que pendiente del sagrado leño de la Cruz,
considerabas las muchas culpas que habían de cometer los hombres, y la
negligencia en la práctica de las virtudes, por lo que se había de disfrutar
para muchos la sangre que derramaste, por esta angustia que padeciste, te
suplicamos, oh Señor, des algún alivio a las pobres almas del purgatorio en la
grave pena que las oprime, cuando hacen memoria de las culpas que en el mundo
cometieron y se hicieron acreedores a tanta pena, libéralas Señor de estas
penas y aflicciones que padecen y a nosotros danos tu gracia para que no te
ofendamos y nos mortifique después de esta vida esta memoria. Amén.
NOVENO
DÍA
Considera
cristiano que el purgatorio es un terrible, cruel y duro bautismo, porque así
como éste lava las manchas de las culpas e introduce a los que lo reciben en el
reino de Cristo, que es la Iglesia, así el purgatorio con penas, aflicciones y
angustias lava, limpia y purifica de los reatos de las culpas a las culpas que
en él residen y bien, purificado las introduce últimamente en el paraíso de la
gloria; tú cristiano, que del bautizo quedaste limpio de las manchas de las
culpas, procura evitar que el purgatorio te lave y te purifique y remite
sufragios a las almas que hay en él, para que purificadas salan de tanta pena.
DECIMA
Si
el alma que nace muerta
Por
la culpa para entrar
En
la Iglesia ha de penetrar
Por
bautismo que es la puerta
También
es cosa muy cierta
Que
en aquel obscuro abismo
Las
almas para purgar
Los
reatos y pasar
De
Dios al reposo mismo.
ORACIÓN
Señor
mío Jesucristo crucificado, que después de entregado el espíritu en manos del
eterno Padre, un cruel e inhumano soldado, levantó la lanza y con ella atravesó
tu divino costado, en donde salieron arroyos
de sangre y agua hasta regar la tierra, te suplicamos Señor que con ella
laves y purifiques a las pobres almas del purgatorio, para que queden ya
limpias de toda mancha de culpa, ser colocadas en los eternos palacios de tu
gloria, y allí habitarán en compañía de los Ángeles y Santos, y a nosotros, que
hermoseados y limpios con las aguas de la penitencia, te alabemos en la
celestial patria por todos los siglos. Amén.
AL
TERMINAR LAS ORACIÓNDES DEL DÍA QUE CORRESPONDE.
Se
dirán siete Ave María en memoria de
los siete mayores dolores de María Santísima, en la siguiente forma:
La
primera, por el alma que está más
cerca de ver a Dios.
La
segunda, por la que más amó a Dios
en esta vida.
La
tercera, por la que no tiene quien
ruegue a Dios por ella.
La
cuarta, por la que padece más
terribles penas.
La
quinta, por la que fue más devota de
la Pasión de Cristo.
La
sexta, por la que fue más devota de
María Santísima.
La
séptima, por la que fue liberal con
los pobres y con las almas del purgatorio.
ORACIÓN.
Soberana
Virgen María, Dolorosísima Señora que, al pie de la cruz, quedaste constituida
en Madre, Amparo y Universal Protectora de los hombres, a ti Divina Madre,
acudimos, y con todas las veras de nuestro corazón en la rigurosa pasión y
muerte de nuestro dulcísimo Jesús, seas intercesora ante el tribunal justísimo
de Dios, y allá, pidas por el alivio y consuelo de las pobres almas del
purgatorio; rogando a la Divina Majestad, le dé por satisfecha su recta
justicia para que libertándoles de las penas, tormentos y aflicciones que
padecen, las lleve al descanso de su gloria, las recree con interminables gozos
y a nosotros nos dé su divina gracia, para que, sirviéndoles en esta vida como
verdaderos hijos suyos, nos lleve a gozar de su divina presencia por los siglos
de los siglos. Amén.
ORACIÓN
¡Oh
Virgen María!, ¡Madre de Dios y Madre nuestra, Reina del Santo Rosario! Confiados
en tu bondad nos acercamos a Vos, para honrar tu nombre y consolar nuestras
almas.
Abre,
Señora, la puerta de tu corazón y descúbrenos la luz de estos Misterios,
contenidos en el Santo Rosario para que en ellos encontremos virtud para
nuestras almas, tranquilidad para nuestro corazón, paz para nuestras familias,
salud para nuestros enfermos y libertad para las almas del Purgatorio.
Socorre
especialmente a nuestro (a) hermano (a) __________ y concédenos la dicha de ser
hijos tuyos en vida y en muerte. Amén.
Oremos: Señor,
concede a tus hijos gozar siempre de completa salud de alma y cuerpo y por la
intercesión de la gloriosa siempre Virgen María, líbranos de las tristezas de
esta vida y concédenos disfrutar de las alegrías eternas, por Cristo nuestro
Señor. Amén.
Pidamos a Dios, una vez más, por el eterno
descanso de nuestro hermano (a) N… y por las necesidades de la Iglesia y el
mundo entero.
A cada petición respondemos: Te rogamos Señor.
Por
todos nuestros familiares y amigos difuntos, para que Dios limpie completamente
su alma de toda mancha de pecado y les conceda el descanso eterno. Todos: Te rogamos Señor.
Por
todos los que están por dejar este mundo, para que se arrepientan de sus
pecados y entreguen su vida a Cristo, como ofrenda agradable. Todos: Te rogamos Señor.
Por
todos los que no conocen a Cristo, para que Dios mueva su corazón y les conceda
la oportunidad de conocerlo y entregarse a Él, sin reservas. Todos: Te rogamos Señor.
Por
todos nosotros, para que estemos siempre preparados para el gran encuentro con
Cristo. Todos: Te rogamos Señor.
Por
los pastores de la Iglesia, para que prediquen con valentía y autenticidad la
Palabra de Dios y así vayan despertando en los feligreses el sentido verdadero
de la vida y de la muerte. Todos: Te
rogamos Señor.
Pidamos
por nuestro (a) hermano (a) N… a nuestro Señor Jesucristo, que ha dicho: Yo soy
la Resurrección y la Vida, el que cree en Mí aunque haya muerto vivirá y el que
está vivo y cree en Mí no morirá para siempre. Todos: Te rogamos Señor.
A cada petición respondemos: Te lo
pedimos, Señor.
Señor,
Tú que oraste en la tumba de Lázaro dígnate enjugar nuestras lágrimas. Todos: Te lo pedimos, Señor.
Tú
que resucitaste a los muertos. Dígnate dar la vida eterna a nuestro (a) hermano
(a) N… Todos: Te lo pedimos, Señor.
Tú
que perdonaste en la cruz al buen ladrón y le prometiste el paraíso, dígnate
perdonar y llevar al cielo a nuestro (a) hermano (a) N… Todos: Te lo pedimos, Señor.
Tú
que has purificado a nuestro (a) hermano (a) N… con el agua del bautismo y lo
ungiste con el óleo de la confirmación. Dígnate admitirlo entre tus santos y
elegidos. Todos: Te lo pedimos, Señor.
Tú
que alimentaste a nuestro (a) hermano (a) N… con tu Cuerpo y tu Sangre. Dígnate
también admitirlo en la Mesa de tu Reino. Todos: Te lo pedimos, Señor.
Y
a nosotros que lloramos su muerte, dígnate confortarnos con la fe y la
esperanza de la vida eterna. Todos: Te
lo pedimos, Señor.
SANTO
ROSARIO.
“Caminaré”
Caminaré en presencia
del Señor (x2)
Amo
al Señor porque escucha mi voz suplicante,
porque
inclina su oído hacia mí el día que lo invoco.
Caminaré en presencia
del Señor (x2)
Me
envolvía en redes la muerte, caí en tristeza y angustia.
Invoqué
el nombre del Señor, ¡Señor, salva mi vida!
Caminaré en presencia
del Señor (x2)
Ave María Purísima. Sin
pecado concebida.
SEÑAL DE LA CRUZ
Por
la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro.
+En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
CREDO. - SÍMBOLO DE LOS APÓSTOLES
Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo
y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue
concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a
los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí
ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia
católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección
de la carne y la vida eterna. Amén
Nos
ponemos en Presencia de Dios y para que la oración llegue al cielo, pedimos
humildemente perdón al señor por nuestras faltas. Te pedimos Espíritu Santo,
que nos inundes con tu amor y te hagas presente en nuestros corazones al rezar
este hermoso Rosario a María. Amén
Rezaremos
en Santo Rosario en honra y gloria de la Santísima Virgen María, Madre de Dios
y Madre nuestra, para que se digne admitirnos y tenernos bajo su poderosa
protección, nos alcance paz en la iglesia, sosiego en la conciencia,
tranquilidad en la república y en los bienes temporales que hubiéramos de
merecer alivio a as benditas almas del purgatorio, en especial por el alma de
nuestro (a) hermano (a) ________________ y a todos por la vida eterna. Amén.
Señor
mío Jesucristo, creador y Redentor mío y único remedio de las almas del
purgatorio, pues nuestro amor te hizo venir a dar la vida por redimirnos porque
gocemos de tu gloria, humildemente te ofrezco estas oraciones y súplicas unidas
a tus méritos a modo de sufragio, para que te sirvas sacar del purgatorio el
alma de tu siervo (a) _____________ y es mi voluntad ofrecerlos tantas veces cuantas
bastaren para satisfacerte hasta quedar libres del purgatorio; y si no han de
menester, lo ofrezco por aquellos que allí estuvieren y que sean de mayor honra
y gloria a tu divina Majestad y más de honra y gloria a tu divina Majestad, por
mi obligación, ya que por sus pecados justamente están afligidas, que sea por
tu sangre lavadas de las culpas ya que pueden más tus méritos que sus penas. Y
a ustedes, benditas almas, les recomiendo rueguen a Dios, nos dé perseverancia
en este santo ejercicio. Amén.
OFRECIMIENTO PARA CADA MISTERIO DEL ROSARIO
Oh
Virgen María, coronada de ángeles y hombres, te ofrecemos humildemente este
Padre nuestro y estas diez Ave Marías, en reverencia de inmensa gloria y
supremo lugar que sobre todos los serafines tendió la Trinidad Santísima,
coronándote por reina de todo lo creado, te suplicamos, poderosa y liberal
Señora, nos alcances tal desprecio de cuanto estima la tierra, que merezcamos
verte con Dios en el cielo y consigamos al presente, verdadero dolor de nuestro
pecado, luz y acierto para hacer una confesión bien hecha de todos ellos, la
quietud y el sosiego de estos y la paz entre los príncipes cristianos. Amén.
Con
dulce amor de cada día y con tierno corazón, rezaremos con devoción, el Rosario
de María
MISTERIOS GOZOSOS
PRIMER MISTERIO GOZOSOS:
LA ANUNCIACIÓN Y ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS.
¡Oh, María, dulcísima, ¡consuelo de las almas!, este
Misterio te lo ofrecemos por el gozo que tuviste cuando, saludada por el ángel,
te anunció la encarnación del hijo de Dios en tus entrañas; por Él te
suplicamos que el alma de nuestro(a) hermano(a) N… y todas aquellas almas que
están en el purgatorio, reciban alegres noticias de la Gloria Eterna, a donde
vayan a descansar. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
SEGUNDO
MISTERIO GOZOSO:
LA VISITA DE LA VIRGEN MARÍA A SU PRIMA SANTA ISABEL.
