Santo Rosario por los enfermos, por los agonizantes, por los difuntos, con cantos propios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

MI LIBRO DE ORACIONES

FIELES DIFUNTOS

 

 

 

Santo Rosario

El Santo Rosario es una devoción a Mariana de las más antiguas y más conocidas entre el pueblo cristiano.

 

Para ti, hermano(a) ____________ que sufres, el Santo Rosario es la oración más apta, pues a veces transcurren horas y horas solo(a) sin saber en qué ocuparte. Además, por tus problemas por tus mismas enfermedades, no puedes leer mucho.

 

Rezar el Santo Rosario es una manera excelente para vencer tu soledad, aprovechar tu tiempo y pedir a Jesús y a la Santísima Virgen fuerzas y valor para llevar tus sufrimientos. Las lecturas bíblicas y las reflexiones que se presentan a continuación se pueden leer con los misterios que corresponden al día que se rece el Rosario.

 

 

 

 

INICIO DEL SANTO ROSARIO POR LOS ENFERMOS

Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.

Envía, Señor, tu Espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra.

 

Dios nuestro, permítenos, ofrecerte junto con la Santísima Virgen María, este Rosario de meditación para los enfermos, siervos e hijos tuyos: ________________________

 

Ave María Purísima. Sin pecado concebida.

 

Por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, del hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

En los cielos y en la tierra sea por siempre Bendito y Alabado

El Divino Corazón amoroso de Jesús Sacramentado.

 

Abre Señor mis labios. Y mi boca proclamará tu alabanza.

Dios mío acude a mi socorro, Señor date prisa, ven pronto a socorrerme.

 

ACTO DE CONTRICIÓN

 

Todos: Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, me pesa de todo corazón haber pecado, porque he merecido el infierno y he perdido el cielo. Sobre todo, porque te ofendí a ti que eres la bondad infinita y a quien amo sobre todas las cosas. Propongo firmemente con tu Gracia, enmendarme y alejarme de las ocasiones de pecado, confesarme y cumplir la penitencia, confío queme perdonarás por tu infinita misericordia. Amén

 

 

CREDO. - SÍMBOLO DE LOS APÓSTOLES

 

Todos: Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

 

ORACIÓN POR LA FE

 

Cada día quiero creer más en ti, querido Jesús. Te quiero confiar mi vida, abandonarme a tu divina voluntad y seguir tu camino. Dame fuerzas para alimentar mi fe, para hacerla crecer, para que se mantenga fuerte cuando tenga dudas o cuando quiero olvidarme lo que tú me enseñaste, porque me cuesta vivirlo. Quiero tener una fe grande Señor, que me ayude a llevar mucho amor a todos los que me rodean y que me muestre el camino de la alegría y la esperanza. Señor, creo, pero aumenta mi fe. ¡Que así sea Señor!

 

OFRECIMIENTO DEL SANTO ROSARIO

 

Rezaremos el Santo Rosario en honra y gloria de la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, para que se digne admitirnos y tenernos bajo su poderosa protección, nos alcance paz en la iglesia, sosiego en la conciencia, tranquilidad en la república y en los bienes temporales que hubiéramos de merecer, alivio a las Benditas Almas del Purgatorio y a todos nos lleves a la vida eterna. Amén.

 

Santísima Madre, Salud de los Enfermos, Ruega por nosotros, y por todos los que sufren situaciones difíciles, en especial por _______________.

Gloria al Padre…

 

PRIMER MISTERIO

Primer Misterio Curación del Leproso en Galilea Mc 1, 40-45

Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas le dice: “Si quieres puedes limpiarme”. Compadecido de él, extendió su mano y le tocó y le dijo: “Quiero, queda limpio”. Y al instante le desapareció la lepra y quedó limpio. Lo despidió al instante prohibiéndole severamente: “Mira no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio”. Pero él, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que Jesús ya no podía presentarse en público en ninguna ciudad, sino que, se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes.

 

REFLEXIÓN: Las personas con mucha facilidad o por ignorancia, conveniencia o maldad rechazamos a quienes padecen alguna enfermedad. Hasta llegamos a pensar que en la medida en que los apartamos de nosotros o que nos alejamos de ellos, somos mejores. El Evangelio de San Marcos, nos presenta la curación de un enfermo de lepra para dar a entender que Jesús no despreciaba a los enfermos, sino que los aliviaba.

El enfermo independientemente de la enfermedad que padezca y de las causas de haberla contraído, necesita el amor, la comprensión, y la misericordia de quienes conviven con ellos. Más aún el Evangelio nos enseña que cuando un enfermo se siente acogido y aliviado, aunque no sea curado, puede convertirse en mensajero entusiasta de buenas noticias para sus hermanos.

Padre nuestro (1) Avemaría (10) Gloria Y jaculatorias

 

SEGUNDO MISTERIO

Segundo Misterio El Ciego de Jericó Mc 10, 46-52

Llegan a Jericó. Y cuando salían de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timoteo, Bartimeo, un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino. Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: “¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!”. Jesús se detuvo, y dijo: “Llámalo”. Llaman al ciego, diciéndole: “¡Ánimo, levántate! Te llama”. Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús.

 

Jesús dirigiéndose a él le dijo: “¿Qué quieres que te haga?”. El ciego le dijo: “Rabbuní, ¡que vea!”. Jesús le dijo: “Vete tu fe te ha salvado”. Y al instante recobró la vista y le seguían por el camino.

 

REFLEXIÓN: El Evangelio narra la curación del ciego Bartimeo, el último “Milagro” de Jesús narrado por Marcos. La narración acentúa sobre todo la importancia de la fe como fundamento del discipulado. Marcos, utiliza el verbo “seguir”: Bartimeo “sigue” a Jesús, no sólo ha recobrado la vista. El Evangelio quiere presentar al ciego como un modelo del verdadero discípulo. El acento recae en la fuerza de la fe.

 

Esta es la que permite pasar de la tiniebla de la vida a la luz del borde del camino al centro del camino aspiramos a que nuestras heridas sean curadas. Deseamos ver. La confianza en Jesús produce la curación. La curación de Jesús no se limita a lograr un equilibrio psicosomático sino en una nueva capacidad para ver la realidad como Él la ve, para reconocerlo como Maestro, un hombre o una mujer curados están en condiciones de seguirlo por el camino. Quien no ha sido curado de nada, quien cree que está sano, difícilmente puede llegar a seguirlo.

Padre nuestro (1) Avemaría (10) Gloria y jaculatorias

 

TERCER MISTERIO

Tercer Misterio. Curación en sábado de la mujer encorvada. Lc 13, 10-17

Estaba un sábado enseñando en una sinagoga. Había allí una mujer a la que un espíritu tenía enferma hace dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno “enderezarse”. Al verla, Jesús la llamó y le dijo: “Mujer, quedas libre de tu enfermedad”. Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó y glorificaba a Dios.

Pero el jefe de la sinagoga indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía la gente: “Hay seis días en los que se puede trabajar; venid, pues, en esos días a curarse, y no en día sábado”. Dijo entonces Jesús: “Hipócritas”. ¿No desatan del pesebre todos ustedes en sábado a su buey, o su asno para llevarlo a abrevar? Y ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace dieciocho años, ¿No está bien desatarla de esta ligadura en día sábado? Y cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban abochornados, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía.

 

REFLEXIÓN: El ámbito religioso. En Cristo se da la abolición de las leyes de pureza-impureza ritual y de todos aquellos ordenamientos jurídicos-religiosos mediante los cuales se atentaba, contra la dignidad de las mujeres y se las excluía o marginaba de su participación. Así como es necesario transformar aquellas condiciones opresivas para las mujeres dentro del ámbito doméstico, así también resulta imprescindible reestructurar el ámbito religioso en todos aquellos aspectos que presentan opresión, sometimiento, y exclusión para ellas. La narración que nos presenta a la mujer encorvada es exclusiva de Lucas. (13, 10-17). ¿Es posible asociar estos datos?: sábado, enseñanza, sinagoga, espíritu de enfermedad, mujer encorvada, con la descripción con la condición de las mujeres bajo las estructuras religiosas patriarcales de ese tiempo. La gloria de Dios, lo sabemos por los evangelios y por San Irineo, es que la mujer y el hombre vivan en plenitud.

El que Jesús lo haya llamado y le haya impuesto las manos, podríamos considerarlo en términos de vocación como su reinserción de la plena participación en el ámbito religioso: ella es hija de Abraham. En el encuentro de Jesús con la mujer encorvada, todas las mujeres son llamadas a vivir la plenitud de su vocación y dignidad.

Padre nuestro (1) Avemaría (10) Gloria y jaculatorias

 

CUARTO MISTERIO

Cuarto Misterio. Curación de un enfermo en la piscina de Betesda. Jn 5, 1-16.

Después de esto, hubo una fiesta de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina que se lama en hebreo Betesda, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua. Porque el Ángel del Señor bajaba de tiempo en tiempo a la piscina y agitaba el agua; y el premio que se metía después de la agitación del agua, quedaba curado de cualquier mal que tuviera. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.

Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: “¿Quieres curarte?” Le respondió el enfermo: “Señor, no tengo a nadie que me meta a la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy otro baja antes que yo”. Jesús le dice: “¡Levántate, toma tu camilla y anda!”. Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar. Pero era sábado aquel día. Por eso los judíos decían al que había sido curado: “Es sábado y no se te está permitido llevar la camilla”. Él les respondió: “El que me ha curado me ha dicho: toma tu camilla y anda”. Ellos le preguntaros: ¿Quién es el que te ha dicho?: “Toma y anda”. Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido por que había mucha gente en aquel lugar. Más tarde Jesús lo encuentra en el Templo y le dice: “Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo peor”. l hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.

 

REFLEXIÓN: La Iglesia, familia que rodea y cuida del enfermo: “no tengo a nadie” tal vez sean las palabras más tristes del Evangelio. Tenemos un sueño: que nadie en nuestros hospitales, en sus hogares pueda repetir estas palabras sin esperanza y horizonte de vida.

Ustedes son los predilectos del Reino de Dios, los que sufren. Estas palabras del Concilio son un eco a las de Jesús. Pero son eco también de la actitud de cariño y atención especial que Jesús siempre tuvo para con los que sufren. Él nunca pasó indiferente junto al que sufría. Hermano(a) que sufres, Jesús es tu amigo. Para ti son sus mayores atenciones, gracias y favores… pues para los que sufren, especialmente, el Padre lo ha enviado.

 

Padre nuestro (1) Avemaría (10) Gloria y jaculatorias

 

QUINTO MISTERIO

Quinto Misterio. María modelo del cristiano El Magníficat Lc 1,39-47.49-56

En aquellos días se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamó con gran voz, dijo: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿De dónde a mí que la Madre de mi Señor venga a mí?”. Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que fueron dichas de parte del Señor! Y dijo María: “Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador, por que ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre, y su misericordia alcanza de generación en generación a los que temen.

Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes, a los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel su siervo, acordándose de su misericordia, como había anunciado a nuestros padres, a favor de Abraham y su linaje por los siglos. María permaneció con ella unos tres meses y se volvió a su casa.”

 

REFLEXIÓN: El evangelio de Lucas nos presenta la figura de la Virgen María como el mejor ejemplo de discípulo, de quien ha sabido vivir el proyecto de Jesús. Ella es la “llena de gracia” que acoge la palabra de Dios, la hace fructificar y engendra en sus entrañas a Jesús, El Salvador. La santidad ejemplar de la Virgen mueve a los fieles a levantar “los ojos a María, la cual brilla como modelo de virtud ante toda la comunidad de elegidos.” Por lo general se subraya la humildad y sencillez de María, pero no suficientemente su iniciativa, sentido de responsabilidad, atrevimiento y valor. Especialmente en el mundo del sufrimiento, la imitación de estas virtudes pueden ser fuente de dinamismo para los enfermos y sus familiares. El abandono en la voluntad de Dios bien se conjuga con un “sano protagonismo”, que exalta la presencia de la Gracia divina. En el corazón de María late la experiencia del altísimo descrita en el Antiguo Testamento: el Señor libera, Dios conoce nuestros límites si nos dejamos poseer por el Señor-Dios es capaz de hacer grandes maravillas; el Señor está cerca de los que padecen. Dios guarda nuestra vida y es siempre fiel a sus promesas.

Padre nuestro (1) Avemaría (10) Gloria y jaculatorias

 

 

 

 

 

 

 

Jaculatoria después de cada misterio:

 

Santa María, Salud de los Enfermos. Ruega por nosotros y por todos los que sufren situaciones difíciles. En especial por _________________

 

María, Madre de Gracia, Madre de Misericordia, en la vida y en la muerte, ampáranos gran Señora.

 

Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno y lleva al cielo a todas las almas, perdona y socorre especialmente a los más necesitados de tu Divina Misericordia. Amén. (Oración de Fátima).

 

Por tu limpia concepción, Oh Soberana Princesa, una muy grande pureza te pido de corazón.

 

Inmaculado Corazón de María, refugio de pecadores, ruega Virgen María por nosotros que recurrimos a vos.

 

Santa María de Guadalupe, esperanza nuestra, Salva nuestra patria, conserva y aumenta nuestra fe.

 

Jesús, en ti confío (3 vecees)

 

AL TERMINAR LOS CINCO MISTERIOS

Oh Soberano Santuario, Sagrario del Verbo eterno,

libra del infierno, Virgen Madre, a los que hacen tu Santo Rosario.

Emperatriz poderosa, de los mortales, consuelo,

ábrenos Virgen el Cielo con una muerte dichosa y danos pureza de alma tú que eres tan poderosa.

 

Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu reino; hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.

 

Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén

 

Dios te salve, María Santísima, Hija de Dios Padre, Virgen Purísima y castísima antes del parto, en tus manos ponemos nuestra fe y la fe de nuestro hermano (a) __________, que te necesita (a) para que la ilumines; llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

 

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

Dios te salve, María Santísima, Madre de Dios Hijo, Virgen Purísima y castísima en el parto, en tus manos ponemos nuestra esperanza y la esperanza de nuestro hermano (a) ___________, que te necesita, para que la alientes; llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

 

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

Dios te salve, María Santísima, Esposa de Dios Espíritu Santo, Virgen Purísima y castísima después del parto, en tus manos ponemos nuestra caridad y la caridad de nuestro hermano (a) ___________ que te necesita para que la inflames, nuestra alma para que las salves y nuestras necesidades para que las remedies; llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita Tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

 

Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

Dios te salve, Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Esposa de Dios Espíritu Santo. Templo, Trono y Sagrario de la Santísima Trinidad, Virgen concebida sin la mancha del pecado original, como madre, te rogamos que nos mires con piedad y nos cubras con tu manto santo.

 

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra. Dios te salve. A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva, a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora Abogada Nuestra, vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos, y después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 

De tus ojos Oh María, dependen nuestras felicidades, míranos Señora y no nos desampares.

 

LETANIAS DE LOS ENFERMOS

 

Señor, ten piedad, Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad, Cristo ten piedad.

Señor, ten piedad, Señor, ten piedad.

 

Cristo, óyenos, Cristo óyenos.

Cristo, escúchanos, Cristo, escúchanos

 

Dios, Padre celestial, ten piedad de nosotros.