¡Oh, María, ¡refugio de pecadores!, este Misterio te
lo ofrecemos por el gozo que tuviste cuando, visitando a santa Isabel, fuiste
por ella reconocida como Madre de Dios, y por haber sido intermediaria para
librar de la culpa al niño Juan; por este gozo te suplicamos que visites y
consueles a nuestro (a) hermano (a) N… y a los que están en el purgatorio para
que intercedas por ellos ante tu Hijo. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro
Señor. Amén.
TERCER
MISTERIO GOZOSO:
EL NACIMIENTO DEL HIJO DE DIOS EN BELÉN.
¡Oh, María, estrella del mar, ¡norte fijo de la
Iglesia!, este Misterio te lo ofrecemos por el gozo que tuviste cuando,
naciendo de tu vientre, como de la aurora, el Sol de Justicia, Cristo, alumbró
a los que estaban en tinieblas; a El suplicamos que nuestro (a) hermano (a) N…
y todos aquellos que están en el purgatorio, merezcan salir de esas tinieblas y
llegar a los resplandores de Su Gloria. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro
Señor. Amén. Jesús
CUARTO
MISTERIO GOZOSO:
LA PRESENTACIÓN DEL NIÑO JESÚS EN TEMPLO DE JERUSALÉN Y LA
PURIFICACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA.
¡Oh Purísima María, que, sin obligarte la ley de la
purificación, presentaste a tu Santísimo Hijo en el templo, con especial gozo
de verle reconocido como Verdadero Dios! Este Misterio te lo ofrecemos
suplicando que nuestro (a) hermano (a) N… y todos aquellos que están en el purgatorio,
sean, por tu intercesión, purificados para entrar en el templo de la gloria. Te
lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
QUINTO
MISTERIO GOZOSO:
EL NIÑO JESÚS PERDIDO Y HALLADO EN EL TEMPLO
¡Oh, María, ¡seguro medio para hallar a Jesús!, este
Misterio te lo ofrecemos por el gozo que tuviste al encontrar en el templo a tu
hijo Jesús; por eso te suplicamos que nuestro (a) hermano (a) N… y todos los
que se encuentran en el purgatorio tengan, por tus ruegos, el alivio de sus
penas y lleguen a mirar a Jesús en el templo de su gloria. Te lo pedimos por
Jesucristo nuestro Señor. Amén.
MISTERIOS DOLOROSOS
PRIMER
MISTERIO DOLOROSO:
LA ORACIÓN Y AGONÍA DE JESÚS EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ
¡Oh
dolorosísima Madre de Jesús!, quien, despedido y apartado de tu compañía, oró
con mortales agonías en el huerto, ¡donde por un ángel fue confortado!, este
Misterio te lo ofrecemos, para que por tu intercesión nuestro (a) hermano (a)
N… y aquellos que están en el purgatorio, sean confortados por Jesucristo en
sus penas. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
SEGUNDO
MISTERIO DOLOROSO:
LA FLAGELACIÓN DE JESÚS ATADO A LA COLUMNA.
¡Oh, María, ¡mar de dolores!, este Misterio te lo
ofrecemos en memoria del inmenso dolor que tuviste, viendo desnudo y azotado
cruelmente al Hijo de tus entrañas; por Él te suplicamos que intercedas para
que nuestro(a) hermano(a) N… y todos aquellos que se encuentran en el Purgatorio,
sean liberados de sus sufrimientos. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.
TERCER
MISTERIO DOLOROSO:
LA
CORONACIÓN DE ESPINAS DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.
¡Oh, María, ¡rosa entre espinas!, este Misterio te
lo ofrecemos en desagravio por el dolor que tuviste viendo a tu Hijo, afectado
y coronado de espinas; te suplicamos que, por este dolor, nuestro (a) hermano
(a) N… y los que se encuentran en el purgatorio, sean, por tu intercesión, libres
de las penas que padecen y coronados en la Gloria. Te lo pedimos por Jesucristo
nuestro Señor. Amén.
CUARTO
MISTERIO DOLOROSO:
JESÚS CARGA CON LA CRUZ A CUESTAS RUMBO AL MONTE CALVARIO.
¡Oh, María, traspasada de dolor en la calle de la
amargura, por encontrar en ella a tu inocente Hijo, ¡sentenciado a muerte y
agobiado con el grave peso de la cruz!, este Misterio te lo ofrecemos
suplicándote que nuestro (a) hermano (a) N… y aquellos que están en el
purgatorio, por tus ruegos ante Jesucristo, sean libres de la cruz de penas que
padecen. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
QUINTO
MISTERIO DOLOROSO:
LA CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
¡Oh desconsolada Reina, afligida Madre, desamparada
Virgen!, este Misterio te lo ofrecemos para que intercedas ante tu Hijo, que
nos redimió con su muerte, a fin de que nuestro (a) hermano (a) N… y todos
aquellos que están purificándose en el purgatorio se vean aliviados por Su
sangre. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
MISTERIOS LUMINOSOS
PRIMER
MISTERIO LUMINOSO:
EL BAUTISMO DE JESÚS EN EL RÍO JORDÁN.
¡Oh, María, dulcísima, ¡consuelo de las almas!, este
Misterio te lo ofrecemos por la alegría que nos da el sabernos Hijos de Dios y
herederos de su misericordia. Te suplicamos que el alma de nuestro(a)
hermano(a) N… y aquellas almas que están en el purgatorio, regresen alegres a
la casa del Padre, en donde disfrutarán de la vida plena por siempre. Te lo
pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
SEGUNDO
MISTERIO LUMINOSO:
LA AUTORREVELACIÓN DE JESÚS EN LAS BODAS DE CANÁ.
¡Oh, María, dulcísima, ¡consuelo de las almas!, este
Misterio te lo ofrecemos por la tranquilidad y la esperanza que nos da el saber
que, en compañía de tu Hijo Jesús, siempre estás cerca de nosotros para
sostenernos y ayudarnos cuando más lo necesitamos. Te suplicamos que el alma de
nuestro(a) hermano(a) N… y todas aquellas que están en el purgatorio sean
bendecidas con la dicha de disfrutar de la Vida Eterna. Te lo pedimos por
Jesucristo nuestro Señor. Amén.
TERCER
MISTERIO LUMINOSO:
JESÚS ANUNCIA EL REINO DE DIOS Y NOS INVITA A TODOS A LA
CONVERSIÓN.
¡Oh, María, dulcísima, ¡consuelo de las almas!, este
Misterio te lo ofrecemos en agradecimiento por habernos dado al Hijo de Dios
que nos trae una vida nueva y digna para todos. Te suplicamos que el alma de
nuestro(a) hermano(a) N… y todas aquellas que están en el purgatorio disfruten
en plenitud de esa vida, de ese Reino que Jesús vino a anunciarnos. Te lo
pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
CUARTO
MISTERIO LUMINOSO:
LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS EN EL MONTE TABOR
¡Oh, María,
dulcísima, ¡consuelo de las almas!, este Misterio te lo ofrecemos por la
esperanza que tenemos de que, después de haber cumplido fielmente nuestra
misión en esta vida, también contemplaremos cara a cara a tu Hijo Jesús; te
suplicamos que el alma de nuestro(a) hermano(a) N… y todas aquellas que están
en el purgatorio contemplen ya a nuestro Señor como los apóstoles lo hicieron
en el monte Tabor. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
QUINTO
MISTERIO LUMINOSO:
LA INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA COMO EXPRESIÓN SACRAMENTAL
DEL MISTERIO PASCUAL.
¡Oh, María,
dulcísima, ¡consuelo de las almas!, este Misterio te lo ofrecemos por el
agradecimiento que sienten nuestros corazones al saber que tu Hijo se ha
quedado con nosotros en la Eucaristía; te suplicamos que el alma de nuestro(a)
hermano(a) N… y todas aquellas que están en el purgatorio, que ya desde esta
vida se alimentaron del Pan que da la Vida Eterna, vivan para siempre en la
presencia de nuestro Padre Celestial. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro
Señor. Amén.
MISTERIOS GLORIOSOS
Primer
Misterio Glorioso:
LA RESURRECCIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
¡Oh, María, ¡alegría de los justos y consuelo de los
pecadores!, este Misterio te lo ofrecemos en memoria de la alegría que tuviste
al ver resucitado y glorioso a tu Santísimo Hijo: suplicándote, que, así como,
con la resurrección de Jesús, se alegraron todos los seres creados, así merezca
nuestro (a) hermano (a) N… y todos los que se encuentran en el purgatorio, la
resurrección eterna. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén
Segundo
Misterio Glorioso:
LA ASCENSIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
¡Oh, María, madre de Dios, llena de gozo en la
subida a los cielos de tu Santísimo Hijo, ¡en compañía de todos los que Él
redimió con su gloriosa resurrección!, este Misterio te lo ofrecemos,
suplicándote que nuestro (a) hermano (a) N… y aquellos que están en el
purgatorio, progresen, por tus ruegos ante Jesucristo, a la pascua Eterna. Te
lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Jesús
TERCER
MISTERIO GLORIOSO:
Jesús glorificado junto al Padre, envía al Espíritu Santo
sobre los apóstoles y su Santísima Madre la Virgen María.
¡Oh, María, ¡dulce esposa del Espíritu Santo!, este
Misterio te lo ofrecemos por el gozo que tuviste cuando bajó el Divino Espíritu
sobre ti y sobre todos los apóstoles, para que al ausentarse Jesús no
quedáramos huérfanos, suplicamos tu intercesión para que el Espíritu de Cristo
resucite a nuestro (a) hermano (a) N… y a todos los que están purificando su
pecado en el purgatorio. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
Cuarto Misterio
Glorioso:
LA
ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA EN CUERPO Y ALMA AL CIELO
¡Oh dichosa María!, ¡que entregaste tu espíritu en
la hora de la muerte, en manos de tu Hijo Jesucristo, y después unido al
cuerpo, resucitaste gloriosa!, este Misterio te lo ofrecemos, a fin de que
intercedas ante tu Hijo Jesucristo, para que nuestro (a) hermano (a) N… y los
que están en el purgatorio, resuciten y lleguen a la vida verdadera. Te lo
pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén Jesús
Quinto
Misterio Glorioso:
LA
CORONACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA COMO REINA DEL CIELO Y DE LA TIERRA.
¡Oh soberana Virgen María, Madre de Dios, que,
resucitada en cuerpo y alma, ¡fuiste sublimada a la gloria y coronada como
Emperatriz de los ángeles y de los hombres!, este Misterio te lo ofrecemos,
suplicándote que el alma de nuestro (a) hermano (a) N… y las demás del
purgatorio merezcan por tus ruegos ser libres de las penas que padecen, para
que sean coronadas de gloria, y que en compañía de tu Santísimo Hijo te amen
por todos los siglos. Amén. Jesús
• María, Madre de Gracia, Dulce Madre de
Misericordia,
Todos:
En la vida y en la muerte, defiéndenos gran Señora.