Dios, Hijo Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.

Dios, Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.

Trinidad santa, que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros.

 

Para implorar salud de cuerpo y alma:

 

Señor Jesús, que curaste al ciego de Betsaida (Mt 8,22) Ten piedad de nosotros

Señor Jesús que curaste a dos ciegos en Cafarnaúm (Mt 9,27) Ten piedad de nosotros

Señor Jesús, que curaste a dos ciegos en Jericó (Mt 20,29) Ten piedad de nosotros

Señor Jesús, que curaste a un ciego y mudo (Mt 12,22) Ten piedad de nosotros

Señor Jesús, que curaste al sordomudo en Decápolis (Mt 7,34) Ten piedad de nosotros

Señor Jesús, que curaste a un leproso en Galilea (Mt 1,41) Ten piedad de nosotros

Señor Jesús, que curaste a diez leprosos en Galilea (Lc 17,11) Ten piedad de nosotros

Señor Jesús, que curaste al paralítico de Cafarnaúm (Mt 9,1) Ten piedad de nosotros

Señor Jesús, que curaste al paralítico de la piscina (Jn 5,1) Ten piedad de nosotros

Señor Jesús, que curaste al hombre de la mano atrofiada (Mt 12,9) Ten piedad de nosotros

Señor Jesús, que curaste a la mujer hemorroísa (Lc 8,42) Ten piedad de nosotros

Señor Jesús, que curaste a un hombre hidrópico (Lc 14,1) Ten piedad de nosotros

Señor Jesús, que curaste al siervo del centurión (Mt 8,5) Ten piedad de nosotros

Señor Jesús, que curaste al hijo del funcionario real (Jn 4,50) Ten piedad de nosotros

Señor Jesús, que curaste a la suegra de San Pedro (Mc 1,25) Ten piedad de nosotros

Señor Jesús, que curaste a un niño lunático (Mt 17,18) Ten piedad de nosotros

Señor Jesús, que curaste al poseso de Cafarnaúm (Mc 1,25) Ten piedad de nosotros

Señor Jesús, que curaste a un poseso mudo (Lc 11,14) Ten piedad de nosotros

Señor Jesús, que curaste a una joven posesa de Canán (Mc 7,24) Ten piedad de nosotros

Señor Jesús, que curaste a dos posesos de Gerasa (Mt 8,28) Ten piedad de nosotros

 

Señor Jesús, que resucitaste a la hija de Jairo (Mc 5,41) Ten misericordia de nosotros

Señor Jesús, que resucitaste al hijo de una viuda (Lc 7,14) Ten misericordia de nosotros

Señor Jesús, que resucitaste a tu amigo Lázaro (Jn 11,1-43) Ten misericordia de nosotros

Señor Jesús, que resucitaste Tú mismo del sepulcro (Mc 16,6) Ten compasión de nosotros

 

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Perdónalo Señor.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Óyelo, Señor.

Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Ten piedad y misericordia de nosotros.

 

 

 

 

 

 

ORACIONES FINALES DEL SANTO ROSARIO

BAJO TU AMPARO

 

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las súplicas que te hacemos en nuestras necesidades, antes bien líbranos de todo peligro, oh Virgen Gloriosa y Bendita, ruega por nosotros Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 

 

UNIGÉNITO HIJO

Señor Dios, cuyo Unigénito Hijo, con su vida, muerte y resurrección, nos alcanzó el premio de la salvación eterna, concédenos a los que meditamos estos misterios del Santo Rosario, imitar los que contiene y alcanzar lo que prometen, por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

PETICIÓN DEL SANTO ROSARIO

 

Por estos misterios santos de que hemos hecho recuerdo, te pedimos, ¡Oh María!:

 

1.    De la Fe Santa, el aumento,

2.    La exaltación de la Iglesia,

3.    Del Papa, el mejor acierto,

4.    De la Nación Mexicana, la unión y el feliz gobierno. 

5.    Que el gentil conozca a Dios.

6.    El hereje vea sus yerros,

7.    Que todos los pecadores tengamos arrepentimiento.

8.    Que los cautivos cristianos sean libres del cautiverio.

9.    Goce puerto el navegante.

10. Y dé salud a los enfermos.

11. Que en el Purgatorio logren las ánimas refrigerio,

12. Y que este Santo ejercicio tenga efecto tan completo en toda la cristiandad,

13. Que alcancemos por su medio, el ir a alabar a Dios

14. Y gozar de tu compañía en el cielo. Amén.

 

ORACIÓN DEL SANTO SUDARIO

 

Señor Dios que nos dejaste las señales santísimas de tu Pasión en la sábana santa, en la cual fue envuelto tu cuerpo santísimo, cuando por José y Nicodemo fuiste bajado de la cruz: concédenos, oh Señor, oh piadosísimo Señor, que por tu muerte y sepultura santa seamos llevados a la gloria de la resurrección, donde vives y reinas con Dios Padre en unidad del Espíritu Santo, Dios por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

 

 

BENDITA SEA TU PUREZA

 

Bendita sea tu pureza y eternamente lo sea; pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A ti, celestial Princesa, Virgen Sagrada, María, yo te ofrezco en este día, alma, vida y corazón. Mírame con compasión; no me dejes, madre Mía, ni de noche ni de día por tu limpia concepción Oh Santísima María.

 

Dulce María, Dulce Madre, Dulce encanto de mi amor, Dulce para el pecador, en aquella hora postrera, no me niegues tu semblante, mira oh madre amante, que aunque yo me muera, oh virgen pura, oh virgen Santa, oh Virgen Madre de Dios, pongo mi esperanza en voz para gozar de tu compañía en el cielo. Amén.

 

DIOS OMNIPOTENTE.

 

  Omnipotente y sempiterno Dios, que, con la cooperación del Espíritu Santo, preparaste el cuerpo y el alma de la gloriosa Virgen María para que fuese merecedora de ser digna morada de tu Hijo; concédenos que, pues celebramos con alegría su conmemoración, por su piadosa intercesión, seamos liberados de los males presentes y de la muerte eterna. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.

 

Oración a San Miguel Arcángel

 

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Se nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio, que Dios le reprima, pedimos suplicantes; y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno, con el Divino Poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén

 

INTENCIONES.

 

Ø  Por las Benditas Almas del Purgatorio, por su eterno descanso y por la que está más próxima de ver a Dios.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

Ø  Por el Papa, por su salud y sus intenciones, que Dios lo guarde y lo bendiga, lo haga feliz en la tierra y que lo proteja de las manos de sus enemigos visibles e invisibles.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

Ø  Por nuestras intenciones, por todos los que nos aman entrañablemente, por los que se encomendaron a nuestras oraciones, por los que nos odian y nos envidian, por los que nos causan daño y dolor y por nuestro propio avance en el amor a Dios.

Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

Ave maría Purísima, Sin pecado concebida. (3 veces)

 

Bendito y Alabado

 

Sea por siempre bendito y alabado el Santísimo Sacramento del altar y la limpia y purísima Concepción de María que fue concebida sin la mancha del pecado original, desde aquel primer instante de su ser santísimo natural. Amén.

 

Viva Jesús, Viva María, Viva la Gracia, muera el pecado. Viva Jesús Sacramentado. Que viva el Glorioso Patriarca Señor San José, Señor San Joaquín y Señora Santa Ana, a quienes encomendamos nuestro corazón, cuerpo y alma, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

CONSAGRACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA

 

¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! Yo me ofrezco en todo a ti, y en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día y para siempre, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, ¡Oh Madre de bondad!, guárdame y defiéndeme como hijo y posesión tuya. Amén.

 

DULCE MADRE

 

Contigo voy virgen pura y en tu poder voy confiado, pues yendo en ti amparado, mi alma volverá segura.

Dulce Madre no te alejes, tu vista de mí, no apartes, ven conmigo a todas partes y nunca solo me dejes. Ya que nos proteges tanto como verdadera Madre, haz que nos bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Amén.

 

El socorro de Dios esté siempre con nosotros. Así sea.

Que las almas de los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Así sea.

 

Por la Señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 Buenos días (tardes o noches).

 

 

 

 

 

 

 

ORACIONES POR LOS ENFERMOS

No es necesario estar en peligro de muerte para orar por nosotros u otras personas enfermas, se puede rezar en cualquier situación e ir renovando cada vez esta preparación por si la muerte nos sorprende.

 

Dios mío: Postrado humildemente en tu presencia, te adoro y quiero hacer esta protesta, como si ya me hallase próximo a exhalar mi último suspiro.

 

Dios mío: Tú has decretado mi muerte desde la eternidad: yo la acepto desde ahora con todo mi corazón en el modo y forma que tu Divina Majestad ha dispuesto, y acepto también todos los dolores que la han de acompañar, los uno a los tormentos y a la muerte de Jesucristo, y te los ofrezco en satisfacción y penitencia de mis pecados.

 

Acepto igualmente la destrucción de mi cuerpo para que resplandezca más tu supremo dominio sobre mí. Y, por lo tanto, acepto y me alegro de que estos ojos, que tanta libertad se han tomado contra Ti, queden con la muerte ciegos hasta el fin del mundo.

 

Acepto y me alegro de que esta lengua, que tantas veces he empleado en palabras vanas, murmuraciones y mentiras, quede muda con la muerte, y sea comida de gusanos en el sepulcro.

 

Acepto y me gozo de que estas manos y estos pies que han sido para mi corazón instrumentos de tantas acciones desordenadas y de tantos pasos torcidos, queden con la muerte sin movimiento y sin acción entre los horrores de una hedionda sepultura.

 

Acepto y me gozo de que este mismo corazón que, siendo formado para darte todos sus afectos, los ha empleado en miserables e indignas criaturas, sea arrojado a la tierra y reducido a polvo y ceniza.

 

En suma, Señor, me regocijo de que se verifique en mí la total destrucción de mis miembros y huesos, convirtiéndome en humilde polvo y frías cenizas, que fueron la materia de que formaste mi cuerpo; para que la completa destrucción de mi existencia publique la grandeza de tu infinito poder y lo humilde de mi nada.

 

Recibe, Señor, este sacrificio que te hago de mi vida, por aquel gran sacrificio que te hizo tu divino Hijo de sí mismo sobre el ara de la Cruz; y desde este momento para la hora de mi muerte, me resigno totalmente a vuestra santísima voluntad, y protesto que quiero morir diciendo: “Hágase, Señor, tu voluntad…”

 

Jesús mío crucificado: Tú que para alcanzarme una buena muerte has querido sufrir muerte tan amarga, acuérdate entonces de que yo soy una de tus ovejas que has comprado con el precio de tu sangre. Cuando todos los de la tierra me hayan abandonado y nadie pueda ayudarme, Tu sólo podrás consolarme y salvarme, haciéndome digno de recibirte por Viático, y no permitiendo que te pierda para siempre.

Amado Redentor mío, recíbeme entonces en tus llagas, puesto que yo desde ahora me abrazo a Ti, y protesto que quiero entregar mi alma en la llaga amorosa de tu sacratísimo costado.

 

Y Tú, Virgen Santísima, Abogada y Madre mía María; después de Dios, Tu eres y serás mi esperanza y mi consuelo en la hora de la muerte. Desde ahora recurro a Ti, y te ruego no me abandones en aquel último momento: ven entonces a recibir mi alma y a presentarla a tu Hijo.

 

Te aguardo, Madre mía, y espero morir bajo tu amparo y abrazado a tus pies. Y Tú, Protector mío San José, San Miguel Arcángel, Ángel Custodio, Santos mis abogados, ayúdenme en aquel trance extremo, en aquel último combate y llévenme a la Gloria celestial. Amén.

 

ORACIÓN DE UN ENFERMO POR SU FAMILIA

 

Señor Jesús, amigo mío: hoy quiero pedirte por mi familia. Mi enfermedad ha trastornado todo; los veo preocupados a pesar de sus esfuerzos por mostrarse serenos, tienen que distribuir su tiempo entre el trabajo y las preocupaciones diarias y mi atención.

 

Sufren, me doy cuenta, a veces, se impacientan, lo comprendo; otros, veo que su esperanza decrece.

 

Señor, ¡Te doy gracias por mi familia! Dales fuerza, serenidad, paz y esperanza. Págales tú, con tu amor, todo lo que hacen por mí. Ojalá que yo pueda aparecer ante tus ojos, como si fueras tú mismo el enfermo el que sufre, el que necesita misericordia.

 

Señor, ¡Te pido por mi familia! Bendícela, únela, ayúdala a crecer en el amor, que te conozcan cada día más para que tú inspires sus actos y toda su vida. Amén.

 

SEÑOR, SI TU QUIERES PUEDES CURARME

(Oración después de comulgar)

 

Señor Jesús, amigo mío. Ahora que he comulgado tu Cuerpo está en mi cuerpo, tu Sangre está en mi sangre y tu Vida está en mi vida. Todo eso me lo enseña la Fe y lo experimento en mí mismo, en la paz nueva, en la alegría interior y en una esperanza fuerte.

 

La Comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre me ha abierto el corazón hacia los demás; me hace más fácil compartir mi enfermedad con otros enfermos, me ayuda a sentirme más agradecido para con quienes me cuidan y me rodean, aumenta mi capacidad de paciencia y hazme más agradecido con todos. ¡Se ha roto mi rebeldía, se ha quebrado mi soledad, se ha disipado mi tristeza!

 

¡Gracias, Señor Jesús, amigo mío, Salvador mío! Desde esta confianza inmensa que tú mismo pusiste en mí, quiero clamarte como los enfermos del Evangelio:

“¡Señor, si Tú quieres, puedes curarme!”

“¡Tengo fe, pero aumenta mi fe!”

 

Mi acción de gracias, por lo que te pido será una Vida Nueva. Una vida en que Tú y tu Evangelio ocupan el lugar que les corresponde: el primero. Una vida de más amor y servicio; de más positiva presencia y acción en mi familia; de más apertura a las obras buenas y de búsqueda incesante de la verdad y el bien. Te lo pido unido a la Virgen, Madre tuya y Madre mía. “¡Señor, si tú quieres, puedes curarme!”. Amén.

 

ORACIÓN DE LA FAMILIA POR EL ENFERMO

 

Señor, la preocupación nos ha invadido, también la aflicción y a veces la desesperanza, porque uno de nosotros está enfermo; se trata de ___________. Nosotros somos una familia de cristianos, por eso necesitamos apoyarnos en ti.

 

Te necesitamos para que seas consuelo en nuestro dolor, paciencia de nuestra impaciencia, fuerza de nuestra fe, vida de nuestra esperanza, luz en nuestra aflicción y fuego en nuestro amor.

 

Ahora que el tiempo nos urge y la incertidumbre nos cierra en la soledad, necesitamos más que nunca, ser familia, compartir, amar, servir, creer, vivir y esperar en Cristo, porque esa tiene que ser la diaria ofrenda a nuestro enfermo (a).

 

Ayúdanos a pensar más en él (ella) que, en nosotros, acompañarlo (a), a fortalecerlo (a) y atenderlo (a); a distraerlo (a) de corazón siempre.

 

Lo (a) ponemos con toda nuestra confianza en tus manos: Te pedimos por él (ella)

 

Te rogamos insistentemente por su salud, por su bien.