• Por tu limpia concepción ¡oh! Soberana
Princesa,
Todos:
Una muy grande pureza te pido de corazón, que las almas no se pierdan ni mueran
sin confesión.
• Oh Jesús mío, perdona nuestros
pecados, líbranos del fuego del infierno y lleva al cielo a todas las almas,
Todos:
Perdona y socorre especialmente a nuestro hermano(a)_________________y a las
más necesitadas de tu Divina Misericordia. Amén. (Oración de Fátima).
• Oh Jesús mío, Redentor amorosísimo de
todas las almas, mira con benignos ojos el alma de tu hijo(a) ______________
Todos: por el cual has
muerto, derramando tu preciosísima sangre y recibiendo dolor, tormento y muerte
de cruz para redimir su alma Amén.
• Por estas almas sin cesar, le pido a
Dios que, por sus obras buenas,
Todos:
Que Dios las saque de pena y las lleve a descansar.
• Si con tu Sangre Preciosa Señor, esta
alma la has redimido,
Todos:
Que la perdones te pido, por tu pasión dolorosa.
• Madre llena de dolor haz que cuando
expiremos,
Todos:
Nuestras almas entreguemos en las manos del Señor.
• Virgen del Monte Carmelo, con tu
Escapulario Santo,
Todos:
Cúbrelo(a) con tu manto y llévalo(a) para el cielo, para que su alma descanse
en paz.
• Virgen María, Madre de Dios,
Todos:
Rogad a Jesús por él (ella).
• De las puertas del infierno,
Todos:
Libra su alma Señor.
• Dale Señor el descanso eterno
Todos:
Y brille para él (ella) la luz perpetua.
Que el alma de nuestro
hermano (a) y siervo tuyo __________ y las demás del purgatorio por la
Misericordia de Dios descansen en paz.
Así
sea.
ORACIONES
Oh
Soberano Santuario, Sagrario del Verbo eterno,
Todos: Virgen libra del
infierno, a los que rezan tu Santo Rosario.
Emperatriz
poderosa, de los mortales, consuelo,
Todos: Ábrenos Virgen
el Cielo con una muerte dichosa y danos pureza de alma tú que eres tan
poderosa.
Padre nuestro…
Dios te salve, María
Santísima, Hija de Dios Padre, Virgen Purísima y castísima antes del parto.
En tus manos encomendamos nuestra fe para que la ilumines y el alma de nuestro (a) hermano (a) N… para
que la salves. Llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita Tú eres,
entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa
María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en
la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María
Santísima, Madre de Dios Hijo, Virgen Purísima y castísima en el parto. En
tus manos encomendamos nuestra esperanza, para que la alientes y el alma de nuestro (a) hermano (a) N… para
que la salves. Llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita Tú eres,
entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa
María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en
la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María
Santísima, Esposa de Dios Espíritu Santo, Virgen Purísima y
castísima después del parto. En tus manos encomendamos nuestra caridad para que
la inflames y el alma de nuestro (a)
hermano (a) N… para que la salves y nuestras necesidades para que las remedies
Llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita Tú eres, entre todas las
mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa
María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en
la hora de nuestra muerte. Amén.
Dios te salve, María
Santísima, Hija de Dios Padre, Madre de Dios, Hijo y Esposa de Dios Espíritu
Santo,
Templo, Trono y Sagrario de la Santísima Trinidad. Virgen concebida sin la
culpa del pecado original como madre te rogamos que nos mires con piedad y
cubras a tu hijo (a) ________ con tu manto santo.
SALVE
Dios
te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra;
Dios te salve, a Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos,
gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada
nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este
destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
Oh
clemente, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María. Ruega por nosotros, y por
tu hijo(a) ____________ Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar
las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.
¡Oh
Jesús, Oh María, salud y felicidad de todos los fieles! Desde lo profundo de
sus miserias a ustedes se vuelven las desconsoladas almas del purgatorio e
imploran el beneficio de tu sangre, oh Jesús y el fruto de tu dolor, Oh María
esta sangre, estos dolores que fueron de tanta eficacia la primera vez en el
calvario, y que rompieran todo el lazo de iniquidad en el mundo, libren de sus
penas a las almas del purgatorio, y por los méritos de tan preciosa sangre sean
salvadas de tan acerbos dolores y conducidas libres al cielo aquellas pobres
prisioneras y especialmente el alma de N.
N. por la cual te pedimos con todo fervor de nuestro espíritu.
Pidamos
a la Virgen María que interceda por el alma de nuestro hermano(a) _______________
y por quienes se están purificando en el purgatorio, así como por los que aún
vivimos, para que alcancemos de Dios la resignación, el consuelo y la paz;
invocándola con los títulos más bellos, que, durante siglos, el pueblo
cristiano ha ido descubriendo en su honor.
LETANÍAS A LA SANTÍSIMA
VIRGEN MARÍA
Señor,
ten piedad de él (ella)
Señor, ten piedad de él
(ella)
Cristo,
ten piedad de él (ella)
Cristo, ten piedad de
él (ella)
Señor,
ten piedad de él (ella)
Señor, ten piedad de él
(ella)
Cristo
óyenos
Cristo óyenos
Cristo
escúchanos
Cristo escúchanos
Padre
celestial que eres Dios, (ten piedad de
él [ella])
Hijo
redentor del mundo que eres Dios (ten
piedad de él [ella])
Espíritu
Santo que eres Dios, (ten piedad de él
[ella])
Santísima
Trinidad, que eres un solo Dios, (ten
piedad de él [ella])
Santa
María, Ruega por él (ella)
Santa Madre
de Dios
Santa Virgen
de las Vírgenes
Madre de
Cristo
Madre de la
Iglesia
Madre de la
Misericordia
Madre de la
Divina Gracia
Madre de
esperanza
Madre
purísima
Madre
castísima
Madre siempre
Virgen
Madre
inmaculada
Madre amable
Madre
admirable
Madre del
buen consejo
Madre del
Creador
Madre del
Salvador
Virgen
prudentísima
Virgen digna
de veneración
Virgen digna
de alabanza
Virgen
poderosa
Virgen
clemente
Virgen
misericordiosa
Virgen fiel
Ideal de
santidad
Trono de
sabiduría
Causa de
nuestra alegría
Templo del
Espíritu Santo
Obra maestra
de la gracia
Modelo de entrega
a Dios
Vaso
espiritual
Vaso digno de
honor
Vaso de
insigne devoción
Vaso precioso
de la gracia
Rosa escogida
Rosa Mística
Fuerte como
la torre de David
Hermosa como
torre de marfil
Casa de oro
Arca de la
Nueva Alianza
Puerta del
cielo
Estrella de
la mañana
Salud de los
enfermos
Refugio de
los pecadores
Consuelo de
los migrantes
Consoladora
de los tristes y afligidos
Auxilio de los cristianos
Reina de los
Ángeles
Reina de los
Patriarcas
Reina de los
Profetas
Reina de los
Apóstoles
Reina de los
Mártires
Reina de los
confesores de la fe
Reina de las
Vírgenes
Reina de
todos los Santos
Reina
concebida sin pecado original
Reina llevada
al cielo
Reina de las
misiones
Reina del
Santo Rosario
Reina de la
Familia
Reina de la
paz
Cordero
de Dios que quitas los pecados del mundo,
Perdónalo (a), Señor.
Cordero
de Dios que quitas los pecados del mundo,
Escúchalo (a), Señor.
Cordero de Dios que
quitas los pecados del mundo,
Ten piedad y
misericordia de su alma.
Oremos: Padre de bondad,
en tus manos encomendamos el alma de nuestro (a) hermano (a) N.N.; dígnate
llevarlo (a) al lugar de la luz y de la paz, para que tenga parte en la
Asamblea de tus Santos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.
BAJO TU AMPARO
Bajo
tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las súplicas que te
dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos de todos los peligros,
oh Virgen Gloriosa y Bendita. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que
seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
ORACIÓN
¡Oh
Dios, que concedes el perdón de los pecados y quieres la salvación de los
hombres. Imploramos tu clemencia para que por la intercesión de la
Bienaventurada siempre Virgen María y por la de todos los santos, hagas que
llegue a participar de la eterna bienaventuranza todos nuestros hermanos,
parientes y fieles difuntos, que han pasado de esta vida a la otra. Por nuestro
Señor Jesucristo, tu divino Hijo. Amén.
ORACIÓN
Rogamos,
Señor, infundas tu gracia en nuestros corazones para los que conocimos la
Encarnación de tu Hijo, anunciado por el ángel, por su pasión y su cruz seamos
llegados a la gloria de la Resurrección. Por el mismo Jesucristo, Nuestro
Señor. Amén.
ORACIÓN DEL SANTO
SUDARIO.
Señor
Jesucristo, que nos dejaste las señales de tu Pasión en la sábana santa, en la
cual fue envuelto tu cuerpo santísimo cuando por José y Nicodemo fuiste bajado
de la cruz: concédenos, oh Señor, oh piadosísimo Señor, que por tu muerte y
sepultura santa, y por los dolores y angustias de tu Santísima Madre María,
Señora nuestra, sea llevada a descansar el alma de tu siervo (a) N… y todos los que están en el
purgatorio, a la gloria de tu resurrección, donde vives y reinas con Dios Padre
en la unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos. Amén
PETICIÓN DEL SANTO
ROSARIO.
Por
estos misterios santos de que hemos hecho recuerdo, te pedimos, ¡Oh María!, de
la Fe Santa el aumento, la exaltación de la Iglesia, del Papa el mejor acierto,
y de la Nación Mexicana, la unión y el feliz gobierno. Que el gentil conozca a Dios y el hereje vea
sus yerros, y que todos los pecadores tengamos arrepentimiento. Que los
cautivos cristianos sean libres del cautiverio. Goce puerto el navegante y dé
salud a los enfermos. Que en el Purgatorio logren las ánimas refrigerio, y que
este Santo ejercicio tenga efecto tan completo en toda la cristiandad, que
alcancemos por su medio, el ir a alabar a Dios y gozar de tu compañía en el
cielo. Amén.
ORACIÓN POR LAS ALMAS
DEL PURGATORIO
Vuelve,
oh dulce Jesús desde tu excelso trono tus ojos de clemencia hacia el seno
profundo de la cárcel del purgatorio, esposas tuyas son las que allí están
purificándose, ellas están marcadas con el sello de la Trinidad, son precio de
tu Sangre, son tierno objeto de tu amor. Un fuego terrible las acrisola, una
privación temporal de la vista de tu hermosura las aflige sobremanera y
suspiran con ansia por aquel feliz momento en que han de ir a unirse contigo.
Que
se apresure pues, ese instante tan dichoso, que salgan en breve a gozar de su
esposo amado; que tu Sangre preciosa las lleve al refrigerio; que tu gran
misericordia las conduzca al descanso; que en la perpetua paz brille sobre
ellas la eterna luz. Así Señor te lo pedimos, por aquella amarga hora en que
entregaste tu Santo Espíritu en manos de tu Eterno Padre. Amén.