 

Que nosotros tengamos la valentía de ayudarle a vivir estos momentos con fe.

 

Que él (ella) pueda sentir nuestra presencia a su lado como la viva presencia de Cristo, el Salvador.

 

Te lo pedimos todo eso, por la intercesión de la Virgen, Madre de la Misericordia y Madre de todos nosotros. Amén.

 

ORACIÓN POR UN ENFERMO

 

Señor Jesús, ______________ a quien amas está enfermo (a). Tú lo puedes todo, te pido humildemente que le devuelvas la salud que necesita. Pero, si son otros tus designios, te pido le concedas la gracia de sobrellevar cristianamente su enfermedad.

 

En los caminos de Palestina tratabas a los enfermos con tal delicadeza que todos venían a Ti; dame esa misma dulzura, este tacto que es tan difícil de tener cuando se está sano.

 

Que yo sepa dominar mi nerviosismo para no agobiarle, que sepa sacrificar una parte de mis ocupaciones para acompañarle, si es su deseo. Yo estoy lleno de vida, Señor, y te doy gracias por ello. Pero haz que el sufrimiento de los demás me santifique, formándome en la abnegación y en la caridad. Amén.

 

ORACIÓN POR UN FAMILIAR ENFERMO

 

Señor, ya ves nuestra situación: Estamos tristes porque ___________ está enfermo (de gravedad). Te pedimos por él (ella), por todos lo que sufren a su alrededor. Pero queremos vencer nuestro egoísmo y orar por todos los enfermos del mundo.

 

Por los enfermos de todos los hospitales, aunque bien atendidos, pero que padecen solos, separados de sus familias. Por todos los operados cuyo dolor es intolerable al despertar. Por los niños enfermos condenados a arrastrar toda la vida un cuerpo lacerado.

 

Por todos los ancianos tenidos por incurables y tratados como tales.

 

Quisiéramos ser portavoz cerca de Ti. Ofrecerte su sufrimiento e implorar tu misericordia por sus impaciencias, rebeldías, dudas y cobardías ante la vida.

 

Ayúdanos a hacernos cargo de la existencia, a ser útiles en la medida en que todavía podemos valernos, a aprovechar nuestras posibilidades humanas en favor de los demás, enséñanos a todos a cumplir tu santa voluntad, que es el amor y la misericordia misma. Amén.

ORACIÓN POR UN NIÑO ENFERMO

 

Señor, Tú invitaste a los niños a venir hacia Ti para poner tus manos sobre ellos y para bendecirlos.

 

Te suplicamos que extiendas ahora tu mano sobre este(a) niño(a) _____________ para aliviar su dolor, para liberarlo(a) de todas sus dolencias. Que tu misericordia le devuelva la salud del cuerpo y del alma, a fin de que, con corazón agradecido, pueda amar y servir siempre a su prójimo.

 

Te lo pedimos a Ti, que nos amas y vives por los siglos de los siglos. Amén.

 

POR UN NIÑO ENFERMO

 

Padre Celestial, cuida con nosotros a tu hijo N. y concédele que recupere esa perfecta salud que solo tú puedes dar; por Jesucristo nuestro Señor. Amén. o bien Señor Jesucristo, Buen Pastor de las ovejas, tú recoges los corderos en tus brazos y los llevas en tu regazo: Encomendamos a tu amoroso cuidado este niño N.

 

Alivia su dolor, protégelo de todo peligro, devuélvele tus dones de alegría y fortaleza, y levántalo para una vida de servicio a ti. Escúchanos, te rogamos, por el amor de tu Nombre. Amén.

 

ORACIÓN POR LOS QUE SUFREN

 

Oh Dios, refugio providencial de los que sufren, escucha la oración que te elevamos, por aquellos que sufren. Tranquiliza y conforta a los enfermos, a los ancianos y a los moribundos. Da a quienes los ayudan ciencia y paciencia, comprensión y compasión. Inspira a todos ellos los medios que les proporcionen descanso, como palabras que los animen y el amor que les conforte.

 

Te recomendamos los que se encuentran desalentados, en rebelión, heridos de las tentaciones, atormentados de las pasiones, destrozados espiritualmente por la maldad de los hombres.

 

Señor, pon dentro de nosotros, tu Espíritu de Amor, de comprensión y de sacrificio, para que demos una cristiana ayuda a aquellos que encontremos en nuestro camino de sufrimiento. Amén.

 

Dios nuestro, que quisiste que ti Hijo Unigénito soportara nuestros sufrimientos, para enseñarnos el valor de la enfermedad y la paciencia, escucha nuestras súplicas por nuestros hermanos enfermos y concede a cuantos están afligidos por el dolor, las penas y la enfermedad, la gracia de sentirse elegidos entre aquellos que el Señor ha llamado bienaventurados, y de saberse unidos para salvación del mundo, a la pasión de Cristo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

 

ORACIÓN DE SAN AGUSTÍN

 

Señor mío Jesucristo, que por la redención del mundo quisiste nacer, ser circuncidado despreciado de los judíos, vendido por el traidor Judas con beso de falsa paz, atado y llevado para ser crucificado como inocente cordero, presentado ante los tribunales de Anás y Caifás, Herodes y Pilatos, acusado con falsos testimonios, lastimado con afrentas y azotes, y escupido y coronado con espinas; que quisiste ser herido con caña, cubierto el rostro, desnudo y clavado en la Cruz, levantado en ella y puesto entre ladrones; que quisiste que te diesen a beber hiel y vinagre, y ser herido con una lanza: por estas tus santísimas penas, que yo, aunque indigno, he traído a mi memoria, y por tu Santísima Cruz y muerte, líbrame de las penas del infierno y llévame adonde llevaste al buen ladrón crucificado contigo, que con Dios Padre, en unidad del Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 

ORACIÓN A SAN JOSÉ POR LOS ENFERMOS, LOS POBRES Y LOS MORIBUNDOS

 

Éstos son la Porción de tu Amor Excelso Patriarca, y en el cual, muchos a menudo, la eficacia de tu protección.

Los que sufren estrechez y necesidad, los que padecen en el lecho de los dolores, corporales sufrimientos; los que, en el trance duro de la muerte, imploran tu consuelo.

 

Te pedimos por ellos, mansísimo Padre de pobres, enfermos y moribundos. Te pedimos por ellos, y por nosotros cuando nos encontremos en su aflictiva situación.

 

Derrama sobre los corazones lacerados el bálsamo de la Santa Confianza en Dios, ahuyenta de ellos el negro demonio de la desesperación.

 

Sonríe a los tristes con la dulzura de la esperanza. Haz llegar a los necesitados el Pan de la caridad, anticipa a los ojos vidriados de los agonizantes un rayo de luz del paraíso que les está prometido. Amén.

 

ORACIONES ADICIONALES PARA PERSONA ENFERMA

 

Oh Padre de misericordias y Dios de todo consuelo, nuestra única ayuda en tiempos de necesidad: Te suplicamos humildemente que contemples, visites y alivies a tu siervo enfermo N., por quien se desean nuestras oraciones.

 

Míralo con los ojos de tu misericordia; consuélalo con un sentido de tu bondad; protégelo de las tentaciones del enemigo; y dale paciencia en su aflicción.

 

En su momento oportuno, devuélvele la salud y permítele que lleve el resto de su vida en tu temor y para tu gloria; y concédele que finalmente viva contigo en la vida eterna; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

PARA RECUPERARSE DE UNA ENFERMEDAD

 

Oh Dios, fortaleza de los débiles y consuelo de los que sufren: Acepta con misericordia nuestras oraciones y concede a tu siervo N. la ayuda de tu poder, para que su enfermedad se convierta en salud y nuestro dolor en gozo; por Jesucristo nuestro Señor. Amen.

 

PARA RECUPERARSE DE UNA ENFERMEDAD

 

Oh Dios de los poderes celestiales, con el poder de tu mandato ahuyentas de nuestros cuerpos toda enfermedad y dolencia: Preséntate en tu bondad con tu siervo N., para que su debilidad sea desterrada y recupere su fuerza; y que, renovada su salud, bendiga tu santo Nombre; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

ANTES DE UNA OPERACIÓN

 

Dios Todopoderoso, nuestro Padre celestial, consuela bondadosamente a tu siervo N. en su sufrimiento y bendice los medios utilizados para su curación. Aunque a veces tenga miedo, llena su corazón de confianza para que todavía pueda confiar en ti; Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

PARA FORTALEZA Y CONFIANZA

 

Padre celestial, dador de vida y salud: consuela y alivia a tu siervo enfermo N. y da tu poder de curación a aquellos233 que atienden sus necesidades, para que se fortalezca en su debilidad y tenga confianza en tu amoroso cuidado; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

PARA LA SANTIFICACIÓN DE UNA ENFERMEDAD

 

Santifica, oh Señor, la enfermedad de tu siervo N., para que el sentido de su debilidad agregue fuerza a su fe y seriedad a su arrepentimiento; y concédele que viva contigo en la vida eterna; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

PARA LA SALUD DE CUERPO Y ALMA

 

Que Dios Padre te bendiga, Dios Hijo te sane, Dios Espíritu Santo te dé fortaleza. Que Dios, la santa e indivisa Trinidad, guarde tu cuerpo, salve tu alma y te lleve a salvo a su patria celestial; donde Él vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

ACCIÓN DE GRACIAS POR EL COMIENZO DE UNA RECUPERACIÓN

 

Oh Señor, tu compasión nunca falla, y tus misericordias son nuevas cada mañana: te damos gracias por dar a nuestro hermano N. tanto alivio del dolor como esperanza de salud renovada. Continúa en él, te rogamos, la buena obra que has comenzado; para que él, cada día aumentando en fuerza corporal y regocijándose en tu bondad, pueda ordenar su vida de tal manera que siempre pueda pensar y hacer las cosas que te agradan; por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

PARA UNA PERSONA ENFERMA CUANDO

HAY POCA ESPERANZA DE RECUPERACIÓN

 

Oh Padre de misericordias y Dios de todo consuelo, nuestra única ayuda en tiempos de necesidad; Recurrimos a ti en busca de ayuda en nombre de este siervo tuyo, aquí recostado en gran debilidad del cuerpo.

 

Mira con gracia sobre él, oh Señor; que mientras se desvanece por fuera, Tú lo fortaleces interiormente con tu gracia y con el Espíritu Santo. Dale verdadero arrepentimiento por todos los errores de su vida y una fe inquebrantable en tu Hijo Jesús; para que sus pecados sean borrados por tu misericordia, y su perdón sellado en el cielo; por tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Amén.

 

 

 

 

 

ORACIONES PARA USARSE POR UNA PERSONA ENFERMA PARA CONFIAR EN DIOS

 

Oh Dios, fuente de toda salud: llena así mi corazón de fe en tu amor, para que con serena esperanza pueda hacer espacio a tu poder para poseerme y aceptar graciosamente tu curación; Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

EN EL DOLOR

 

Señor Jesucristo, que con tu paciencia en el sufrimiento santificaste el dolor terrenal y nos diste el ejemplo de obediencia a la voluntad de tu Padre: Acércate a mí en mi tiempo de debilidad y dolor; sostenme con tu gracia, para que no me falten la fuerza y el valor; sáname según tu voluntad; y ayúdame siempre a creer que lo que me pasa aquí es de poca importancia si me sostienes para la vida eterna, mi Señor y mi Dios. Amén.

 

UNA ORACIÓN CUANDO SE TOMA LA MEDICINA

 

Dios Todopoderoso, en tu bondad creaste la tierra y todos sus elementos, y nos has dado habilidad para hacer medicinas que curan y alivian nuestro dolor. Toda curación viene de ti, y en ti confío. Haz que este medicamento, en tu misericordia, consuele y traiga curación a mi cuerpo; Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

PARA DORMIR

 

Oh Padre celestial, Tú das a tus hijos el sueño para el refrigerio del alma y del cuerpo: concédeme este regalo, te lo ruego; guárdame en esa paz perfecta que has prometido a aquellos cuya mente está fija en ti; y dame tal sensación de tu presencia, que en las horas de silencio pueda disfrutar de la bendita seguridad de tu amor; Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

POR LA MAÑANA

 

Este es otro día, oh Señor. No sé lo que traerá, pero prepárame, Señor, para lo que sea. Si tengo que ponerme de pie, ayúdame a estar de pie con valentía. Si debo sentarme quieto, ayúdame a sentarme en silencio. Si debo mantenerme tranquilo y escondido ayúdame a hacerlo con paciencia. Y si no voy a hacer nada, ayúdame a hacerlo con valentía.

Haz que estas palabras sean más que palabras y dame el Espíritu de Jesús. Amén.

 

ESCRITURAS PARA USAR PARA UNA PERSONA ENFERMA

 

Por perseverancia en el sufrimiento

ISAÍAS 53, 1 PEDRO 2:21-25,

1 TESALONICENSES 5:16-24,

2 CORINTIOS 12:7-10,

ROMANOS 8:18-39

Por esperanza de curación:

2 REYES 5:1-14,

SANTIAGO 5:13-20,

LUCAS 5:12-26,

LUCAS 13:10-17,

HECHOS 3:1-10

 

Por la esperanza de la eternidad:

LUCAS 2:25-35,

JUAN 14,

1 CORINTIOS 15:42-58,

2 CORINTIOS 4:7-18,

1 TESALONICENSES 4:13-18

 

Vea también las Selecciones de Salmos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EN LA HORA DE LA AGONÍA

Si está en tus manos, procura que la persona que está enferma reciba todos los santos sacramentos necesarios y ayúdale a confiar en la Misericordia infinita del Señor, como lo dice el Papa Francisco (QEPD): 

 

«Curar la enfermedad, pero, sobre todo, cuidar al enfermo. Son dos cosas diferentes, y las dos importantes. Puede suceder que, mientras se medican las heridas del cuerpo, se agraven las heridas del alma, que son más lentas y, con frecuencia, más difíciles de sanar.

 

Tanta gente tiene necesidad, tantos enfermos que se pelean por palabras de dulzura, que dan fuerza para llevar adelante la enfermedad o ir al encuentro con el Señor: tienen necesidad de ser ayudados en confiar en el Señor».

 

HACER LA CORORNILLA DE LA DIVINA MISERICORDIA JUNTO A LA PERSONA GRAVE O AGONIZANTE.

 

Oración por los que van a morir

 

Señor crucificado de la santa agonía, que rezaste en el huerto entre grises olivas, con lágrimas de sangre y angustia sin medida, te ruego por aquellos que mueran este día para que no se pierdan, para que los bendigas, en especial por __________.

 

Si el pecado los ata, si el rencor los domina, rompe sus ataduras, sus prisiones, derriba, de modo que un instante de contrición sentida les baste para el cielo como bastó a San Dimas y al fin su muerte sea cristiana y bendecida.

 

A cuantos estén solos, sin una cara amiga, envíales tus ángeles, tus santos los asistan, los tome de la mano nuestra Madre María, y mueran, con tu gracia, en buena compañía.

 

A los que en ti no crean, dales la Luz Divina, que hace ver a los ciegos, al perdido guía, y con verdad eterna, derrota a las mentiras.

 

Si acaso fuera yo quien hoy pierda mi vida, tenme misericordia, Jesús de la agonía, perdona mis pecados, olvida mis tibiezas y haz que pueda morir besando tus heridas y diciendo tu nombre en santa letanía.  Amén.