ORACIÓN A CRISTO
CRUCIFICADO
Mírame,
Oh mi amado y buen Jesús, postrado ante tu soberana presencia, te ruego con el
mayor fervor, imprimas en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza y
caridad; verdadero dolor de mis pecados y propósitos firmes de jamás ofenderte,
mientras que yo, con todo el afecto, amor y compasión de que soy capaz, voy
contemplando tus cinco llagas, comenzado por aquello que dijo de ti, ¡oh mi
Dios!, el santo profeta David: Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden
contar todos mis huesos.
Dulcísimo
Jesús yo te adoro tus pies atravesados, úneme a tu cruz pues ves los descaminos
que lloro.
Te
adoro mi buen Jesús y por tus pies clavados dame pasos acertados para acercarme
a tu cruz.
Te
adoro Jesús, mi bien, y estas manos traspasadas que, a mis acciones erradas,
remedio pido, les des.
Te
adoro Jesús, mi Rey, y que por tus manos heridas sean mis obras dirigidas a
guardar siempre tu ley.
Te
adoro Jesús, mi amor, y por tu costado abierto haz que al mudo yo quede muerto
y tu cruz forme mi honor.
Para
acertar con el peso de mi salvación eterna, tu pie izquierdo llagado mi alma
rendida llega y se postra.
Jesús,
en el pie derecho tienes mi amor como seña, del camino de la vida, no permitas
que me tuerza.
Saludo,
Señor, la llaga de tu mano izquierda y en ella espero confiado que mi alma se
fortalezca.
En
la llaga que te abrí, yo, ingrato a la mano derecha, esconde Señor mis culpas
para verme libre de ellas.
Oficina
del amor, tu pecho herido se muestra, condúceme mi Jesús, para que yo entre por
esa puerta.
Padre
eterno, Soberano Señor, Dios Universal, envía a tus ángeles a sacar del
purgatorio el alma de tu siervo(a) ____________ por quien es mi intención
rogarte y te suplico que la presentes en tu gloria; yo te ruego Señor, que en
la parte le que faltare de satisfacer sus culpas, se los perdones por los
méritos y las penas de tu Hijo, mi redentor, y te ruego mi creador
misericordioso, me seas en mi juicio riguroso pero antes asístenos y no nos
dejes caer en la tentación, liberándonos de todo mal. Amén.
Todos: Te suplico
Señor, que el juicio que hiciste con las almas de tus siervos ya difuntos, sea
con misericordia y con las penas que se merecen por sus culpas, sean perdonadas
por tus méritos y en particular las almas que te encomiendo en estas oraciones,
por quienes es nuestra intención hacer estos santos ejercicios y súplicas.
Inmenso
Dios, de quien nos vienen los buenos y santos deseos, las santas inspiraciones,
los buenos consejos y obras justas, danos a tus siervos aquella paz que solo tú
puedes dar al mundo, para que nuestros corazones entregados a tus mandamientos,
con tu protección y amparo, se sosieguen las pasiones de nuestros vicios, por Jesucristo,
Señor Nuestro, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.
CANTOS (según sea lo
propio)
BENDITA SEA TU PUREZA
Bendita
sea tu Pureza y eternamente lo sea; pues todo un Dios se recrea en tan graciosa
belleza. A ti, celestial Princesa, Virgen Sagrada, María, yo te ofrezco en este
día, alma, vida y corazón. Mírame con compasión; no me dejes, madre Mía, ni de
noche ni de día por tu limpia concepción Oh Santísima María.
Dulce
María, Dulce encanto de mi amor, Dulce para el pecador, en aquella hora
postrera no me niegues tu semblante, mírame oh madre amante, que, aunque yo me
muera o virgen santa oh virgen madre de Dios nosotros ponemos la esperanza en
voz que gozaremos de tu compañía en el cielo. Amén.
POR EL SANTO PADRE,
PAPA LEON XIV
Por
el Papa León XIV, por su salud y sus intenciones, que Dios lo guarde, lo haga
feliz en la tierra y que lo proteja de las manos de sus enemigos visibles e
invisibles. Padre nuestro, Ave María y Gloria.
Oración a San Miguel
Arcángel.
San
Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la
perversidad y asechanzas del demonio, que Dios reprima su poder, es nuestra
humilde súplica; y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno,
con el Divino Poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan
dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén
Bendito y Alabado
Sea
por siempre bendito y alabado el Santísimo Sacramento del altar y la limpia y
purísima Concepción de María que fue concebida sin la mancha del pecado
original, desde aquel primer instante de su ser santísimo natural. Amén.
Ave maría Purísima, Sin
pecado concebida. (3)
Viva
Jesús, Viva María, Viva la Gracia, muera el pecado. Viva Jesús Sacramentado.
Que viva el Patriarca Glorioso Señor San José, Señor San Joaquín y Señora Santa
Ana, a quienes encomendamos nuestro corazón, cuerpo y alma, y el alma de
nuestro (a) hermano (a), ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
CONSAGRACIÓN A MARÍA
SANTÍSIMA.
Todos:
¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! Yo me ofrezco todo a ti, y en prueba de mi
filial afecto, te consagro en este día y para siempre, mis ojos, mis oídos, mi
lengua, mi corazón, en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, ¡Oh
Madre de bondad!, guárdame y defiéndeme como hijo y posesión tuya. Amén.
DULCE MADRE
Todos:
Contigo voy virgen pura y en tu poder voy confiado, pues yendo en ti amparado
mi alma volverá segura.
Dulce
Madre, no te alejes, tu vista de nosotros no apartes; ven con nosotros a todas
partes y solos nunca nos dejes y ya que nos amas tanto como verdadera madre haz
que nos bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén.
V/. Que el alma
de nuestro(a) hermano (a) __________ y las almas de todos los fieles difuntos,
por la misericordia de Dios, descansen en paz.
R/. Así sea.
V/. Señor, †
dales el descanso eterno.
R/. Y brille para él
(ella) la luz perpetua.
V/. Descansen
en paz.
R/. Amén.
El
socorro de Dios esté siempre con nosotros. Así
sea.
En
el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén
Canto final.
Entre tus manos.
Entre
tus manos, Está mi vida Señor;
Entre
tus manos, Pongo mi existir.
Hay que morir Para
vivir, Entre tus manos, Señor,
Confío mi ser.
Si
el grano de trigo no muere, Si no muere, sólo quedará; Pero si muere en
abundancia dará Un fruto eterno, que no morirá.
CANTOS
Lamento de las almas
Oíd
mortales piadosos. Ayudadnos a alcanzar.
Que Dios lo (la) saque
de penas. Y lo (la) lleve a descansar
PRIMER
MISTERIO
Oh
vosotros caminantes
Suspended,
oíd, parad
Bastará
solo el oírnos
A
mover vuestra piedad
Hoy
pide nuestra aflicción
Que
queráis cooperar
Que Dios lo (la) saque
de penas
Y nos lleve a descansar
No
hay dolor, tormento y pena
Martirio,
cruz ni aflicción
Que
pueda hacer la pintura
De
nuestra menor pasión
Solo
alivia nuestros males
De
vuestro amor esperar
Que Dios…
Aquí
estoy en purgatorio
De
fuego en cama tendido
Siendo
mi mayor tormento
La
ausencia de un Dios querido
Padezco
por merecer
Por
mí, no bastó a alcanzar
Que Dios…
SEGUNDO
MISTERIO
Ay
de mí, ay Dios severo
Ay
llama voraz, activa
Ay
bien merecido fuego
Ay
conciencia siempre viva
Ay
justicia que no acabas
Ay
cuando has de acabar
Que Dios…
Ay
culpa lo que me cuesta
No
imaginé tu fiereza
Pues
con tal tormento pago
Lo
que juzgué ligereza
Cielos,
piedad, basta cielos
Cuando
el día se ha de acabar
Que Dios…
Todo
lo que aquí padezco
Es
justo, santo y debido
Pues,
no se paga con menos
Haber
a un Dios ofendido
Si
es que yo pude ofenderle
¿Por
qué ahora no he de esperar?
Que Dios…
TERCER
MISTERIO
Padres,
hermanos, amigos
¿Dónde
está la caridad?
Favorecéis
a un extraño
¿Y
para mí no hay piedad?
Ea
venga una limosna
Siquiera
solo el rogar
Que Dios…
Hijo
ingrato que paseas
Tan
ricamente vestido
Y
a costa de mis sudores
Descansas
en tanto olvido
Mira
a tu padre (madre) quemándose
Ni
le quieren aliviar
Que Dios…
Quizá
en ti, no será arbitrio,
Sino
obligación de justicia,
Pues,
no cumples testamentos
Con
perezosa malicia
Abre
los ojos, despierta,
Paga
haciendo acelerar
Que Dios…
CUARTO
MISTERIO
Hermanos
en Jesucristo
Los
que oís estos suspiros
Si
queréis podéis sacarnos
De
estos lóbregos retiros
Con
sufragios, sacrificios
Y
con devoción orad.
Que Dios…
El
más alto sacrificio
Del
cordero inmaculado.
Es
eficaz remedio,
Para
purgar el pecado.
El
mérito de los santos
Pueden
también alcanzar.
Que Dios…
QUINTO
MISTERIO
María
de los dolores
Por
las penas que por ti sufrí
Tiene
mérito sobrado
En
el concepto de Dios.
Nos
falta lo que a ella le sobra
Pedidla
quiera mediar.
Que Dios…
Fieles
cristianos, amigos,
Dad
crédito a estos lamentos
Orad
bien. Afuera culpas
Para
huir de estos tormentos
Socorro,
piedad, alivio
Concluiremos
con gritar
Que Dios…
PARA DAR FIN AL ROSARIO
DE LAS ÁNIMAS
Perdón
oh Dios mío, perdón indulgencia
Perdón
y clemencia, perdón y piedad.
Perdón oh Dios mío,
perdón e indulgencia. Perdón y clemencia, perdón y piedad.
Pequé,
ya mi alma su culpa confiesa
Mil
veces me pesa de tanta maldad
Mil
veces me pesa de haberme obstinado.
Tu
pecho rasgado, oh suma bondad.
Yo
fui quien el duro, madero inclemente,
Te
puse pendiente con vil impiedad.
Mi
rostro cubierto, de llanto lo indica
Mi
lengua publica tan triste verdad.
Por
mí en el tormento, tu sangre vertiste
Y
prendas me diste de amor y humildad.
Por
mí, en el Calvario Tu sangre vertiste,
Y
en Cruz estuviste por mí, hasta expirar.
Y
yo en recompensa, pecado a pecado
Ha
copa he llenado de la iniquidad.
Más
ya arrepentido, Te busco lloroso,
Oh
Padre amoroso, ¡oh Dios de bondad!
Mi
humilde plegaria traspase las nubes,
¡Ardientes
Querubes, mis votos, llevad!
Mas
yo pesaroso, te busco y te llamo
Con
lágrimas clamo, prometo lealtad.
Opongo
a tu enojo te miro potente
La
virgen clemente su ruego y beldad
Señor,
triste vuelvo, buscando consuelo,
Pequé
contra el Cielo, pequé contra Ti.
¡Piedad!
Fiel prometo, oh Dios de clemencia,
Hacer
penitencia y no pecar nunca más.
Tus
brazos amantes estrécheme al cuello
Firmísimo
sello de estrecha amistad
EL ALABADO
Alabado
y ensalzado
Sea el Divino
Sacramento
En que Dios oculto existe
de
las almas el sustento.
Y
la limpia concepción
de la Reina de los
Cielos,
Que quedando virgen pura,
es
madre del Verbo Eterno.
Y
el glorioso San José,
electo por Dios inmenso
Para padre adoptivo,
de
su Hijo, el Divino Verbo.
Esto
es por todos los siglos
y de los siglos. Amén.
Amén Jesús y María;
Jesús,
María y José.
Madre
llena de dolor,
haced que cuando
expiremos
Nuestras almas entreguemos
en
las manos del Señor.
Quien
a Dios quiere seguir
y a su gloria quiere
entrar
Una cosa ha de sentir
y
de corazón decir.
Antes
que pecar, morir;
morir antes que pecar
Morir antes que pecar
es
verdadero vivir.
Oh
Dulcísimo Jesús,
yo te doy mi corazón
Para que estampéis en él
tu
santísima pasión.
Penitencia,
penitencia;
Penitencia, pecador
Penitencia, penitencia,
si
quieres tu salvación
Adorote
Santa Cruz,
puesta en el monte
Calvario
Donde murió mi Jesús,
de
pies y manos, clavados
Los
ángeles en el cielo
cantan con alegría
Y nosotros en la tierra
alabamos
a María
María,
flor de las flores,
madre del Verbo
humanado
Virgen, libra del infierno,
a
los que hacen tu rosario.
Los
misterios del Rosario
son de Jesús y María
Y todo el infierno
tiembla
al decir ¡Ave maría!
Y
con esto virgen pura,
trono de la Trinidad
Hasta mañana Señora,
si
la vida nos prestáis
Digamos
para dar gracias
a la Trinidad
Que es concebida María
sin
pecado original
Viva,
Viva San Miguel,
muera, muera Lucifer
Viva la Gracia Divina
y
el Patriarca San José
Oh
Dulcísima María,
Madre de mi redentor
Os suplico humildemente,
le
alcances el perdón.
ALABADO
Alabemos
y ensalcemos
al Dios Todopoderoso
Que se ha dignado amoroso
de
la nada, al mundo crear.
A
ese Dios, tres veces santo
en su augusta Trinidad,
Por toda la eternidad,
todos
debemos amar.
A
ese Dios que desde el cielo
es tan venturoso día
Hasta el seno de María
también
se dignó bajar.
Y
por su amor entrañable,
hombre se hizo
verdadero
Expirando en un madero
para
podernos salvar
Oh
amantísimo Jesús
sea bendito y alabado
Perdona padre adorado
al
mísero pecador
Hoy
has dispuesto que parta
esta alma a su viaje
eterno
De las puertas del infierno,
libértala,
gran Señor.
Es
la oveja descarriada
que, de su pastor,
perdido
Vuelve triste, arrepentida,
su
aprisco a reconocer
Recíbele,
pues, piadoso
y átalo con fuertes
lazos
De tus paternales brazos
no
se pueda desprender
Al
Padre eterno imploramos
por tu pasión afrentosa
Que no le sea rigurosa
esta
sentencia final
Y
al Espíritu Divino de amor,
de ambos procedente
La establezca eternamente
en
la patria celestial
Y
allí en unión de los santos,
llena de paz y alegría
Pueda con José y María,
la
Trinidad alabar.
Digan
todos, digan todos
con indecible contento
Bendito sea el Sacramento
Santísimo
del altar
Ave
María purísima,
sin pecado concebida.
ALABANZAS A LAS ALMAS
BENDITAS DEL PURGATORIO
Salgan,
salgan, ánimas de pena, que el Rosario Santo rompe sus cadenas.
Miren,
consideren, que también vendrán y estas tristes penas las padecerán
No
olvides allá al que con anhelo alivian sus penas amantes y tiernas
Con
un padre nuestro y un ave maría, tenemos descanso de tanta agonía
Hijo
muy amado, pariente y compadre, padrecito, madre, nos han olvidado
Oigan
nuestra voz que estamos pidiendo por amor de Dios nos están oyendo
Oigan
pues a Dios nos están pidiendo por amor a Dios nos están oyendo
Con
triste lamento nos están pidiendo alivio a las penas que están padeciendo
Nos
piden hermanos en llamas hundidos que los socorramos por verse afligidos.
Pedid
pues a Dios que él nos lleve al cielo y que todas juntas cantemos al eterno.
Oigan
nuestro llanto y nuestra agonía, el rosario santo, recen a María.
Al
profundo seno hoy con gran contengo, salen los hermanos de María en su seno
Gocen
de la vista del Dios verdadero, sus misericordias aquí cantaremos
Tenemos
descanso el día de finados y así todo el año somos olvidados
Hermano
querido, sobrino y ahijado, por qué tanto tiempo nos tienen olvidado
Príncipes
bizarros del palacio empíreo, libres van las almas de su cautiverio
Oh
coros celestiales para ninfos bellos, cantad pues, que suben moradores nuevos
Lúgubre
mansión es la que habitamos, pecamos y morimos, recordadlo hermanos.
Recordadlo
siempre con vivos dolores, pensar que sin justas las penas atroces.
A
Dios ofendieron y por eso lloran, mas ya por Jesús están perdonados.
El
fuego ardoroso los deja ya limpios y se ha terminado su largo martirio.
Quiénes
son los que salen del segundo seno. Las almas benditas para ir al cielo.
El
juicio final será formidable y entonces estable te he de remediar.
Pediré
a María te lleve a la gloria, cantarás victoria en su compañía.
Las
llamas nos queman por nuestros pecados, dad pues el descanso, hermanos amados,
Pidan
pues a Cristo con semblante tierno, conceda sea corto el ardiente fuego.
Estrellas
brillantes, hermoso lucero, planeta lúcido festejas a un tiempo.
Tú
Reina del cielo, jardín de azucenas, dadles el consuelo, sacadlas de penas.
Rogad
a vuestro hijo que cante victoria, para que lo alaben en su santa gloria.
María
les dará descanso y alivio y las llevará para el cielo empíreo.
La
sangre preciosa por vos derramada, las saque de pena y las lleve a la gloria
amada.
Almas
pues a Dios, a Dios pediremos que les dé descanso por siglos eternos.
Salgan,
salgan, salga, ánimas de penas, que el Rosario fuerte rompe sus cadenas
LEVÁNTATE ALMA
CRISTIANA
Levántate alma
cristiana,
Despierta que estás
dormida.
Que Dios te viene
buscando, (2)
Y a su gloria te
convida.
Este
es el último aviso,
No
te aguardes a mañana,
Pues
te dice Jesucristo: (2)
Levántate
alma cristiana.
Procura
mudar de vida,
Yo
soy tu Dios, tu Señor,
Despierta
si estás dormida, (2)
Que
te llamo con amor.
Ay
pecador hasta cuándo
Te
acercas a mi presencia
Vamos
a hacer penitencia (2)
Que
Dios te viene buscando.
Ven
aquí alma entretenida
En
ese pecado atroz
Que
te llama el mismo Dios (2)
Y
a su gloria te convida.
Deja
la ilusión profana
Donde
te ves sumergido
Vente,
vente arrepentido (2)
Levántate
alma cristiana.
Cuántas
veces divertida
Estarás
en el pecado
No
te entregues a los vicios (2)
Despierta
si estás dormida.
Es
preciso que llorando
Vengas
aquí arrepentido
Pecador
vente conmigo (2)
Que
Dios te viene buscando.
Si
vienes ya arrepentida
Despierta
si estás dormida
Que
Dios te llama a penitencia (2)
Y
a su gloria te convida
Oye
sonar la campana
Que
te llama muy veloz
Venid
pecador a Dios (2)
Levántate
alma cristiana.
Para
mi patria elegida
Llama
aquí penitente
Que
si vienes obediente (2)
Despierta
si estás dormida.
Vete
pues examinado
Para
que hagas confesión
Ven
aquí sin dilación (2)
Pues
Dios te viene buscando.
Dónde
están los escogidos
De
aquella patria lucida
Dios
te llama arrepentido (2)
Y
a su gloria te convida
Que
tenemos nuestra cruz
Para
alcanzar el perdón
Y
esa dulce invitación (2)
Nos
dice el dulce Jesús.
Si
queremos ser felices
Y
gozar de su presencia
Es
fuerza siempre cristiano (2)
El
que hagamos penitencia.
MÁS ALLÁ DEL SOL
Aunque
en esta vida, no tengo riquezas
Sé
qué allá en la gloria tengo mi mansión. Cual alma perdida, entre la pobreza De
mi Jesucristo, tuvo compasión
Más allá del sol. Más
allá del sol (2)
Yo tengo un hogar,
hogar bello hogar,
Más allá de sol
Y
así por el mundo, sigo caminando
De
pruebas rodeado y de tentación,
Sé
que Jesucristo que me está llamando
Me
llevará a salvo hasta su mansión,
A
todas las razas del linaje humano
Cristo
nos ofrece, plena salvación
También
una casa para cada hermano
Fue
a prepararnos en la Santa Sión
QUÉ ALEGRÍA CUANDO ME
DIJERON
¡Qué alegría cuando me
dijeron
Vamos a la casa del
señor
Ya que están pisando
nuestros pies
¡Tus umbrales
Jerusalén!
Jerusalén
está fundada Como ciudad bien compacta; Allá suben las tribus,
Las
tribus del señor.
Según
la costumbre de Israel, A celebrar el nombre del señor, En ella están los
tribunales de justicia, En el palacio de David
Desead
la paz a Jerusalén. Vivan seguros, los que te aman. Haya paz dentro de tus
muros. En tus palacios seguridad.
Por
mis hermanos y compañeros, Voy a decir, la paz contigo. Por la casa del señor
nuestro Dios, Te deseo todo bien.
LA BARCA
Tú
has venido a la orilla
No
has buscado a sabios, ni a ricos
Tan
solo quieres que yo te siga
Señor,
me has mirado a los ojos
Sonriendo,
has dicho mi nombre
En
la arena, he dejado mi barca
Junto
a ti, buscaré otro mar
Tú
sabes bien lo que tengo
En
mi barca, no hay oro, ni plata
Tan
solo redes y mi trabajo
Señor,
me has mirado a los ojos
Sonriendo,
has dicho mi nombre
En
la arena, he dejado mi barca
Junto
a ti, buscaré otro mar
Tú
necesitas mis manos
Mis
cansancios que a otros descansen
Amor
que quiero seguir amando
Señor,
me has mirado a los ojos
Sonriendo,
has dicho mi nombre
En
la arena, he dejado mi barca
Junto
a ti, buscaré otro mar
Tú
pescador de otros mares
Ansia
eterna de almas que esperan
Amigo
bueno que así me llamas
Señor,
me has mirado a los ojos
Sonriendo,
has dicho mi nombre
En
la arena, he dejado mi barca
Junto
a ti, buscaré otro mar
Tomado de la mano
TOMADO
DE LA MANO CON JESÚS YO VOY, LE SIGO COMO OVEJA QUE ENCONTRÓ AL PASTOR.