 

PARA PEDIR LA GRACIA DE MI BIEN MORIR

 

¡Oh Dios mío!, ante el trono de tu adorable Majestad me postro pidiéndote la última de todas las gracias: una feliz hora de muerte.

 

Muchas veces, en verdad, hice mal uso de la vida que me diste; pero a pesar de ello te ruego, me concedas la gracia de terminarla bien y de morir en tu gracia.

 

Déjame morir como los santos Patriarcas, abandonando este valle de lágrimas sin queja, para disfrutar del descanso eterno en mi verdadera patria.

 

Déjame morir como San José, en los brazos de Jesús y María, e invocando estos dulcísimos nombres que espero bendecir por toda la eternidad.

 

Déjame morir como la Virgen María, encendido de amor e inflamado por el santo deseo de unirme con el único objeto de todo mi amor.

 

Déjame morir como Jesús en la cruz, con los sentimientos más vivos del aborrecimiento del pecado, del amor más filial y de la plena resignación en medio de todos mis dolores.

 

Padre eterno, en tus manos encomiendo mi espíritu; muestra en mí tu misericordia.

 

Oh Jesús, que has muerto por mi amor, dame la gracia de morir en tu amor.

 

Oh María, Madre de mi Jesús, ruega por mí ahora y en la hora de mi muerte.

 

Santo ángel de mi guarda, fiel custodio de mi alma, no me abandones en la hora de mi muerte.

 

San José, por tu poderosa intercesión alcánzame la gracia de morir la muerte de los justos. Amen.

 

Señor Dios mío, ya desde ahora acepto de buena voluntad, como venida de tu mano, cualquier género de muerte que te plazca enviarnos, con todas sus angustias, penas y dolores. Amén.

 

OFRECIMIENTO A LA SANTÍSIMA TRINIDAD PARA ALCANZAR UNA BUENA MUERTE

1. Ofrezcamos a la Santísima Trinidad los méritos de Jesucristo en acción de gracias por la preciosa sangre que Jesús derramó él por nosotros en el huerto, Por los méritos del mismo roguemos a su Divina Majestad por la remisión de nuestros pecados y los pecados de ________________. Padrenuestro, Avemaría y Gloria...

 

2. Ofrezcamos a la Santísima Trinidad los méritos de Jesucristo en acción de gracias por la preciosísima muerte que padeció por nosotros en la Cruz. Por los méritos del mismo roguemos a su Divina Majestad por la remisión de las penas debidas por nuestros pecados y por los pecados de ______________. Padrenuestro, Avemaría y Gloria...

 

3. Ofrezcamos a la Santísima Trinidad los méritos de Jesucristo en acción de gracias por la inefable caridad con que bajó del cielo a la tierra a tomar carne humana y padecer y morir por nosotros en la Cruz; y por los méritos del mismo pidamos a su Divina Majestad que después de nuestra muerte conduzca nuestras almas y el alma de ________________, a la gloria celestial. Padrenuestro, Avemaría y Gloria...

“Acoge a _______________ en tu hogar eterno, perdona todos sus pecados para que pueda contemplarte cara a cara y disfrutar por siempre de tu amor…”

Querido Padre Dios: Con confianza, pongo en tus manos a _____________ que pronto dejará este mundo. Acógelo/a en tu hogar eterno, perdona todos sus pecados para que pueda contemplarte cara a cara y disfrutar por siempre de tu amor.

 

Señor Jesucristo, que para salvar a _____________ moriste por él/ella, prepáralo(a) para su Pascua, permítele disfrutar de la verdadera libertad, sin límites de tiempo ni lugar. Que tus gracias den fruto abundante en __________________.

 

Virgen María, todos los ángeles y santos, salid a su encuentro cuando deje ______________ esta vida y consolad a los que esperamos unirnos algún día a vosotros. Amén.

 

«Te recomiendo a Dios Todopoderoso, mi querido hermano (o hermana) ________________, y te pongo en las manos de aquel de quien eres criatura, para que después de haber sufrido la sentencia de muerte, dictada contra todos los hombres, vuelvas a tu Creador que te formó de la tierra.

 

Ahora que tu alma va a salir de este mundo, salgan a recibirte los gloriosos coros de los Ángeles y los Apóstoles, que deben juzgarte; venga a tu encuentro el ejército triunfador de los generosos Mártires; te rodee la multitud brillante de Confesores; te acoja con alegría el coro radiante de las Vírgenes, y sé para siempre admitido con los santos Patriarcas en la mansión de la venturosa paz.

 

Te anime con grande esperanza San José, dulcísimo Patrón de los moribundos. Vuelva hacia ti benigna, sus ojos, la santa Madre de Dios.

Preséntese a Tí Jesucristo, con rostro lleno de dulzura, y te coloque en el seno de los que rodean el trono de su divinidad.

 

No experimentes el horror de las tinieblas, ni los tormentos del suplicio eterno.

 

Huya de ti Satanás con todos sus satélites. Te libre de los tormentos Jesucristo, que fue crucificado por ti; Te coloque Jesucristo, Hijo de Dios vivo, en el jardín siempre ameno de su paraíso, y verdadero Pastor como es, te reconozca por una de sus ovejas.

 

Te perdone misericordioso todos tus pecados; te ponga a su derecha entre sus elegidos, para que veas a tu Redentor cara a cara, y morando siempre feliz a su lado, logres contemplar la soberana Majestad y gozar de la dulce vista de Dios, admitido en el número de los Bienaventurados, por todos los siglos de los siglos. Así sea.

 

Oración por los agonizantes al Sagrado Corazón de Jesús

 

¡Oh misericordioso Jesús, abrasado en ardiente amor de las almas! Te suplico por las agonías de tu sacratísimo Corazón y por los dolores de tu inmaculada Madre, que laves con tu sangre a todos los pecadores de la tierra que estén ahora en la agonía y tienen que morir hoy.  En especial te pido por _____________. Amén.

 

Corazón agonizante de Jesús, ten misericordia de los moribundos. En especial te pido por ______________

 

Señor mío Jesucristo, Dios de bondad, Padre de misericordia: me presento ante ti con el corazón humillado y contrito y te encomiendo mi última hora y lo que después de ella me espera.

 

Letanías del Sagrado Corazón de Jesús

 

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.

Cristo, ten piedad. Cristo, ten piedad.

Señor, ten piedad. Señor, ten piedad.

 

Cristo, óyenos. Cristo, óyenos.

 

Cristo, escúchanos. Cristo, escúchanos.

 

Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.

 

Dios Hijo, redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.

 

Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.

 

Trinidad Santa, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.

 

Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre, (R: ten piedad de _____________).

Corazón de Jesús, unido sustancialmente al Verbo de Dios, (R).

Corazón de Jesús, de majestad infinita, (R ).

Corazón de Jesús, santuario de la divinidad, (R ).

Corazón de Jesús, templo de la Santísima Trinidad, (R ).

Corazón de Jesús, abismo de sabiduría, (R ).

Corazón de Jesús, casa de Dios, puerta del Cielo, (R ).

Corazón de Jesús, silla de la grandeza y de la majestad de Dios, (R ).

Corazón de Jesús, deseo de los eternos collados, (R ).

Corazón de Jesús, que reposas entre los lirios, (R ).

Corazón de Jesús, océano de bondad, (R ).

Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, (R ).

Corazón de Jesús, trono de misericordia, (R ).

Corazón de Jesús, tesoro que no se agota jamás, (R ).

Corazón de Jesús, magnífico con los que te invocan, (R).

Corazón de Jesús, de cuya plenitud hemos sido enriquecidos, (R ).

Corazón de Jesús, modelo de todas las virtudes, (R ).

Corazón de Jesús, infinitamente amable e infinitamente bueno, (R ).

Corazón de Jesús, fuente de vida y santidad, (R ).

Corazón de Jesús, objeto de las complacencias del Padre celestial, (R ).

Corazón de Jesús, hostia viviente, Santa y agradable a Dios, (R).

Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, (R).

Corazón de Jesús, lleno de amargura por nuestra causa, (R ).

Corazón de Jesús, triste hasta la muerte en el jardín de los Olivos, (R .

Corazón de Jesús, saciado de oprobios, (R ).

Corazón de Jesús, herido de amor, (R ).

Corazón de Jesús, obediente hasta morir en la cruz, (R).

Corazón de Jesús, desangrado en la cruz, (R ).

Corazón de Jesús, traspasado por la lanza, (R ).

Corazón de Jesús, transido de dolor por nuestros pecados, (R).

Corazón de Jesús, nuestra vida y nuestra resurrección, (R)

Corazón de Jesús, nuestra paz y nuestra reconciliación, (R ).

Corazón de Jesús, ultrajado en el Santísimo Sacramento de tu amor, (R).

Corazón de Jesús, refugio de los pecadores, (R ).

Corazón de Jesús, fuerza de los débiles, (R ).

Corazón de Jesús, consuelo de los afligidos, (R ).

Corazón de Jesús, perseverancia de los justos, (R ).

Corazón de Jesús, salud y salvación de los que en Ti esperan, (R ).

Corazón de Jesús, esperanza de los que en Ti mueren (R).

Corazón de Jesús, dulce apoyo de tus adoradores, (R ).

Corazón de Jesús, delicia de todos los Santos, (R )

Corazón de Jesús, vocación de los religiosos y religiosas, (R )..

Corazón de Jesús, nuestra ayuda en las tribulaciones, (R ).,

Corazón de Jesús, protector de las familias que te invocan, (R).

 

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros y de _________________.

 

Cristo, óyenos.

Cristo, escúchanos.

 

V. Jesús, manso y humilde de corazón,

R. haz nuestro corazón, semejante al tuyo.

 

Fuente: Grupo de Oración Santo Cura de Ars.

 

 

 

 

Reza con fe y confianza en la misericordia de Dios en el momento en que te enteras que alguien falleció y si está dentro de tus posibilidades acompaña a la familia afectada en la Hora de la Muerte.

Padre santo, Dios eterno y Todopoderoso, te pedimos por tu hijo (a) y siervo (a) __________________, que llamaste de este mundo.

 

Dale la felicidad, la luz y la paz. Que él (ella), habiendo pasado por la muerte, participe con los santos de la luz eterna, como le prometiste a Abraham y a su descendencia.

 

Que su alma no sufra más, y te dignes resucitarlo (a) con los santos el día de la resurrección y la recompensa.

 

Perdónale sus pecados para que alcance junto a Ti la vida inmortal en el reino eterno.

Por Jesucristo, Tu Hijo, en la unidad del Espíritu Santo. Dios, por los siglos de los siglos. Amén. (Rezar un Padrenuestro y un Ave María)

 

Dale, Señor, el descanso eterno y brille para él (ella) tu luz perpetua. Así sea.

 

ORACIÓN DE SAN AGUSTÍN

 

Señor mío Jesucristo, que por la redención del mundo quisiste nacer, ser circuncidado, despreciado de los judíos, vendido por el traidor Judas con beso de falsa paz, atado y llevado para ser crucificado como inocente cordero, presentado ante los tribunales de Anás y Caifás, Herodes y Pilatos, acusado con falsos testimonios, lastimado con afrentas y azotes, y escupido y coronado con espinas; que quisiste ser herido con caña, cubierto el rostro, desnudo y clavado en la Cruz, levantado en ella y puesto entre ladrones; que quisiste que te diesen a beber hiel y vinagre, y ser herido con una lanza, por estas tus santísimas penas, que yo, aunque indigno, he traído a mi memoria, y por tu Santísima Cruz y muerte, libra de las penas del infierno y lleva a donde llevaste al buen ladrón crucificado contigo a tu hijo (a) _____________, que con Dios Padre, en unidad del Espíritu Santo, vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 

PARA LA HORA DE LA MUERTE

¡Oh misericordiosísimo Jesús, abrasado en ardiente amor de las almas! Te suplicamos por las agonías de tu Sacratísimo Corazón y por los dolores de tu Inmaculada Madre, que laves con tu Sangre a todos los pecadores de la tierra que están en agonía y tienen qué morir hoy En especial por tu hijo (a) _______________. Amén.  ¡Corazón agonizante de Jesús, ten misericordia de ellos y de nuestro hermano (a) ______________!

 

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ORACIONES POR LOS DIFUNTOS

 

Oficio de lectura

CONMEMORACIÓN

DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS.

2 de noviembre

Se utiliza también en la Sala de velaciones durante la noche

 

INVITATORIO

V. Señor, abre mis labios.

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

Salmo 23

Ant. Al Señor, rey de los que viven, venid, adorémosle.

 

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,

el orbe y todos sus habitantes:

él la fundó sobre los mares,

él la afianzó sobre los ríos.

 

¿Quién puede subir al monte del Señor?

¿Quién puede estar en el recinto sacro?

El hombre de manos inocentes y puro corazón,

que no confía en los ídolos ni jura contra el prójimo en falso.

 

Ése recibirá la bendición del Señor,

le hará justicia el Dios de salvación.

Éste es el grupo que busca al Señor,

que viene a tu presencia, Dios de Jacob.

 

¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas:

va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la gloria?

El Señor, héroe valeroso; el Señor, héroe de la guerra.

 

¡Portones!, alzad los dinteles, levantaos, puertas antiguas:

va a entrar el Rey de la gloria.

¿Quién es ese Rey de la gloria?

El Señor, Dios de los ejércitos. Él es el Rey de la gloria.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant Al Señor, rey de los que viven, venid, adorémosle.

HIMNO

 

Tú, Señor, que asumiste la existencia,

la lucha y el dolor que el hombre vive,

no dejes sin la luz de tu presencia

la noche de la muerte que lo aflige.

 

Te rebajaste. Cristo, hasta la muerte,

y una muerte de cruz, por amor nuestro;

así te exaltó el Padre, al acogerte, sobre todo poder de tierra y cielo.

 

Para ascender después gloriosamente,

bajaste sepultado a los abismos;

fue el amor del Señor omnipotente

más fuerte que la muerte y su destino.

 

Primicia de los muertos,

tu victoria es la fe y la esperanza del creyente,

el secreto final de nuestra historia,

abierta a nueva vida para siempre.

 

Cuando la noche llegue y sea el día

de pasar de este mundo a nuestro Padre,

concédenos la paz y la alegría

de un encuentro feliz que nunca acabe.

 

Amargo es el recuerdo de la muerte

en que el hombre mortal se aflige

y gime en la vida presente,

cuya suerte es morir cada día que se vive.

 

Es verdad que la luz del pleno día

oculta el resplandor de las estrellas,

y la noche en silencio es armonía de la paz

y descanso en las tareas.

 

Pero el hombre, Señor, la vida quiere;

toda muerte es en él noche y tiniebla,

toda vida es amor que le sugiere

la esperanza feliz de vida eterna.

 

No se oiga ya más el triste llanto;

cuando llega la muerte, poco muere;

la vida, hija de Dios, abre su encanto:

«La niña no está muerta, sólo duerme.»

 

Señor, da el descanso merecido a tus siervos

dormidos en la muerte;

si el ser hijos de Dios fue don vivido,

sea luz que ilumine eternamente. Amén

 

SALMODIA

-Salmo 39, 2-14. 17-18- --I—

 

Ant.1 Redentor mío, resucítame en el último día.

 

De tierra me formaste

y me revestiste de carne;

Señor, Redentor mío,

resucítame en el último día.

 

Yo esperaba con ansia al Señor;

él se inclinó y escuchó mi grito;

Me levantó de la fosa fatal, de la charca fangosa;

Afianzó mis pies sobre roca, y aseguró mis pasos;

 

Me puso en la boca un cántico nuevo,

un himno a nuestro Dios.

Muchos, al verlo, quedaron sobrecogidos

y confiaron en el Señor.

 

Dichoso el hombre

que ha puesto su confianza en el Señor,

y no acude a los idólatras,

que se extravían con engaños.

 

¡Cuántas maravillas has hecho, Señor, Dios mío,

¡cuántos planes en favor nuestro!

Nadie se te puede comparar: intento proclamarlas, decirlas,

pero superan todo número.

 

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído;

no pides sacrificio expiatorio, entonces yo digo:

Aquí estoy —como está escrito en mi libro— para hacer tu voluntad.»

Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant.1 Redentor mío, resucítame en el último día.

 

Ant. 2 Señor, dígnate librarme, date prisa en socorrerme.  --II—

 

He proclamado tu salvación

ante la gran asamblea;

no he cerrado los labios:

Señor, tú lo sabes.

 

No me he guardado en el pecho tu defensa,

he proclamado tu fidelidad y tu salvación,

no he negado tu misericordia

y tu lealtad ante la gran asamblea.

 

Tú, Señor, no me niegues tu clemencia,

que tu misericordia y tu lealtad me guarden siempre,

porque me cercan desgracias sin cuento.

Se me echan encima mis culpas, y no puedo huir;

son más que los cabellos de mi cabeza, y me falta el valor.

 

Señor, dígnate librarme; Señor, date prisa en socorrerme.

Alégrense y gocen contigo todos los que te buscan;

digan siempre: «Grande es el Señor»,

los que desean tu salvación.

 

Yo soy pobre y desdichado,

pero el Señor cuida de mí;

tú eres mi auxilio y mi liberación:

Dios mío, no tardes.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2 Señor, dígnate librarme, date prisa en socorrerme.

 

--Salmo 41—

Ant. 3. Mi alma tiene sed del Dios vivo:

¿cuándo entraré a ver el rostro del Señor?

 

Como busca la cierva, corrientes de agua,

así mi alma te busca a ti, Dios mío;

tiene sed de Dios, del Dios vivo:

¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

 

Las lágrimas son mi pan noche y día,

mientras todo el día me repiten:

«¿Dónde está tu Dios?»

Recuerdo otros tiempos, y mi alma desfallece de tristeza:

cómo marchaba a la cabeza del grupo,

hacia la casa de Dios, entre cantos de júbilo y alabanza,

en el bullicio de la fiesta.

 

¿Por qué te acongojas, alma mía,

por qué te me turbas?

Espera en Dios, que volverás a alabarlo:

«Salud de mi rostro, Dios mío.»

 

Cuando mi alma se acongoja,

te recuerdo, desde el Jordán

y el Hermón y el Monte Menor.

 

Una sima grita a otra sima con voz de cascadas:

tus torrentes y tus olas me han arrollado.

De día el Señor me hará misericordia,

de noche cantaré la alabanza del Dios de mi vida.

 

Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué me olvidas?

¿Por qué voy andando sombrío, hostigado por mi enemigo?

Se me rompen los huesos por las burlas del adversario;

todo el día me preguntan: «¿Dónde está tu Dios?»

 

¿Por qué te acongojas, alma mía, por qué te me turbas?

Espera en Dios, que volverás a alabarlo:

«Salud de mi rostro, Dios mío.»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Mi alma tiene sed del Dios vivo:

¿cuándo entraré a ver el rostro del Señor?

 

VERSÍCULO

 

V. Grande es tu ternura, Señor.

R. Con tu palabra dame vida.

 

PRIMERA LECTURA

De la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1Cor 15, 12-34)

 

Hermanos: Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que decía alguno que los muertos no resucitan? Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe. Y somos convictos de falsos testigos de Dios porque hemos atestiguado contra Dios que resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si es que los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desdichados.

 

¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Lo mismo que por un hombre hubo muerte, por otro hombre hay resurrección de los muertos. Y lo mismo que en Adán todos mueren, en Cristo todos serán llamados de nuevo a la vida.

 

Pero cada uno en su puesto: primero, Cristo; después, en su Parusía, los de Cristo. Después será la consumación: cuando devuelva el reino a Dios Padre, después de aniquilar todo principado, poder y fuerza.

 

Pues él debe reinar hasta poner todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque ha sometido todas las cosas bajo sus pies. Mas cuando él dice que «todo está sometido», es evidente que se excluye a aquel que ha sometido a él todas las cosas.

 

Cuando hayan sido sometidas a él todas las cosas, entonces también el Hijo se someterá a aquel que ha sometido a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todo.

 

De no ser así, ¿a qué viene el bautizarse por los muertos? Si los muertos no resucitan en manera alguna, ¿por qué bautizarse por ellos? Y nosotros mismos, ¿por qué nos ponemos en peligro a todas horas?

 

Os juro, hermanos, por el orgullo que siento por vosotros en Cristo Jesús, Señor nuestro, que cada día estoy en peligro de muerte. Si por motivos humanos luché en Éfeso contra las bestias, ¿qué provecho saqué? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos.

 

No os engañéis: «Las malas compañías corrompen las buenas costumbres.» Despertaos, como conviene, y no pequéis; que hay entre vosotros quienes desconocen a Dios. Para vergüenza vuestra lo digo. Palabra de Dios.

 

Responsorio

 

Guía. Cristo debe reinar hasta que Dios ponga todos sus enemigos bajo sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte.

 

Todos: Entonces la muerte y el hades devolverán los muertos, y la muerte y el hades serán arrojados al lago de fuego. El último enemigo aniquilado será la muerte.

 

 

SEGUNDA LECTURA

Del Libro de san Ambrosio, obispo, Sobre la muerte de su hermano Sátiro

 

Vemos que la muerte es una ganancia y la vida un sufrimiento. Por esto dice san Pablo: Para mí la vida es Cristo, y la muerte una ganancia. Cristo, a través de la muerte corporal, se nos convierte en espíritu de vida.

 

Por tanto, muramos con él, y viviremos con él. En cierto modo debemos irnos acostumbrando y disponiendo a morir, por este esfuerzo cotidiano que consiste en ir separando el alma de las concupiscencias del cuerpo, que es como irla sacando fuera del mismo para colocarla en un lugar elevado, donde no puedan alcanzarla ni pegarse a ella los deseos terrenales, lo cual viene a ser como una imagen de la muerte, que nos evitará el castigo de la muerte.

 

Porque la ley de la carne está en oposición a la ley del espíritu e induce a ésta a la ley del error. ¿Qué remedio hay para esto? ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Gracias a Dios, por Jesucristo, Señor nuestro, ¡me veré libre!

 

Tenemos un médico, sigamos sus remedios. Nuestro remedio es la gracia de Cristo, y el cuerpo de muerte es nuestro propio cuerpo. Por lo tanto, emigremos del cuerpo, para no vivir lejos del Señor; aunque vivimos en el cuerpo, no sigamos las tendencias del cuerpo ni obremos en contra del orden natural, antes busquemos con preferencia los dones de la gracia.

 

¿Qué más diremos? Con la muerte de uno solo fue redimido el mundo. Cristo hubiese podido evitar la muerte, si así lo hubiese querido; mas no la rehuyó como algo inútil, sino que la consideró como el mejor modo de salvarnos. Y, así, su muerte es la vida de todos. Hemos recibido el signo sacramental de su muerte, anunciamos y proclamamos su muerte siempre que nos reunimos para ofrecer la eucaristía; su muerte es una victoria, su muerte es sacramento, su muerte es la máxima solemnidad anual que celebra el mundo.

 

¿Qué más podremos decir de su muerte, si el ejemplo de Cristo nos demuestra que ella sola consiguió la inmortalidad y se redimió a sí misma? Por esto no debemos deplorar la muerte, ya que es causa de salvación para todos; no debemos rehuirla, puesto que el Hijo de Dios no la rehuyó ni tuvo en menos el sufrirla.

 

Además, la muerte no formaba parte de nuestra naturaleza, sino que se introdujo en ella; Dios no instituyó la muerte desde el principio, sino que nos la dio como un remedio. En efecto, la vida del hombre, condenada, por culpa del pecado, a un duro trabajo y a un sufrimiento intolerable, comenzó a ser digna de lástima: era necesario dar fin a estos males, de modo que la muerte restituyera lo que la vida había perdido. La inmortalidad, en efecto, es más una carga que un bien, si no entra en juego la gracia.

 

Nuestro espíritu aspira a abandonar las sinuosidades de esta vida y los enredos del cuerpo terrenal y llegar a aquella asamblea celestial, a la que sólo llegan los santos, para cantar a Dios aquella alabanza que, como nos dice la Escritura, le cantan al son de la cítara: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente, justos y verdaderos tus caminos, ¡oh Rey de los siglos!

 

¿Quién no temerá, Señor?, ¿y glorificará tu nombre? Porque tú solo eres santo, porque vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento; y también para contemplar, Jesús, tu boda mística, cuando la esposa, en medio de la aclamación de todos, será transportada de la tierra al cielo —a ti acude todo mortal—, libre ya de las ataduras de este mundo y unida al espíritu.

 

Este deseo expresaba con especial vehemencia el salmista, cuando decía: Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida y gozar de la dulzura del Señor.

 

Responsorio

 

Guía. A aquellos que mueren piadosamente una magnífica recompensa les está reservada.

 

Todos. Los santos brillarán entonces como el sol en el reino de su Padre.

 

Guía. Una magnífica recompensa les está reservada.

 

TERCERA LECTURA

AL DESHACERSE NUESTRA MORADA TERRENAL, ADQUIRIMOS UNA MANSIÓN ETERNA EN EL CIELO

 

De la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios     4, 16-5, 10

 

Hermanos: Aunque nuestra condición física se vaya deshaciendo, nuestro interior se renueva día a día. Y una tribulación pasajera Y liviana produce un inmenso e Incalculable tesoro de gloria. No nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve. Lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno.

 

Aunque se desmorone la morada terrestre en que acampamos, sabemos que Dios nos dará una casa eterna en el cielo, no construida por hombres. y así gemimos en este estado, deseando ardientemente ser revestidos de nuestra habitación celeste, si es que nos encontramos vestidos, y no desnudos. ¡Sí!, los que estamos en esta tienda gemimos oprimidos.

 

No es que queramos ser desvestidos sino más bien sobrevestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. y el que nos ha destinado a eso es Dios, el cual nos ha dado en arras el Espíritu.

 

Así pues, siempre tenemos confianza, aunque sabemos que mientras vivimos estamos desterrados lejos del Señor. Caminamos sin verlo, guiados por la fe. Y es tal nuestra confianza que preferimos desterrarnos del cuerpo y vivir Junto al Señor. Por lo cual, en destierro o en patria, nos esforzamos en agradarle. Porque todos tendremos que comparecer ante el tribunal de Cristo, para recibir premio o castigo por lo que hayamos hecho en esta vida. Palabra de Dios.

 

Responsorio     Cf. Sal 50, 4

Guía. Señor, no me juzgues según mis actos: nada digno de mérito he hecho en tu presencia;

Todos: por esto ruego a tu majestad, que tú, Dios mío, borres mi culpa.

 

Guía: Lava del todo mi delito, Señor, limpia mi pecado.

Todos: Que tú, Dios mío, borres mi culpa.

 

CUARTA LECTURA

De las Disertaciones de san Anastasio de Antioquía, obispo

CRISTO TRANSFIGURARA ESTE MISERABLE CUERPO NUESTRO

(Disertación 5, Sobre la resurrección de Cristo. 6-7. 9: PG 89, 1358-1359. 1361-1362)

 

Cristo murió y volvió a la vida para eso, para ser Señor de muertos y vivos. Pero Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos. Por tanto, los muertos, de los cuales es Señor aquel que volvió a la vida, ya no están muertos, sino que viven; y por esto domina sobre ellos la vida, de modo que viven ya sin temor a la muerte, del mismo modo que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no muere.

 

Así pues, resucitados y liberados de la corrupción, ya no volverán a experimentar la muerte, sino que tendrán parte en la resurrección de Cristo, como Cristo tuvo parte en la muerte por la que pasaron.

 

 Por esto precisamente bajó Cristo a la tierra, que estaba sujeta con cerrojos eternos: para destrozar las puertas de bronce y quebrar los cerrojos de hierro, y para sacar nuestra vida de la corrupción, cambiando nuestra esclavitud en libertad.

 

Y si este plan de Dios no lo vemos todavía realizado del todo, ya que los hombres continúan muriendo y sus cuerpos sujetos a la disolución del sepulcro, ello no ha de ser motivo de engaño, pues poseemos ya las arras y primicias de todos estos bienes que hemos dicho; gracias a ellas. Hemos subido ya al cielo y nos hemos sentado con aquel que nos ha llevado consigo a las alturas.

 

Como dice Pablo en una de sus cartas: Nos resucitó con él y nos hizo sentar en los cielos con Cristo.

 

La plena realización tendrá lugar cuando llegue el momento determinado de antemano por el Padre, cuando dejaremos ya de ser niños y llegaremos al estado de hombre perfecto. Así ha parecido bien al Padre de los siglos, para que su don permanezca estable, sin el peligro de ser menospreciado por una mentalidad todavía inmadura.

 

No es necesario demostrar que el cuerpo del Señor resucitó espiritualizado, ya que Pablo, hablando de la resurrección de los cuerpos, afirma claramente: Se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual, es decir, un cuerpo transfigurado a imitación de la gloriosa transfiguración de Cristo, Nuestro guía y predecesor.

 

El Apóstol, en efecto, bien enterado de esta materia, nos enseña cuál sea el futuro de toda la humanidad. Gracias a Cristo, el cual transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo.

 

Por tanto, si la transfiguración es una transformación en cuerpo espiritual. si este cuerpo espiritual es a semejanza del cuerpo glorioso de Cristo, de ahí se sigue que Cristo resucitó con un cuerpo espiritual; y este cuerpo es el mismo que fue sembrado en vileza, el mismo que ha sido cambiado en un cuerpo lleno de gloria.

 

Y habiendo colocado junto al Padre este cuerpo glorificado como primicias de nuestra naturaleza, allí colocará también el universo en su totalidad, tal como prometió cuando dijo: Cuando yo sea levantado, atraeré a todos hacia mí.

 

Responsorio     Jn 5, 28-29; 1Co 15, 52

 

Guía. Los que están en el sepulcro oirán la voz del Hijo de Dios.

Todos: Los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida;

 

Guía: los que hayan hecho el mal a una resurrección de condena.

Todos: En un Instante. en un abrir y cerrar de ojos, al toque de la última trompeta, los muertos despertarán

 

Guía: Los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida;

Todos: los que hayan hecho el mal, a una resurrección de condena.