TOMADO
DE LA MANO CON JESÚS YO VOY, ADONDE ÉL VA.
[Repetir]
Si
Jesús me dice: "Amigo, deja todo y ven conmigo,
donde
todo es más hermoso y más feliz".
Si
Jesús me dice: "Amigo, deja todo y ven conmigo".
Yo
mi mano pondré en la suya e iré con ÉL.
Yo
te llevaré amigo, a un lugar conmigo,
donde
el sol y las estrellas aún brillan más.
Yo
te llevaré amigo, a un lugar conmigo,
donde
todo es más hermoso y más feliz.
María, mírame
María,
mírame. María, mírame
Si
Tú me miras, Él también me mirara
Madre
mía, mírame, De la mano llévame. Muy cerca de Él, Que ahí me quiero quedar
María,
cúbreme con tu manto
Que
tengo miedo, no sé rezar
Que
por tus ojos misericordiosos
Tendré
la fuerza, tendré la paz
Madre,
consuélame de mis penas
Es
que no quiero ofenderle más
Que
por tus ojos misericordiosos
Quiero
ir al cielo y verlos ya
María,
mírame
María,
mírame
Si
Tú me miras
Él
también me mirara
Madre
mía, mírame
De
la mano llévame
Muy
cerca de Él
Que
ahí me quiero quedar
En
sus brazos quiero
Descansar
Tuyo Soy
Yo
no soy nada y del polvo nací
Pero
tú me amas y moriste por mí
Ante
la cruz solo puedo exclamar
Tuyo
soy, tuyo soy
Toma mis manos, te pido
Toma mis manos, te amo
Toma mi vida, oh Padre
tuyo soy (2)
Cuando
de rodillas te miro, Jesús
Veo
tu grandeza y mi pequeñez
Que
puedo darte yo solo mi ser
Tuyo
soy, tuyo soy…
A
ti levanto mis ojos
A
TI LEVANTO MIS OJOS
A
TI QUE HABITAS EN EL CIELO
A
TI LEVANTO MIS OJOS
PORQUE
ESPERO TU MISERICORDIA.
Como están los ojos de los esclavos
fijos
en las manos de sus señores,
así
están nuestros ojos en el Señor,
esperando
su misericordia.
Misericordia,
Señor, Misericordia,
que
estamos saciados de burlas;
Misericordia,
Señor, Misericordia,
que
estamos saciados de desprecios.
Nuestra
alma está saciada
del
sarcasmo de los satisfechos,
nuestra
alma está saciada
del
desprecio de los orgullosos.
Yo soy el pan de vida
Yo
soy el Pan de Vida
El
que viene a mí no tendrá hambre
El
que crea en mí no tendrá sed
Nadie
viene a mí, si el Padre no lo llama
Yo lo resucitaré (3) En
el día final
El
Pan que Yo les daré
Es
mi Cuerpo, vida para el mundo (Vida del mundo)
El
que siempre coma de mi Carne (El que coma de mi carne)
Tendrá
vida eterna (Tendrá vida eterna)
Tendrá
vida eterna
Mientras
tú no comas
El
cuerpo del Hijo del Hombre
Y
bebas de su sangre
Y
bebas de su sangre
No
tendrá vida Él en Ti
Yo
soy la resurrección (Resurrección)
Yo
soy la vida (Yo soy la vida)
El
que crea en mí (El que cea en mí)
(Tendrá
vida eterna) aunque muera
Tendrá
vida eterna
Si,
Señor, yo creo,
Que
Tú eres el Cristo
El
Hijo de Dios
Que
vino al mundo
Para
salvarnos
JUNTOS COMO HERMANOS
Juntos
como hermanos, miembros de una Iglesia, vamos caminando al encuentro del Señor.
–
Un largo caminar, por el desierto bajo el sol, no podemos avanzar sin la ayuda
del Señor.
–
Unidos al rezar, unidos en una canción, viviremos nuestra fe, con la ayuda del
Señor.
–
La Iglesia en marcha está, aun mundo nuevo vamos ya, donde reinará el amor,
donde reinará la paz.
CRISTO TE NECESITA PARA
AMAR
Cristo te necesita para
amar, para amar Cristo te necesita para amar.
No
te importe la raza ni el color de la piel, Ama a todos como hermanos y haz el
bien.
Al
que sufre y al triste dale amor, dale amor Al humilde y al pobre dale amor.
Al
que vive a tu lado dale amor, dale amor, Al que viene de lejos dale amor.
Al
que habla otra lengua dale amor, dale amor Al que piensa distinto dale amor.
Al
amigo de siempre dale amor, dale amor Al que no te saluda dale amor.
Vaso Nuevo
Gracias
quiero darte por amarme
Gracias
quiero darte yo a ti Señor
Hoy
soy feliz porque te conocí
Gracias
por amarme a mí también
Yo
quiero ser, Señor amado
Como
el barro en manos del alfarero
Toma
mi vida hazla de nuevo
Yo
quiero ser, yo quiero ser
un vaso nuevo
Te
conocí y te amé
Te
pedí perdón y me escuchaste
Si
te ofendí perdóname Señor
Pues
te amo y nunca te olvidare
Yo
quiero ser, Señor amado
Como
el barro en manos del alfarero
Toma
mi vida hazla de nuevo
Yo
quiero, yo quiero ser
un
vaso nuevo
Coronilla por las almas del Purgatorio
(para rezar en comunidad)
Rezamos esta coronilla por
las almas del Purgatorio, en memoria de las 40 horas que nuestro Señor
Jesucristo estuvo en los infiernos después de la muerte, en sufragio de las
benditas almas del Purgatorio, y por el alma de algún difunto en particular,
para que el Señor se digne libertarlas lo más presto, de sus penas.
Señal de la Cruz
Presentamos la intención de
librar almas del Purgatorio en especial por los difuntos N. N.
Credo. Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del Cielo y de la
tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor Jesucristo,
Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios,
Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la
misma naturaleza que el Padre, por quien todo fue hecho; que, por nosotros los
hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo
se encarnó María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue
crucificado en tiempos de Poncio Pilato: padeció y fue sepultado, y resucitó al
tercer día, según las Escrituras y subió al cielo y está sentado a la derecha
del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su
reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que
procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma
adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es
una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el
perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del
mundo futuro. Amén
Padre Nuestro
3 Ave María
Gloria
V. Dios, ve y ayúdales
R. Señor, ve y ayúdales
V. Señor, concédeles el
descanso eterno
R. Y que la luz perpetua ilumine sobre ellos
V. Descansen en paz. Amén.
Primer misterio
Consideremos en este primer
misterio el vivísimo deseo con el cual las almas del Purgatorio estaban
esperando el feliz momento de ser consoladas en aquella dolorosa cárcel con la
vista del Redentor después de su muerte, y pensemos que las almas que al presente
se encuentran entre aquellas atrocísimas llamas, están esperando con igual
deseo de nuestra piedad una abundante copia de sufragios, que puedan hacerlas
felices para siempre.
Pidamos, por tanto, al Señor
y a la Santísima Virgen que concedan tanta eficacia a nuestras oraciones, que
puedan plenamente satisfacer sus deseos.
En cada cuenta grande rezamos un Padre Nuestro
En cada cuenta pequeña: Padre Eterno,
yo te ofrezco la Preciosísima Sangre de Tu Divino Hijo Jesús, en unión con las
misas celebradas hoy día a través del mundo por todas las benditas ánimas del
purgatorio. Amén.
Por todos los pecadores del mundo, por los pecadores
en la Iglesia universal, por aquellos en mi propia casa y dentro de mi familia.
Al final de cada decena:
Sagrado Corazón de Jesús, abre el corazón y la mente de los pecadores
a la verdad y la luz de Dios Padre.
Inmaculado Corazón de María, ruega por la conversión de los pecadores
y del mundo entero.
Gloria
Segundo misterio
Consideremos este segundo
misterio la dulce sorpresa que experimentaron las almas del Purgatorio, cuando
al aparecerse en medio de ellas el Redentor, vieron extinguirse el fuego que
las abrazaba, y cesar todas las penas que por tanto tiempo las habían atormentado;
y pensemos, que, con nuestros sufragios, podemos también nosotros apagar
aquellas llamas tan ardientes, y poner fin a aquellas penas que tan cruelmente
las atormentan.
Pidamos, por tanto, al Señor
y a la Santísima Virgen que concedan tanta eficacia a nuestras oraciones, que
produzcan el mismo efecto.
En cada cuenta grande rezamos un Padre Nuestro
En cada cuenta pequeña: Padre Eterno,
yo te ofrezco la Preciosísima Sangre de Tu Divino Hijo Jesús, en unión con las
misas celebradas hoy día a través del mundo por todas las benditas ánimas del
purgatorio. Amén.
Por todos los pecadores del mundo, por los pecadores
en la Iglesia universal, por aquellos en mi propia casa y dentro de mi familia.
Al final de cada decena:
Sagrado Corazón de Jesús, abre el corazón y la mente de los pecadores
a la verdad y la luz de Dios Padre.
Inmaculado Corazón de María, ruega por la conversión de los pecadores
y del mundo entero.
Gloria
Tercer Misterio
Consideremos en este tercer
misterio, el sumo consuelo que sintieron las almas del Purgatorio cuando vieron
disiparse por el Redentor las tinieblas de aquella profunda prisión, y
resplandecer cada una de ellas con tanta luz, que no quedó mancha alguna en
ellas de sus antiguas culpas, y pensemos que con nuestros sufragios podemos
también nosotros disipar aquellas tinieblas, y purificar aquellos espíritus
hasta borrar toda mancha, y satisfacer la deuda de tus pasados defectos.
Pidamos por tanto al Señor y
a la Santísima Virgen que concedan tanta eficacia a nuestras oraciones, que
puedan hacerlas perfectamente dignas de los ojos de Dios.
En cada cuenta grande rezamos un Padre Nuestro
En cada cuenta pequeña: Padre Eterno,
yo te ofrezco la Preciosísima Sangre de Tu Divino Hijo Jesús, en unión con las
misas celebradas hoy día a través del mundo por todas las benditas ánimas del
purgatorio. Amén.
Por todos los pecadores del mundo, por los pecadores
en la Iglesia universal, por aquellos en mi propia casa y dentro de mi familia.
Al final de cada decena:
Sagrado Corazón de Jesús, abre el corazón y la mente de los pecadores
a la verdad y la luz de Dios Padre.
Inmaculado Corazón de María, ruega por la conversión de los pecadores
y del mundo entero.
Gloria
Cuarto Misterio
Consideremos en este cuarto
misterio el inmenso regocijo de que fueron poseídas las almas del Purgatorio,
cuando fueron libertadas por el divino Redentor, de aquel abismo de dolores,
llevadas gloriosamente al Reino bienaventurado, y pensemos que también nosotros
podemos librarlas de aquella horrenda prisión, y hacerlas felices para siempre
en la Gloria celestial; roguemos por tanto al Señor y a la Santísima Virgen que
concedan tanta eficacia a nuestras oraciones que puedan abrir las puertas del
Purgatorio, e introducirlas en el suspiradísimo gozo del Paraíso.