 

QUINTA LECTURA

CRISTO RESUCITADO. ESPERANZA DE TODOS LOS CREYENTES

 

De las Cartas de san Braulio de Zaragoza, obispo

[Carta 19: PL 80. 665-666)

 

Cristo, esperanza de todos los creyentes, a los que se van de este mundo los llama durmientes, no muertos, ya que dice: Nuestro amigo Lázaro duerme.

 

Y el apóstol Pablo no quiere que nos entristezcamos por los que se han dormido, pues nuestra fe nos enseña que todos los que creen en Cristo, según nos asegura el Evangelio, no morirán para siempre, ya que sabemos, por la luz de esta misma fe, que ni él murió, ni nosotros moriremos.

 

Porque el Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que durmieron en Cristo resucitarán.

Así pues, debe animarnos esta esperanza de la resurrección, porque volveremos a ver más tarde a los que ahora hemos perdido; basta sólo con que creamos en Cristo de verdad, es decir, obedeciendo sus mandatos, ya que en él reside el máximo poder de resucitar a los muertos con más facilidad que nosotros despertamos a los que duermen.

 

Mas he aquí que, por una parte, afirmamos esta creencia y, por otra, por no sé qué Impresión del ánimo, volvemos a nuestras lágrimas, y el deseo de nuestra sensibilidad hace vacilar la fe de nuestro espíritu. ¡Oh miserable condición humana y vanidad de toda nuestra vida sin Cristo!

 

¡Oh muerte, que separas a los que vivían juntos, que, dura y cruel, arrancas de nosotros a los que nos unía la amistad! Tus poderes han sido ya aniquilados. Tu yugo implacable ha sido roto por aquel que te amenazaba por boca del profeta Oseas: ¡Oh muerte, yo seré tu muerte! Por esto podemos apostrofarla con las palabras del Apóstol: ¿Dónde está? ¿muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muero te, tu aguijón?

 

El mismo que te venció nos ha redimido a nosotros, entregando su vida muy amada en poder de los malvados, para convertir a estos malvados en amados por él. Son ciertamente muy abundantes y variadas las enseñanzas que podemos hallar en las Escrituras santas, para consuelo de todos.

 

Pero bástenos ahora la esperanza de la resurrección y el fijar nuestros ojos en la gloria de nuestro Redentor, en el cual, por la fe, nos consideramos ya resucitados, según dice el Apóstol: Si verdaderamente hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él.

 

No nos pertenecemos a nosotros mismos, sino a aquel que nos rescató, a cuya voluntad ha de estar siempre sometida la nuestra, tal como decimos en la oración: Hágase tu voluntad.

 

Por esto, con ocasión de la muerte, hemos de decir como Job: El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor. Repitamos ahora estas palabras de Job y así este trance por el que ahora pasamos hará que alcancemos después un premio semejante al suyo.

 

Responsorio     1Ts 4, 13-14; Jr 22, 10

 

Guía: No os aflijáis por la suerte de los difuntos, como los hombres sin esperanza.

Todos: Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto en Jesús, Dios los llevará con él.

 

Guía: No lloréis por el muerto, ni os lamentéis por él.

Todos: Pues si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto en Jesús, Dios los llevará con él.

 

 

Oremos:

Escucha, Señor, nuestras súplicas y haz que, al proclamar nuestra fe en la resurrección de tu Hijo, se avive también nuestra esperanza en la resurrección de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo…

 

CONCLUSIÓN.

V. Bendigamos al Señor.

R, Demos gracias a Dios.

 

Laudes

Al amanecer durante el velorio y en la

CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS.

2 de noviembre

 

INVITATORIO

 

V. Señor, abre mis labios.

R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

 

--Salmo 94--

Ant.  Señor, rey de los que viven, venid, adorémosle.

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes.

Suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

"No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto:

 cuando vuestros padres me pusieron a prueba,

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras."

 

Durante cuarenta años aquella generación me repugnó, y dije:

"Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera que no entrarán en mi descanso."

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Señor, rey de los que viven, venid, adorémosle.

 

HIMNO

 

¡Qué misterio tan profundo éste de mi propio ser:

¡he surgido del no ser, y me exalto, y me confundo,

mientras cantando me hundo en mi nada, y sombra, y todo!

 

Soy cadáver a tu modo, soy sueño, soy despertar,

soy vida, soy palpitar, soy luz, soy llama, soy todo.

 

Muerte, que das a mi vida trascendencia y plenitud,

muerte que ardes de inquietud como rosa amanecida

cuando llegues encendida y silenciosa a mi puerto,

 

besaré tu boca yerta y, en el umbral de mi adiós,

al beso inmenso de Dios me dispondrás, muerte muerta. Amén.

 

SALMODIA

 

- Salmo 50 -

Ant. 1. Se alegrarán en el Señor los huesos quebrantados.

 

Misericordia, Dios mío por tu bondad;

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

lava del todo mi delito,

limpia mi pecado.

 

Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado:

contra ti, contra ti solo pequé,

cometí la maldad que aborreces.

 

En la sentencia tendrás razón,

en el juicio brillará tu rectitud.

Mira, que en la culpa nací,

pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,

y en mi interior me inculcas sabiduría.

Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;

lávame: quedaré más blanco que la nieve.

 

Hazme oír el gozo y la alegría,

que se alegren los huesos quebrantados.

Aparta de mi pecado tu vista,

 borra en mí toda culpa.

 

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con espíritu firme;

no me arrojes lejos de tu rostro,

no me quites tu santo espíritu.

 

Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso:

enseñaré a los malvados tus caminos,

los pecadores volverán a ti.

 

Líbrame de la sangre ¡oh Dios, Dios, Salvador mío!,

y cantará mi lengua tu justicia.

Señor, me abrirás los labios,

y mi boca proclamará tu alabanza.

 

Los sacrificios no te satisfacen;

si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.

Mi sacrificio es un espíritu quebrantado:

un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.

 

Señor, por tu bondad, favorece a Sión

reconstruye las murallas de Jerusalén:

entonces aceptarás los sacrificios rituales, ofrendas y holocaustos,

sobre tu altar se inmolarán novillos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1 Se alegrarán en el Señor los huesos quebrantados.

 

 

 

 

 

 

Cántico Is. 38,10-14. 17-20

Ant. 2 Líbrame, Señor, de las puertas del abismo.

 

Yo pensé: "En medio de mis días

tengo que marchar hacia las puertas del abismo;

me privan del resto de mis años."

 

Yo pensé: "Ya no veré más al Señor en la tierra de los vivos,

ya no miraré a los hombres

entre los habitantes del mundo.

 

Levantan y enrollan mi vida,

como una tienda de pastores.

Como un tejedor devanaba yo mi vida,

y me cortan la trama."

 

Día y noche me estás acabando,

sollozo hasta el amanecer.

Me quiebran los huesos como un león,

día y noche me estás acabando.

 

Estoy piando como una golondrina,

gimo como una paloma.

Mis ojos mirando al cielo se consumen:

¡Señor, que me oprimen, sal fiador por mí!

 

Me has curado, me has hecho revivir,

la amargura se me volvió paz

cuando tuviste mi alma ante la tumba vacía

y volviste la espalda a todos mis pecados.

 

El abismo no te da gracias,

ni la muerte te alaba,

ni esperan en tu fidelidad

los que bajan a la fosa.

 

Los vivos, los vivos son quienes te alaban: como yo ahora.

El Padre enseña a sus hijos tu fidelidad.

Sálvame, Señor, y tocaremos nuestras arpas

todos nuestros días en la casa del Señor.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. Líbrame, Señor, de las puertas del abismo.

- Salmo 145 -

Ant. 3. Alabaré al Señor mientras viva.

 

Alaba, alma mía, al Señor:

alabaré al Señor mientras viva,

tañeré para mi Dios mientras exista.

 

No confiéis en los príncipes,

seres de polvo que no pueden salvar;

exhalan el espíritu y vuelven al polvo,

ese día perecen sus planes.

 

Dichoso a quien auxilia el Dios de Jacob,

el que espera en el Señor, su Dios,

que hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en él;

 

Que mantiene su fidelidad perpetuamente,

que hace justicia a los oprimidos,

que da pan a los hambrientos.

 

El Señor liberta a los cautivos,

el Señor abre los ojos al ciego,

el Señor endereza a los que ya se doblan,

el Señor ama a los justos,

 

El Señor guarda a los peregrinos;

sustenta al huérfano y a la viuda

y trastorna el camino de los malvados.

El Señor reina eternamente,

tu Dios, Sión, de edad en edad.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Alabaré al Señor mientras viva.

 

LECTURA BREVE

1Ts 4, 13

 

Si creemos que Jesús ha muerto y resucitado, del mismo modo a los que han muerto en Jesús, Dios los llevará con él. Palabra de Dios.

 

RESPONSORIO BREVE

V. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

V. Cambiaste mi luto en danza.

R. Porque me has librado.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Yo soy la resurrección y la vida, el cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y él que está vivo y cree en mí no morirá para siempre.

 

Cántico de Zacarías Lc 1, 68-79

 

Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas.

 

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

 

Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días

 

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados.

 

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Yo soy la resurrección y la vida, el cree en mí aunque haya muerto, vivirá; y él que está vivo y cree en mí no morirá para siempre.

 

PRECES.

 

Oremos a Dios Padre todopoderoso, que ha resucitado a Jesucristo de entre los muertos y vivificará también nuestros cuerpos mortales, y digámosle:

Dueño de la vida y de la muerte, escúchanos.

 

Padre santo, ya que por el bautismo hemos sido sepultados con Cristo en la muerte y con él hemos resucitado, haz que de tal forma andemos en vida nueva, que aún después de nuestra muerte vivamos para siempre con Cristo. Oremos:

Dueño de la vida y de la muerte, escúchanos.

 

Señor, que diste a tu Hijo en su agonía el consuelo del ángel, confórtanos en nuestra agonía con la serena esperanza de la resurrección. Oremos:

Dueño de la vida y de la muerte, escúchanos.

 

Tú, Señor, que libraste a los tres jóvenes del horno ardiente, libra también las almas de los difuntos del castigo que sufren por sus pecados. Oremos:

Dueño de la vida y de la muerte, escúchanos.

 

Dios y Señor de vivos y muertos, que resucitaste a Cristo del sepulcro, resucita también a los difuntos, y a nosotros danos un lugar junto a ellos en tu gloria. Oremos:

Dueño de la vida y de la muerte, escúchanos.

 

Te ofrecemos estas humildes oraciones por el eterno descanso de tu siervo (a) ___________. Oremos: Dueño de la vida y de la muerte, escúchanos.

Porque deseamos que la luz de Cristo ilumine a los vivos y a los muertos, pidamos al Padre que llegue a todos su reino: Padre nuestro…

 

ORACIÓN.

Escucha, Señor, nuestras súplicas y haz que, al proclamar nuestra fe en la resurrección de tu Hijo, se avive también nuestra esperanza en la resurrección de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo…

 

CONCLUSIÓN.

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R, Amén.

                                                                                  

 

Vísperas

Al atardecer durante el velorio y en la

Conmemoración de todos los fieles difuntos.

 

INVOCACIÓN INICIAL

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

 

 

HIMNO

 

Si morir no es despertar, si es simplemente morir,

¿para qué, muerte, vivir?,

¿para qué, muerte, empezar esta angustia, este llorar?

 

Más, si eres umbral y puerta del misterio,

si honda y cierta aseguras mi esperanza,

¡qué cima de luz se alcanza viviendo una vida muerta! Amén.

 

SALMODIA

 

Ant. 1. El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma.

Salmo 120

 

Levanto mis ojos a los montes:

¿de dónde me vendrá el auxilio?

El auxilio me viene del Señor,

que hizo el cielo y la tierra.

 

No permitirá que resbale tu pie,

tu guardián no duerme,

no duerme ni reposa

el guardián de Israel.

 

El Señor te guarda a su sombra,

está a tu derecha;

de día el sol no te hará daño,

ni la luna de noche.

 

El Señor te guarda de todo mal,

él guarda tu alma;

el Señor guarda tus entradas y salidas,

ahora y por siempre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 1. El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma.

 

Salmo 129

Ant. 2. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?

 

Desde lo hondo a ti grito, Señor;

Señor, escucha mi voz;

estén tus oídos atentos a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,

¿quién podrá resistir?

Pero de ti procede el perdón, y así infundes respeto.

 

Mi alma espera en el Señor,

espera en su palabra;

mi alma aguarda al Señor,

más que el centinela a la aurora.

 

Aguarde Israel al Señor, como el centinela la aurora;

porque del Señor viene la misericordia,

la redención copiosa; y él redimirá a Israel de todos sus delitos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 2. Si llevas cuenta de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?

 

Cántico Flp. 2, 6-11

Ant. 3. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da nueva vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.

 

Cristo, a pesar de su condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios; al contrario, se anonadó así mismo, y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos.

 

Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz.

 

Por eso Dios lo levantó sobre todo y le concedió el "Nombre-sobre-todo-nombre"; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en un principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. 3. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da nueva vida, así también el Hijo da vida a los que quiere.

 

LECTURA BREVE

1Co 15, 55-57

 

¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado es la ley. ¡Demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo! Palabra de Dios.

 

 

RESPONSORIO BREVE

V. A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado.

R. A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado.

 

V. Tu misericordia es mi gozo y mi alegría.

R. No quede yo nunca defraudado.

 

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R. A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado.

 

CÁNTICO EVANGÉLICO

 

Ant. Todos los que el Padre me ha entregado vendrán a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera.

Cántico de la Santísima Virgen María

 

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.

 

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

 

Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.

 

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia -como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abraham y su descendencia por siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Gloria a Dios, Padre omnipotente; y a su Hijo Jesucristo, el Señor; y al Espíritu divino que habita en nuestras almas, por los siglos de los siglos para siempre.

 

Ant. Todos los que el Padre me ha entregado vendrán a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera.

 

PRECES

 

Oremos al Señor Jesús, que transformará nuestro cuerpo frágil en cuerpo glorioso como el suyo, y digámosle: Dueño de la vida y de la muerte, escúchanos.

 

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que resucitaste de entre los muertos a tu amigo Lázaro, lleva a una resurrección de vida a los difuntos que rescataste con tu sangre preciosa. Oremos:

Dueño de la vida y de la muerte, escúchanos.

 

Señor Jesucristo, consolador de los afligidos, que ante el dolor de los que lloraban la muerte de Lázaro, del joven Naím y de la hija de Jairo acudiste compasivo a enjugar sus lágrimas, consuela también ahora a los que lloran la muerte de sus seres queridos. Oremos:

Dueño de la vida y de la muerte, escúchanos.

 

Señor Jesucristo, siempre vivo para interceder por nosotros y por todos los hombres, enséñanos a ofrecer el sacrificio de alabanza por los difuntos, para que sean absueltos de sus pecados. Oremos:

Dueño de la vida y de la muerte, escúchanos.

 

Cristo salvador, destruye en nuestro cuerpo mortal el dominio del pecado por el que merecimos la muerte, para que obtengamos, como don de Dios, la vida eterna. Oremos Dueño de la vida y de la muerte, escúchanos.

 

Cristo redentor, mira benignamente a aquellos que, al no conocerte, viven sin esperanza, para que crean también ellos en la resurrección y en la vida del mundo futuro. Oremos Dueño de la vida y de la muerte, escúchanos.