En cada cuenta grande rezamos un Padre Nuestro
En cada cuenta pequeña: Padre Eterno,
yo te ofrezco la Preciosísima Sangre de Tu Divino Hijo Jesús, en unión con las
misas celebradas hoy día a través del mundo por todas las benditas ánimas del
purgatorio. Amén.
Por todos los pecadores del mundo, por los pecadores
en la Iglesia universal, por aquellos en mi propia casa y dentro de mi familia.
Al final de cada decena:
Sagrado Corazón de Jesús, abre el corazón y la mente de los pecadores
a la verdad y la luz de Dios Padre.
Inmaculado Corazón de María, ruega por la conversión de los pecadores
y del mundo entero.
Gloria
Quinto misterio.
Por nuestras propias
intenciones. Lo ofrecemos por los difuntos de nuestra por nuestros ancestros,
nuestra familia, Parentela, amigos y conocidos.
En cada cuenta grande rezamos un Padre Nuestro
En cada cuenta pequeña: Padre Eterno,
yo te ofrezco la Preciosísima Sangre de Tu Divino Hijo Jesús, en unión con las
misas celebradas hoy día a través del mundo por todas las benditas ánimas del
purgatorio. Amén.
Por todos los pecadores del mundo, por los pecadores
en la Iglesia universal, por aquellos en mi propia casa y dentro de mi familia.
Al final de cada decena:
Sagrado Corazón de Jesús, abre el corazón y la mente de los pecadores
a la verdad y la luz de Dios Padre.
Inmaculado Corazón de María, ruega por la conversión de los pecadores
y del mundo entero.
Gloria
Oración al concluir los misterios
¡Oh Jesús, oh María,
esperanza, salud y felicidad de todos los fieles! desde el profundo abismo de
sus miserias a vosotros se vuelven las benditas almas del Purgatorio, e
imploran el beneficio de Tu Sangre, ¡oh Jesús! y el grito de vuestros dolores,
¡oh María! Esta sangre, estos dolores que fueron de tanta eficacia la primera
vez en el Calvario, que libraron a todo el mundo de toda iniquidad, libren de
sus penas a las almas del purgatorio, y por los méritos de sangre tan preciosa
y de dolores tan acerbos, sean conducidas salvas al Cielo aquellas prisioneras
infelices (y en particular el alma de “nombre de la persona”) por las cuales os
pedimos con todo el fervor de nuestro espíritu.
Letanías a la Santísima
Virgen
Señor, ten piedad
Señor, ten piedad
Cristo, ten piedad
Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad
Señor, ten piedad
Cristo, óyenos
Cristo, óyenos
Cristo, escúchanos
Cristo, escúchanos
Dios, Padre celestial,
Ten piedad de nosotros
Dios, Hijo, Redentor del
mundo
Ten piedad de nosotros
Dios, Espíritu Santo,
Ten piedad de nosotros
Santísima Trinidad, un solo
Dios,
Ten piedad de nosotros
Santa María, ruega por
nosotros.
Santa Madre de Dios, ruega
por nosotros.
Santa Virgen de las Vírgenes,
ruega por nosotros.
Madre de Cristo, ruega por
nosotros.
Madre de la Iglesia, ruega
por nosotros.
Madre de misericordia, ruega
por nosotros.
Madre de la divina gracia,
ruega por nosotros.
Madre de esperanza, ruega por
nosotros.
Madre purísima, ruega por
nosotros.
Madre castísima, ruega por
nosotros.
Madre siempre virgen, ruega
por nosotros.
Madre inmaculada, ruega por
nosotros.
Madre amable, ruega por
nosotros.
Madre admirable, ruega por
nosotros.
Madre del buen consejo, ruega
por nosotros.
Madre del Creador, ruega por
nosotros.
Madre del Salvador, ruega por
nosotros.
Virgen prudentísima, ruega
por nosotros.
Virgen digna de veneración,
ruega por nosotros.
Virgen digna de alabanza,
ruega por nosotros.
Virgen poderosa, ruega por
nosotros.
Virgen clemente, ruega por
nosotros.
Virgen fiel, ruega por
nosotros.
Espejo de justicia, ruega por
nosotros.
Trono de la sabiduría, ruega
por nosotros.
Causa de nuestra alegría,
ruega por nosotros.
Vaso espiritual, ruega por
nosotros.
Vaso digno de honor, ruega
por nosotros.
Vaso de insigne devoción,
ruega por nosotros.
Rosa mística, ruega por
nosotros.
Torre de David, ruega por
nosotros.
Torre de marfil, ruega por
nosotros.
Casa de oro, ruega por
nosotros.
Arca de la Alianza, ruega por
nosotros.
Puerta del cielo, ruega por
nosotros.
Estrella de la mañana, ruega
por nosotros.
Salud de los enfermos, ruega
por nosotros.
Refugio de los pecadores,
ruega por nosotros.
Consuelo de los migrantes,
ruega por nosotros.
Consoladora de los afligidos,
ruega por nosotros.
Auxilio de los cristianos,
ruega por nosotros.
Reina de los Ángeles, ruega
por nosotros.
Reina de los Patriarcas,
ruega por nosotros.
Reina de los Profetas, ruega
por nosotros.
Reina de los Apóstoles, ruega
por nosotros.
Reina de los Mártires, ruega
por nosotros.
Reina de los Confesores,
ruega por nosotros.
Reina de las Vírgenes, ruega
por nosotros.
Reina de todos los Santos,
ruega por nosotros.
Reina concebida sin pecado
original, ruega por nosotros.
Reina asunta a los Cielos,
ruega por nosotros.
Reina del Santísimo Rosario,
ruega por nosotros.
Reina de la familia, ruega
por nosotros.
Reina de la paz, ruega por
nosotros.
Cordero de Dios, que quitas
el pecado del mundo,
Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas
el pecado del mundo,
Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas
el pecado del mundo,
Ten misericordia de nosotros.
Oración final
¡Oh Dios! que concedéis el
perdón de los pecados, y queréis la salvación de los hombres, imploramos
vuestra clemencia, para que por la intercesión de la bienaventurada siempre
Virgen María, y por la de todos los santos, hagáis que lleguen a participar de
la eterna bienaventuranza todos nuestros hermanos, parientes y bienhechores
difuntos, que han pasado de esta vida a la otra. Por nuestro Señor Jesucristo,
Tu Hijo, Amén.
Santa Gertrudis recibió esta
oración de manos del Señor, quien le dijo que cada vez que la rezara podría
liberar 1000 almas del purgatorio. (En
total 50 mil almas por persona que realice la coronilla).
Cómo rezar la Coronilla de
santa Gertrudis
Jesús a Sta. Gertrudis:
“Nada me da tanta delicia
como el corazón del hombre, del cual muchas veces soy privado. Yo tengo todas
las cosas en abundancia, sin embargo, cuanto se me priva del amor del corazón
del hombre”. Santa Gertrudis de Helfta (Eisleben, Alemania, 1256 – Helfta,
1302), fue una monja benedictina cisterciense y escritora mística, también
conocida como Gertrudis la Grande o Gertrudis Magna.
Los niveles del Purgatorio revelados a santa Brígida
El siguiente es un extracto
del capítulo 6, unido al capítulo 7 y 8 del libro número 4 de la Revelaciones
Celestiales de santa Brígida de Suecia,
en el cual le es revelado por un ángel importantes datos sobre el purgatorio y
sus niveles.
Sobre esas tinieblas está la
mayor pena del purgatorio que las almas pueden sufrir. Y más allá de este lugar
hay otro, donde se sufre la pena menor, que solamente consiste en falta de
fuerzas, de hermosura, y de otras cosas semejantes, como si uno después de una
grave enfermedad estuviera convaleciente con falta de fuerzas, y de todo lo que
suele acompañar a este estado de debilidad, hasta que poco a poco va volviendo
en sí.
Otro lugar hay superior a
esos dos, donde no se padece otra pena, sino la del deseo de ver a Dios y
gozarle. Y para que mejor lo entiendas, te voy a poner el ejemplo de un poco de
metal, que ardiese y se mezclase con oro en un fuego muy encendido, hasta que
se viniese a consumir todo el metal y quedara el oro puro.
Cuanto más fuerte y denso
fuera el metal, tanto más recio debería ser el fuego que se necesitase para
apartar el oro y consumir el metal. Viendo el artífice el oro purificado y
derretido como agua, lo echa en otra parte donde toma su verdadera forma a la
vista y al tacto, y luego lo saca de allí y lo pone en otro lugar para darlo a
su dueño.
Lo mismo sucede en esta
purificación espiritual. En el primer
lugar colocado sobre las tinieblas del infierno, es donde se sufre la mayor
pena del purgatorio, y en el cual viste padecer a aquella alma. Allí hay al
modo de venenosas sabandijas y animales feroces; hay calor y frío; hay
confusión y tinieblas procedentes de las penas del infierno, y unas almas
tienen allí mayor pena y tormento que otras, según que tenían hecha mayor o
menor satisfacción de sus pecados cuando salieron del cuerpo.
Luego la justicia de Dios
saca al alma a otros lugares, donde no hay sino falta de fuerzas, en los cuales
están detenidas hasta tener refrigerio y ayuda, o de sus amigos particulares, o
de los sacrificios y continuas buenas obras de la santa Iglesia; pues el alma
que mayores auxilios tiene, más pronto convalece y se libra de este lugar.
Desde allí va el alma al tercero, donde no hay más pena que el
deseo de llegar a la presencia de Dios, y de gozar de su visión beatífica.
En este lugar residen otros
muchos y por bastante tiempo, entre los que se encuentran aquellos que,
mientras vivieron en el mundo, no tuvieron perfecto deseo de llegar a la
presencia de Dios y a gozar de su vista.
Advierte también que muchos
mueren en el mundo, tan justos y tan inocentes, que al momento llegan a la
presencia de Dios y le gozan; y otros mueren también después de haber
satisfecho sus pecados, de modo que sus almas no sienten pena alguna. Pero son
pocos los que no vienen al lugar donde se padece la pena del deseo de ir a
Dios. Las almas que están en estos tres lugares participan de las oraciones y
buenas obras de la santa Iglesia, que se hacen en el mundo; principalmente de
las que ellas hicieron mientras vivieron, y de las que sus amigos hacen por
ellos después de muertos.
Y como los pecados son de
muchas clases y diversos, así también son diferentes las penas; y como el
hambriento se huelga con la comida, y el sediento con la bebida, el desnudo con
el vestido y el enfermo con la cama y descanso, así las almas se huelgan y
participan de lo que por ellas se hace en el mundo.
¡Bendito de Dios sea,
prosiguió el ángel, el que en el mundo ayuda las almas con sus oraciones y con
el trabajo de su cuerpo!
Pues no puede mentir la
justicia de Dios que dice, que las almas, o han de purificarse después de la
muerte con la pena del purgatorio, o han de ser ayudadas con las obras buenas
de sus amigos y de la Iglesia, para que salgan más presto. Después de esto, se
oyeron muchas voces desde el purgatorio que decían: Señor mío Jesucristo, justo
Juez, envía tu amor a los que tienen potestad espiritual en el mundo, y
entonces podremos participar más que ahora de su canto, lección y oblación.