 

Señor, te ofrecemos estas humildes oraciones por el eterno descanso de tu siervo (a) __________. Oremos:

Dueño de la vida y de la muerte, escúchanos.

 

Tú, Señor, que has dispuesto que nuestra casa terrena sea destruida, concédenos una morada eterna en los cielos. Porque deseamos que la luz de Cristo ilumine a los vivos y a los muertos, pidamos al Padre que llegue a todos su reino: Padre Nuestro...

 

ORACIÓN

Escucha, Señor, nuestras súplicas y haz que, al proclamar nuestra fe en la resurrección de tu Hijo, se avive también nuestra esperanza en la resurrección de nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo…

 

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

R. Amén.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EN EL CEMENTERIO (O EN LA CRIPTA)

 

JUNTO AL SEPULCRO

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

MONICIÓN

 

Queridos hermanos: nos encontramos hoy en este cementerio para realizar las obras de misericordia espirituales y corporales en nuestro hermano(a)__________________ que murió en la paz de Cristo y confiarlo con fe y esperanza, al amor de Dios Padre.

 

Por el bautismo fue incorporado(a) a la Iglesia, la familia de Cristo y, unido(a) a nuestra comunidad, participó asiduamente en la mesa del Señor.

 

Pidamos, pues, ahora a Dios que lo creó, le alegre también en el banquete de su reino y que puedan gozar con los santos y elegidos de los premios eternos. Amén.

 

ORACIÓN COLECTA

 

Todos: Autor de la vida, acuérdate de nuestros hermanos, familiares y bienhechores y por nuestro hermano(a) _____________que, confiando en ti, ha ido a su descanso eterno; y, ya que este primer mundo acabó para él (ella), alégralo(a) ahora en tu paraíso, donde ya no hay llanto ni luto ni dolor, sino paz y alegría con tu Hijo y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. R/. Amén.

 

 

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS

Lectura del santo evangelio según san Juan (6,37-4)

 

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

– «Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no

lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.

Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.

Ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».

Palabra del Señor.

 

ORACIÓN.

 

Todos: Señor Jesucristo, que por estar tres días en el sepulcro santificaste todos los sepulcros de los que creen en ti, de tal manera que, al descender los cuerpos a la tierra, aumenta la esperanza de la resurrección, concédenos que en este sepulcro duerma en paz tu hijo (a)______________ y aquí descanse hasta que tú, que eres la resurrección y la vida, lo (a) ilumines al resucitarlo (a) y que, en la luz de tu rostro, contemple la luz del cielo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

 

Se rocía el agua bendita en el sepulcro y en el cuerpo del difunto.

 

Rito de Inhumación.

(Depósito del cuerpo en la fosa o en la cripta)

 

Dios todopoderoso ha llamado a nuestro (a) hermano (a) ___________ y nosotros ahora enterramos su cuerpo, para que vuelva a la tierra de donde fue sacado(a). Con la fe puesta en la resurrección de Cristo, primogénito de los muertos, creemos que él transformará nuestro cuerpo humillado y lo hará semejante a su cuerpo glorioso.

 

Por eso encomendamos nuestro (a) hermano (a) ____________ al Señor, para que lo (a) resucite en el último día y lo (a) admita en la paz de su Reino.

 

En este momento, si se cree oportuno, se hace una pequeña reflexión o si alguien quiere dirigir unas breves palabras para dar ánimo, consuelo y fortaleza.

 

Preces finales.

 

Pidamos por nuestro (a) hermano (a) ___________ a Jesucristo nuestro Señor, el cual dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás”.

 

Tú que lloraste por la muerte de Lázaro, enjuga nuestras lágrimas.

Todos: Escúchanos, Señor.

 

Tú que llamaste a los muertos a la vida, dale a ___________ (a) hermano (a) nuestro (a), la vida eterna.

Todos: Escúchanos, Señor.

 

Tú que prometiste el paraíso al ladrón arrepentido, introduce en el cielo a _______________ hermano (a) nuestro (a).

Todos: Escúchanos, Señor.

 

Tú que alimentaste a nuestro (a) hermano (a) ______________ con el sagrado banquete de tu Cuerpo y Sangre, admítelo (a) en la mesa de tu Reino.

Todos: Escúchanos, Señor.

 

Y a nosotros todos, Señor, que estamos afligidos por la muerte de nuestro (a) hermano (a) ______________ anímanos con tu fortaleza, con el consuelo de la fe y la esperanza a la vida eterna.

Todos: Escúchanos, Señor.

 

Padre nuestro...

Señor, ten misericordia de tu siervo (a) ____________ para que no sufra el castigo por sus faltas, pues deseó cumplir tu voluntad. La verdadera fe lo (la) unió aquí en la tierra, al pueblo fiel; que tu bondad lo (la) una al coro de los ángeles y elegidos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

ÚLTIMA RECOMENDACIÓN Y DESPEDIDA

 

Hermanos: puesto que vamos a cumplir con el deber de dar sepultura a un cuerpo humano, según la costumbre de los fieles, pidamos con mucha confianza a Dios, para quien todos están vivos, que el cuerpo débil de ______________ (a) hermano (a) nuestro (a) que vamos a sepultar, resucite el último día con la perfección y cualidades de los santos, y que su alma pueda sumarse desde ahora a las de los santos y fieles.

 

Vamos a pedir para que Dios tenga misericordia de él (ella) en el juicio y que, rescatado (a) de la muerte, pagadas todas sus deudas, reconciliado (a) con el Padre y llevado (a) en los hombros del Buen Pastor, merezca gozar en el séquito del Rey Eterno, de la alegría perpetua y de la compañía de los santos.

 

Recibid su alma: ofrecedla en la presencia del Altísimo.

Todos: Recibid su alma: ofrecedla en la presencia del Altísimo.

 

Acudid, Santos de Dios, salid a su encuentro, ángeles del Señor.

Todos: Recibid su alma: ofrecedla en la presencia del Altísimo.

 

Que Cristo, que te llamó, te reciba, y que el coro de los ángeles te introduzca en el cielo.

Todos: Recibid su alma: ofrecedla en la presencia del Altísimo.

 

Dale, Señor, el descanso eterno y brille para él (ella) la luz perpetua.

Todos: Recibid su alma: ofrecedla en la presencia del Altísimo.

 

Mientras se realiza la sepultura, se sugiere un canto apropiado.

 

TOMADO DE LA MANO.

 

ESTRIBILLO:
Tomado de la mano, con Jesús yo voy, le sigo como oveja que encontró al pastor. Tomado de la mano, con Jesús yo voy adonde Él va. (2 veces).

 

Si Jesús me dice: "Amigo, deja todo y ven conmigo, donde todo es más hermoso y más feliz". Si Jesús me dice: "Amigo, deja todo y ven conmigo". Yo, mi mano pondré en la suya e iré con Él.

ESTRIBILLO.

Yo te llevaré amigo, a un lugar conmigo, donde el sol y las estrellas aún brillan más. Yo te llevaré amigo, a un lugar conmigo, donde todo es más hermoso y más feliz.
ESTRIBILLO.

Oración después del entierro en el cementerio o en la cripta.

V/. Señor ten piedad, Señor ten piedad

Cristo ten piedad, Cristo ten piedad

Señor ten piedad, Señor ten piedad

 

ORACIÓN Y RESPONSO FINAL

 

Padre clementísimo, te encomendamos el alma de nuestro (a) hermano (a) _______________, apoyados en la certeza de que resucitará en el último día con Cristo y con todos los que han muerto en Cristo.

 

Te damos gracias por todos los beneficios que diste a este (a) hijo (a) tuyo (a) le concediste en vida y que son ahora señales de que él (ella) están en comunión con los santos en Cristo.

 

Que tu corazón misericordioso se conmueva, Señor, por nuestras plegarias, abre a tu hijo (a) ____________ las puertas de cielo y a nosotros, que permanecemos en este mundo consuélanos con las palabras de la fe hasta que un día, todos encontremos a Cristo y permanezcamos con él y con nuestro (a) hermano(a). Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

Hermano (a) _________________ Al paraíso te lleven los ángeles, a tu llegada te reciban los mártires y nuestra parentela que allá se encuentra y te introduzcan en la ciudad santa de Jerusalén.

 

Escucha, Señor, nuestras súplicas y haz que tus siervos en especial __________, que han salido de este mundo, perdonados de sus pecados y libres de toda pena, gocen junto a ti la vida inmortal; y, cuando llegue el gran día de la resurrección y del premio, colócalos entre tus santos y elegidos. Por Jesucristo, nuestro Señor. R/. Amén.

 

V/. Señor, + a nuestro (a) hermano (a) ____________dale el descanso eterno.

R/. Y brille sobre para él (ella) la luz eterna.

 

V/. Descansen en paz.

R/. Así sea.

 

V/. Las almas de todos los fieles difuntos, en especial la de nuestro (a) hermano (a) ______________, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

R/. Amén.

 

V/. Podéis ir en paz.

R/. Demos gracias a Dios.

 

Canto.

 

María Mírame

 

María, mírame. María, mírame

Si Tú me miras, Él también me mirara

Madre mía, mírame. De la mano llévame

Muy cerca de Él. Que ahí me quiero quedar

María, cúbreme con tu manto

Que tengo miedo, no sé rezar

Que por tus ojos misericordiosos

Tendré la fuerza, tendré la paz.

 

María, mírame. María, mírame

Si Tú me miras. Él también me mirara

Madre mía, mírame. De la mano llévame

Muy cerca de Él. Que ahí me quiero quedar

 

Madre, consuélame de mis penas

Es que no quiero ofenderle más

Que por tus ojos misericordiosos

Quiero ir al cielo y verlos ya.

 

María, mírame. María, mírame.

Si Tú me miras. Él también me mirara

Madre mía, mírame. De la mano llévame,

Muy cerca de Él. Que ahí me quiero quedar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SANTO ROSARIO PARA LOS FIELES DIFUNTOS

Familia del Santo Rosario, Queridos hermanos, que la paz del señor sea con todos nosotros. Amén

 

Nos hacemos la señal de la cruz: "In nómine Patris et Fílii et Spíritus Sancti". Amén."

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

 

Oración.

Ven Espíritu Santo ven, ven por medio de la dulce y poderosa intercesión del corazón inmaculado de María tu amadísima esposa.

 

AL ESPÍRITU SANTO

INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

 

Ven a nuestras almas, ¡Oh Espíritu Santo!

Envíanos del cielo, de tu luz, un rayo.

 

Ven Padre de pobres, ven de dones, franco

Ven, de corazones, lúcido reparo.

 

Ven Consolador, dulce y Soberano,

Huésped de las almas y suave regalo.

 

En los contratiempos, descanso al trabajo,

Templanza en lo ardiente, consuelo en el llanto

 

Santísima luz, de todo cristiano,

Lo íntimo del pecho, llena de amor casto.

 

En el hombre nada se halla sin tu amparo,

Y nada haber puede, sin Ti, puro y santo.

 

Con tus aguas puras lava lo manchado,

Riega lo que es seco, pon lo enfermo sano.

 

Al corazón duro, doblegue tu mano,

Y ablande las almas que manchó el pecado.

 

Vuelve al buen camino al que está extraviado,

Y al helado enciende, con tu fuego santo.

 

Concede a tus fieles en ti confiados,

De tu alto don, sacro centenario.

 Aumento en virtudes, has que merezcamos,

Del eterno gozo, el feliz descanso.

PEDIMOS POR EL ETERNO DESCANSO DE NUESTRO (A) HERMANO (A): ________________

 

 

LAMENTO DE LAS ALMAS DEL PURGATORIO

 

Por la más leve culpa de malicia padezco, de ese fuego, la violencia. ¡Ver que sería juzgado con justicia, si esto ha sido juzgado con clemencia! ¿Qué puede librar toda mi pena, con poner diligencia cuando allá vivía? Y hoy necesito de que mano ajena me dé lo que adquirir pudo la mía. Hijo, Padre, esposo, hermano, amigo, por quien quizá padezco estos ardores, pues tus favores fueron mi castigo, mitiguen mi castigo tus favores.

 

PÉSAME     

 

Pésame Dios mío y me arrepiento de todo corazón de haberte ofendido. Pésame por el infierno que merecí y por el cielo que perdí; pero mucho más me pesa porque pecando ofendí un Dios tan bueno y tan grande como vos; antes querría haber muerto que haberle ofendido, y propongo firmemente ayudado por tu divina gracia, no pecar más y evitar las ocasiones próximas de pecado. Amén

 

Oración.

 

Eterno Dios Creador de todas las cosas, universal Padre y consuelo de los afligidos y atribulados; nosotros, ovejas tuyas, que descarriadas de tu rebaño hemos muchas veces elegido los pastos venenosos de este engañoso mundo, dejando los pastos saludables de tu doctrina; te suplicamos, Señor, nos perdones esta ofensa contra ti cometida, pues ya decimos que nos pesa el alma de haberte ofendido, porque es injuria a tu divina bondad, digna de ser infinitamente amada y proponiendo firmemente la enmienda esperamos por los méritos de tu Santísimo Hijo, conseguir la felicidad de tu gloria, donde rendidamente te pedimos coloques a las almas de los justos y llegue ya el día feliz y dichoso, en que vayan purificadas a descansar en paz, y gocen de tu Divina Persona por toda una eternidad. Amén.

 

NOTA: Cuando son los tres días, ocho días, siete semanas, el mes, los seis meses o el aniversario, no se lee los días del novenario, pasamos a las siete Ave María.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PRIMER DÍA

(o el día que corresponda en caso de novenario)

 

Considera cristiano, la acerba pena, aflicción y angustia que padecen las pobres almas del purgatorio, en aquellos calabozos sin la vista de Dios y advierte que, siendo la consecución del último fin, el mayor bien del alma, están justamente teniendo ya adquirido derecho para posesión de la gloria.

Ruega a la Divina Misericordia que aquellas pobres almas, en especial de nuestro (a) hermano (a) ________________ se les mitigue esta pena y con oraciones y ayunos procura que la justicia divina se dé por satisfecha y acepte sus sufragios para alivio de aquel padecer que no hay palabras con que poderlo ponderar.

 

DÉCIMA

 

Por cierto, debes tener,

Que la voluntad aspira

Y por fin último mira,

Al sumo bien poseer.

¡Qué pena no es de creer,

¡Padecerán por privadas!

De Dios las almas amadas,

Y pudiendo tu oración

Aliviarles la prisión,

¿Las dejas solas y desconsoladas?

 

ORACIÓN.

 

Dulcísimo Jesús, amado dueño de nuestras almas, que dando principio a la redención del linaje humano, con los infinitos méritos de tu santísima pasión, te retiraste al huerto Getsemaní, en donde orando padeciste en tu humanidad el desamparo y falta de consuelo de tu misma Divinidad, contristando tanto, que sudaste sangre hasta regar a tierra, por lo que el eterno Padre te envió un ángel que te confortara, te suplicamos, Señor, que por la aflicción que tuviste en este desamparo, apliques tus infinitos méritos a las necesitadas almas del purgatorio, en donde están como desamparadas de Dios, privadas de su Divina Presencia, suplan tus méritos para con el eterno Padre lo que les falta para llegar a unirse a su último fin; y a nosotros, Señor, favorécenos con tus soberanos auxilios, para que guardando tus santos mandamientos no padezcamos la pena de este desamparo, y también concédenos la particular gracia que te pedimos en este momento de oración. Amén.