Encima de donde salían estos
clamores había como una casa, en la cual se oían muchas voces que decían: ¡Dios
se lo pague a aquellos que nos ayudan y suplen nuestras faltas!
En la misma casa parecía
nacer la aurora, y debajo de ésta apareció una nube que no participaba de la
claridad de la aurora, de la cual salió una gran voz que dijo: Oh Señor Dios,
da de tu incomprensible poder ciento por uno a todos los que en el mundo nos
ayudan y nos elevan con sus buenas obras, para que veamos la luz de tu
Divinidad, y gocemos de tu presencia y divino rostro.
Aquella alma, dice el ángel a
santa Brígida, que viste y oíste sentenciar, está en la más grave pena del
purgatorio. Y esto lo ha ordenado Dios así, porque presumía mucho de discreto e
inteligente en cosas de mundo y de su cuerpo; pero de las espirituales y de su
alma no hacía caso, porque estaba muy olvidado de lo que debía a Dios y lo
menospreciaba.
Por eso su alma padece el
ardor del fuego y tiembla de frío; las tinieblas la tienen ciega, y la horrible
vista de los demonios, temerosa, y la vocería y clamoreo de los demonios la
tienen sorda, interiormente padece hambre y sed, y exteriormente se halla
vestida de confusión y vergüenza.
Pero después que murió le ha
concedido Dios una merced, y es que no la atormenten ni toquen los demonios,
porque solo la honra de Dios perdonó graves injurias a sus mayores enemigos, e
hizo amistades con uno cuya enemistad era de muerte.
Todo el bien que hizo y todo
lo que prometió y dio de los bienes bien adquiridos, y principalmente las
oraciones de los amigos de Dios, disminuyen y alivian su pena, según está
determinado por la justicia de Dios.
Pero en cuanto a lo que dio
de los otros bienes no bien adquiridos, aprovecha en particular a los que
justamente los poseían antes, o les aprovecha en su cuerpo, si son dignos de
ello, según la disposición de Dios.
Ya has oído, le dice el ángel
a santa Brígida, cómo por los ruegos de los amigos de Dios tuvo antes de morir
aquella alma contrición de sus pecados, nacida del amor de Dios, la cual
contrición la libró del infierno. Así, pues, la justicia de Dios lo sentenció a
que ardiese en el purgatorio por seis
períodos de tiempo, como los que él había vivido, desde que a sabiendas
cometió el primer pecado mortal hasta el momento en que por amor de Dios se
arrepintió con fruto, a no ser que recibiese auxilio del mundo y de los amigos
de Dios.
El primer período se comprende aquel en que no amó a Dios por su divina
pasión y muerte, y por las muchas tribulaciones que el Señor sufrió solamente
por la salud de las almas.
El segundo es el que no amó su alma como debería hacerlo un
cristiano, ni daba gracias a Dios por haber recibido el bautismo, y porque no
era judío ni pagano.
El tercero abrazó aquel en que sabiendo bien lo que Dios había
mandado, tuvo poco deseo de hacerlo.
El cuarto aquel en que sabía bien lo que Dios había prohibido a los que
quisiesen ir al cielo, atrevidamente hizo eso mismo que le estaba vedado,
dejándose llevar de su afecto carnal y desoyendo la voz de su conciencia.
El quinto fue aquel en que no usó de la gracia que se le ofrecía, ni de la
confesión, como pertenecía a su estado, teniendo tanto tiempo para ello.
Y el sexto comprende aquel en que recibía con poca frecuencia el
cuerpo de Jesucristo por no dejar de pecar, ni tuvo caridad al recibirlo sino
al final de su vida.
Vio luego santa Brígida un
hombre modesto con vestiduras blancas y resplandecientes a modo de sacerdote,
ceñido con una faja de lino y con una estola encarnada al cuello y por debajo
de los brazos, el cual le dijo a santa Brígida: Tú, que esto estás viendo,
advierte y retén en la memoria lo que ves y oyes. Vosotros los que en el mundo
vivís, no podéis entender el poder de Dios y sus eternos decretos como nosotros
que estamos con él, porque las cosas que ante Dios se hacen un solo momento,
ante vosotros no pueden comprenderse sino con muchas palabras y semejanzas
según el orden del mundo.
Yo soy uno de aquellos a
quienes este hombre sentenciado al purgatorio ayudó en vida con sus limosnas. Y
así me ha concedido Dios por su amor que, si alguno quisiere hacer lo que yo le
dijere, ese pondría esta alma en lugar mucho menos penoso, donde tuviera su
verdadera forma y no sintiese ninguna pena, sino la que padeciera el que
hubiese tenido una enfermedad mortal y no sintiese ya dolor alguno y estuviese
como un hombre sin fuerzas, y sin embargo se alegrase porque sabía muy de
positivo que había de llegar a la vida eterna. Y lo que se ha de hacer es, que
como le oíste aquellos cinco clamores y
ayes, se hagan por él cinco cosas que lo consuelen.
El primer ¡ay! fue de lo poco que había amado a Dios, y para remedio
de éste se den de limosna treinta cálices, en los que se ofrezca la sangre de
Jesucristo y se honre más a Dios.
El segundo ¡ay! fue de que temió poco a Dios, y para remedio de éste
se busquen treinta devotos sacerdotes que digan cada uno treinta misas, y todos
rueguen con mucho fervor por el alma de este hombre, poderoso un día en la
tierra, a fin de que se aplaque la ira de Dios, y su justicia se incline a la
misericordia.
El tercer ¡ay! y su pena es por la soberbia y codicia. Para éste
lávense los pies a treinta pobres con mucha humildad, y denle limosna de
dinero, comida y vestido, y rueguen ellos y el que se los lava a nuestro Señor,
que por su humildad y pasión perdone a esta alma su soberbia y codicia.
El cuarto ¡ay! fue por la sensualidad de su carne, y para éste, el
que dotase una doncella y una viuda en un monasterio, y casase una joven,
dándoles lo suficiente para su matrimonio, alcanzará que Dios perdone a esa
alma el pecado que en la carne había cometido. Porque esos son tres estados de
vida que Dios eligió y mandó que hubiese en el mundo.
El quinto ¡ay! es porque cometió bastantes pecados, poniendo en
tribulación a muchos, como el que cometió cifrando todo su empeño en que se
casaran esos dos ya referidos, no pudiendo por ser parientes; pero hizo se
verificase este casamiento, más por su capricho que por el bien del reino, y se
llevó a cabo sin licencia del Papa, contra la loable disposición de la santa
Iglesia. Con este motivo fueron atormentados y martirizados muchos, porque no
querían pasar por tal casamiento, que era contra Dios, contra su santa Iglesia
y contra las costumbres de los cristianos.
Si alguno quiere borrar ese
pecado, ha de ir al Papa y decirle: Cierta persona, sin expresar su nombre,
cometió tal pecado, pero al final de su vida se arrepintió, mas no había hecho
satisfacción por él. Imponedme a mí la penitencia que queráis y que pueda yo
tolerar, porque me hallo dispuesto a enmendar por él este pecado. Y aunque no
le dé en penitencia más que un Pater Noster (Padre Nuestro), le aprovechará a
esa alma para disminuir su pena en el purgatorio.
CORONILLA DE LA DIVINA MISERICORDIA
La Coronilla de la Divina Misericordia
puede rezarse con las cuentas tradicionales del Rosario. La Coronilla sólo
lleva unos minutos, y miles de católicos de todo el mundo la rezan cada día
para pedir la misericordia de Dios.
Comienza con la señal de la
cruz.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.
Prepara tu corazón y tu
mente.
Expiraste,
Jesús, pero la fuente de la vida brotó para las almas, y el océano de la
misericordia se abrió para el mundo entero. Oh Fuente de Vida, Divina
Misericordia insondable, envuelve el mundo entero y vacíate sobre nosotros.
Oración al principio:
Expiraste,
Jesús, pero la fuente de vida brotó para las almas y el mar de misericordia se
abrió para el mundo entero. Oh fuente de vida, insondable Misericordia Divina,
abarca al mundo entero y derrámate sobre nosotros.
Oh
Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús, como una Fuente de
Misericordia para nosotros, en Ti confío.
Primero
se reza una vez el Padre Nuestro, el Ave María y el Credo de los Apóstoles.
Padre Nuestro:
Padre
Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea Tu nombre; venga a nosotros Tu
reino; hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan
de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los
que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.
Ave María:
Dios
te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita eres entre
todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María,
Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra
muerte. Amén.
Credo de los Apóstoles:
Creo
en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en
Jesucristo, Su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia
del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de
Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado
a la derecha de Dios Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a
vivos y muertos.
Creo
en el Espíritu Santo, la santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el
perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.
En las cuentas grandes del Padre Nuestro antes de cada
decena:
Padre
Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu
Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados
y los del mundo entero.
En las 10 cuentas pequeñas de cada decena:
Por
Su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.
Después de cinco decenas, la doxología final (tres
veces):
Santo
Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero.
Oración final:
Oh
Dios Eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro de compasión
inagotable, vuelve a nosotros Tu mirada bondadosa y aumenta Tu misericordia en
nosotros, para que en momentos difíciles no nos desesperemos ni nos
desalentamos, sino que, con gran confianza, nos sometamos a Tu santa voluntad,
que es el Amor y la Misericordia Mismos.
Concluye con la señal de la
cruz.
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,
Amén.
PARA APRENDER UN POCO.
¿Dónde, si no en la Divina
Misericordia, puede encontrar el mundo refugio y luz de esperanza? Papa San
Juan Pablo II
¿Qué es la Coronilla a la Divina Misericordia?
El origen de la Coronilla
En los años treinta, Jesús se
apareció a santa Faustina Kowalska, una humilde y bondadosa monja polaca, y le
reveló la profundidad de su misericordia. Santa Faustina ingresó en la
Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia en 1925, pero
falleció sólo trece años después a causa de la tuberculosis, en 1938. A lo
largo de su vida de santidad, recibió continuamente revelaciones de Jesús y
escribió diligentemente en su diario lo que Él le decía. Santa Faustina fue
canonizada por San Juan Pablo II el 30 de abril de 2000.
En 1935, un ángel se le
apareció a Santa Faustina, y ella escuchó el llamado para orar por la
misericordia. Al día siguiente, Cristo se le apareció y la instó a que rezara
la Coronilla sola y con otros a la hora de la muerte. Ella escribió esta
revelación en su diario:
Anima a las almas a rezar la
Coronilla que te he dado. Quien lo recite recibirá gran misericordia a la hora
de la muerte. Cuando recen esta Coronilla en presencia de los moribundos, Yo me
pondré entre Mi Padre y el moribundo, no como el Juez justo, sino como el
Salvador Misericordioso. Los sacerdotes la recomendarán a los pecadores como su
última esperanza de salvación.
Aunque hubiera un pecador muy
endurecido, si recitara esta Coronilla una sola vez, recibiría la gracia de Mi
infinita misericordia. Deseo conceder gracias inimaginables a aquellas almas
que confían en Mi misericordia. Por medio de la Coronilla obtendrás todo, si lo
que pides es compatible con Mi voluntad. (El Diario de Santa Faustina)
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