 

SEGUNDO DÍA

Considera cristiano que las pobres almas del purgatorio están en él, como esclavos que no tienen facultades ni posibilidades para liberarse de las cadenas y grillos que las oprimen, como desterrados de su patria, sin poder entrar en ella hasta que se cumpla el tiempo, y para que esto lo abrevien tus sufragios, no seas omiso en remitírselos, para liberarlas de los grillos y cadenas, y que se les acabe el destierro que tienen de la patria celestial.

 

DÉCIMA

 

Si en una cárcel te vieras,

Con prisiones oprimido,

¿No exhalarás un gemido

¿Y la libertad pidieras?

Pues oye que estas penas fieras,

Se encuentran hoy sumergidas

Deudos tuyos que, afligidos,

Piden a tu gran piedad,

Ruegue que, en la eternidad,

Por Dios sean admitidos.

 

ORACIÓN

 

Señor mío Jesucristo, que por la traición del malvado discípulo, fuiste preso como un malhechor y llevado a la ciudad de Jerusalén, maniatado con sogas y cadenas como un esclavo, te suplicamos piadoso Señor que liberes a los justos que están en el purgatorio ligados de grillos y cadenas, de las que por sí solos no se pueden libertar ni satisfacer; y a nosotros nos saques de las obligaciones penales a que nos indujo la culpa para más bien servirnos y amarnos. Amén.

 

TERCER DÏA

Considera cristiano que el purgatorio es un lago de fuego, y lugar de tinieblas y oscuridad, en donde ni las estrellas brillan, ni el sol los alumbra, en cuyo lugar están olvidadas las almas de muchos que en este mundo hicieron favores de aquellos mismos que los recibieron. Acuérdate tú, cristiano, de estas pobres almas y ayúdalas con tus oraciones, para que salgan de tan penoso lugar.

 

DECIMA

 

De un seno obscuro y fogoso,

Donde el sol no resplandece,

Ni la estrella allí aparece,

Se oye un llanto muy quejoso.

Y tú tan poco piadoso,

No escuchas sus peticiones,

Que son pedirte oraciones,

Mal le correspondes

Cuando su hacienda estás disfrutando,

Y olvidas sus prisiones.

ORACIÓN

 

Señor mío Jesucristo que después de infinitos oprobios que recibiste en las casas de los pontífices Anás y Caifás, te pusieron en un lugar tenebroso y horrible para que allí estuvieras toda la noche, en donde solo el día del juicio se sabrá lo que padeciste en el lugar tan obscuro, te rogamos Señor, por este martirio penoso, que te acuerdes de las pobres almas del purgatorio, que dentro de tan profundo y horroroso lugar, solo tus santísimos méritos las podrán libertar de tanta aflicción como allí padecen, y a nosotros, Señor, sácanos de la hediondez del pecado para que podamos sin mancha alguna, introducirnos a la patria celestial. Amén.

 

CUARTO DÍA

Considera cristiano la pena, aflicción y angustia que padecen las pobres almas del purgatorio, en aquella cárcel de la justicia divina, vecina al infierno de los condenados por cuya inmediación alcanzan las blasfemias e injurias que contra Dios están rabiosamente diciendo los condenados.

 

Oh qué duro y áspero le es a un alma que conoce perspicazmente las inefables perfecciones de Dios, al oír insulto tan infame contra su Majestad, tú, cristiano, procura arreglar no blasfemes de Dios, para que ni en el purgatorio te oprima esta suma angustia.

 

DECIMA

 

Que la justicia divina,

Puso al purgatorio encuentro

De la tierra allá en el centro

Siendo esta cárcel vecina

Al hondo infierno imagina.

Cuán grande será el dolor

Que les causa aquel furor

Con que los malos maldicen

Pues, todo un sumo ardor.

 

ORACIÓN

 

Señor mío Jesucristo, que puesto en el lugar público del pretorio de Pilatos, estabas computado con malhechores y repuntado por uno de ellos, en donde oías las blasfemias e injurias que aquellos malvados decían contra ti, te suplicamos Señor, que libres a las pobres almas del purgatorio que con perversa vecindad, oyen desde allí las perversas injurias, con que los réprobos blasfeman tu Santísimo Nombre, que es una de las mayores penas que allí padecen estas pobres almas, a nosotros que saliendo de la cárcel de este corruptible cuerpo, vayamos a alabarte por toda una eternidad. Amén.

 

 

 

QUINTO DÍA

Considera cristiano que las pobres almas del purgatorio están metidas y encerradas en aquel lugar de tormentos y dolores tan graves y crueles que superan a todos los suplicios que los más crueles tiranos han inventado para mortificar a los mártires, tan eternos y tan largos que un día de ellos es más penoso y dilatado que cien mil años del mundo, y mitigándose estos tormentos, con tus obras no seas omiso en redimirlas al eterno Padre, para que alivie a las pobres almas de tanta pena.

 

DECIMA

 

Une las penas y horrores

Que han inventado tiranos

Los jueces más inhumanos

Y hallarás que son mayores,

Los tormentos y dolores,

Que sin cesar atormentan

A las almas y aunque intentan

Los santos esto expresar,

Lo dejan sin explicar

Por más que a ellos se alienta

 

ORACIÓN

 

Pacientísimo Jesús, que después de varios oprobios fuiste atado a una columna, para ser cruelmente atormentado con más de cinco mil azotes, que descargaron sobre tu delicado cuerpo, por estas crueldades que padeciste, solo suplicamos des algún alivio a las necesitadas almas del purgatorio, en donde padecen tan insufribles tormentos y crueldades que ejecutan los ministros de tu divina justicia, que nuestra baja comprensión no les puede conocer, basten ya Señor estas penas, que se acabe tanta angustia, y llegue ya el día del consuelo para estas pobres almas y a nosotros, danos tu gracia para que no cayendo en el precipicio de la culpa, nos libre de semejantes tormentos y penas. Amén.

 

SEXTO DÍA

Considera cristiano que el purgatorio es un terrible abismo en donde fácilmente caen las almas de los cristianos, en donde al paso es fácilmente la entrada y más difícil la salida, no por parte de las almas que en aquel estado no pueden ya merecer ni más que pagar padeciendo, si no por parte del mismo Dios hasta que se dé por satisfecha su Divina Justicia, cuanto más por parte de los vivos, que son tan inteligentes en ayudarlas con oraciones y sufragios, dificultándose más y más la salida, no seas así cristiano, si no  procura eficazmente pedir a Dios por ellas y sufragarlas, para que salgan de tan horrendo lugar.

 

 

DECIMA

 

Es un abismo horroroso,

Que muy fácil es su entrada,

Está el alma atormentada,

Y siendo el salir penoso.

Con cada encuentro reposo.

Hasta lograr en tu celo,

El descanso que en el cielo

Dios te tiene preparado,

No seas tan descuidado,

Pide con todo el anhelo

 

ORACIÓN

 

Benignísimo Jesús, que caminando al monte calvario con el duro leño de la cruz, tres veces caíste y diste en tierra tu humanidad santísima, manifestando que sin la ayuda de ajenas fuerzas no te podías levantar, te suplicamos, Señor, que las pobres almas, que oprimidas con el peso de su culpa, caen fácilmente en el horrendo seno del purgatorio, sin poder por sus propias fuerzas levantarse, las ayudes a salir de él con tus infinitos méritos, y a nosotros comunícanos tu gracia para no caer en el precipicio de la culpa. Amén.

 

SÉPTIMO DÍA

Considera cristiano que el purgatorio es un horno de fuego tan violento y persistente, que sin consumir abraza aquellas pobres almas, que quizás acá estuvieron regaladas. Es un fuego discreto que a cada uno atormenta, según sus méritos, es un severo inquisidor, que escudriña hasta la más leve culpa para dar la correspondiente pena, tú cristiano, compadécete de esta violencia en el padecer y con tus sufragios remite a estas pobres almas algún alivio que ablande a esta indecible pena.

 

DECIMA

 

Nadie puede hacer tasa,

Al fuego del purgatorio

Pues es sabido y notorio,

Que sin consumir abraza

Esto es lo cierto que pasa

Y que son penas medidas

Purgadas en este fuego

Pues no los tomes a juego

Mira que no son fingidas.

 

 

 

 

ORACIÓN

 

Dulcísimo Jesús, amorosísimo Padre nuestro que por el sumo e infinito fuego de amor que en el horno de tu pecho ardía te determinaste a padecer por nosotros tanto y tales males, injurias y ofensas para librarnos de la esclavitud del pecado, extiendas Señor, ese encendido amor a las pobres almas del purgatorio, que detenidas en aquel horno de fuego se abrazan sin consumirse con indecible tormento, libértalas de tanta angustia como padecen y a nosotros, concédenos la participación de este divino ardor para que como abrazados serafines te amemos. Amén.

 

OCTAVO DÍA

Considera cristiano la aflicción y angustia que oprime a las pobres almas del purgatorio, por la memoria de las culpas que cometieron en el mundo, que les son más horribles que aquellas penas cuando miran las virtudes que despreciaron, que con ellas se hubieran librado de aquella tristeza, tú cristiano, procura aliviar a los que entristece esta penosa memoria.

 

DECIMA

 

Cuando lleguen a pesar

Los males que cometieron

Y bienes que omitieron,

Tanto se llega aumentar,

De las almas el penar,

Que llega a ser su dolor

Sin duda mucho mayor,

Que el fuego que las aflige

Pues según esto las junta,

Cuán grave será este ardor

 

ORACIÓN

 

Señor mío Jesucristo crucificado, que pendiente del sagrado leño de la Cruz, considerabas las muchas culpas que habían de cometer los hombres, y la negligencia en la práctica de las virtudes, por lo que se había de disfrutar para muchos la sangre que derramaste, por esta angustia que padeciste, te suplicamos, oh Señor, des algún alivio a las pobres almas del purgatorio en la grave pena que las oprime, cuando hacen memoria de las culpas que en el mundo cometieron y se hicieron acreedores a tanta pena, libéralas Señor de estas penas y aflicciones que padecen y a nosotros danos tu gracia para que no te ofendamos y nos mortifique después de esta vida esta memoria. Amén.

 

 

 

 

 

NOVENO DÍA

Considera cristiano que el purgatorio es un terrible, cruel y duro bautismo, porque así como éste lava las manchas de las culpas e introduce a los que lo reciben en el reino de Cristo, que es la Iglesia, así el purgatorio con penas, aflicciones y angustias lava, limpia y purifica de los reatos de las culpas a las culpas que en él residen y bien, purificado las introduce últimamente en el paraíso de la gloria; tú cristiano, que del bautizo quedaste limpio de las manchas de las culpas, procura evitar que el purgatorio te lave y te purifique y remite sufragios a las almas que hay en él, para que purificadas salan de tanta pena.

 

 

DECIMA

 

Si el alma que nace muerta

Por la culpa para entrar

En la Iglesia ha de penetrar

Por bautismo que es la puerta

También es cosa muy cierta

Que en aquel obscuro abismo

Las almas para purgar

Los reatos y pasar

De Dios al reposo mismo.

 

ORACIÓN

 

Señor mío Jesucristo crucificado, que después de entregado el espíritu en manos del eterno Padre, un cruel e inhumano soldado, levantó la lanza y con ella atravesó tu divino costado, en donde salieron arroyos  de sangre y agua hasta regar la tierra, te suplicamos Señor que con ella laves y purifiques a las pobres almas del purgatorio, para que queden ya limpias de toda mancha de culpa, ser colocadas en los eternos palacios de tu gloria, y allí habitarán en compañía de los Ángeles y Santos, y a nosotros, que hermoseados y limpios con las aguas de la penitencia, te alabemos en la celestial patria por todos los siglos. Amén.

 

AL TERMINAR LAS ORACIÓNDES DEL DÍA QUE CORRESPONDE.

Se dirán siete Ave María en memoria de los siete mayores dolores de María Santísima, en la siguiente forma:

La primera, por el alma que está más cerca de ver a Dios.

La segunda, por la que más amó a Dios en esta vida.

La tercera, por la que no tiene quien ruegue a Dios por ella.

La cuarta, por la que padece más terribles penas.

La quinta, por la que fue más devota de la Pasión de Cristo.

La sexta, por la que fue más devota de María Santísima.

La séptima, por la que fue liberal con los pobres y con las almas del purgatorio.

 

ORACIÓN.

 

Soberana Virgen María, Dolorosísima Señora que, al pie de la cruz, quedaste constituida en Madre, Amparo y Universal Protectora de los hombres, a ti Divina Madre, acudimos, y con todas las veras de nuestro corazón en la rigurosa pasión y muerte de nuestro dulcísimo Jesús, seas intercesora ante el tribunal justísimo de Dios, y allá, pidas por el alivio y consuelo de las pobres almas del purgatorio; rogando a la Divina Majestad, le dé por satisfecha su recta justicia para que libertándoles de las penas, tormentos y aflicciones que padecen, las lleve al descanso de su gloria, las recree con interminables gozos y a nosotros nos dé su divina gracia, para que, sirviéndoles en esta vida como verdaderos hijos suyos, nos lleve a gozar de su divina presencia por los siglos de los siglos. Amén.

 

ORACIÓN

 

¡Oh Virgen María!, ¡Madre de Dios y Madre nuestra, Reina del Santo Rosario! Confiados en tu bondad nos acercamos a Vos, para honrar tu nombre y consolar nuestras almas.

Abre, Señora, la puerta de tu corazón y descúbrenos la luz de estos Misterios, contenidos en el Santo Rosario para que en ellos encontremos virtud para nuestras almas, tranquilidad para nuestro corazón, paz para nuestras familias, salud para nuestros enfermos y libertad para las almas del Purgatorio.

 

Socorre especialmente a nuestro (a) hermano (a) __________ y concédenos la dicha de ser hijos tuyos en vida y en muerte. Amén.

 

Oremos: Señor, concede a tus hijos gozar siempre de completa salud de alma y cuerpo y por la intercesión de la gloriosa siempre Virgen María, líbranos de las tristezas de esta vida y concédenos disfrutar de las alegrías eternas, por Cristo nuestro Señor. Amén.

 

 Pidamos a Dios, una vez más, por el eterno descanso de nuestro hermano (a) N… y por las necesidades de la Iglesia y el mundo entero.

 

 A cada petición respondemos: Te rogamos Señor.

 

Por todos nuestros familiares y amigos difuntos, para que Dios limpie completamente su alma de toda mancha de pecado y les conceda el descanso eterno. Todos: Te rogamos Señor.

 

Por todos los que están por dejar este mundo, para que se arrepientan de sus pecados y entreguen su vida a Cristo, como ofrenda agradable. Todos: Te rogamos Señor.

 

Por todos los que no conocen a Cristo, para que Dios mueva su corazón y les conceda la oportunidad de conocerlo y entregarse a Él, sin reservas. Todos: Te rogamos Señor.

 

Por todos nosotros, para que estemos siempre preparados para el gran encuentro con Cristo. Todos: Te rogamos Señor.

Por los pastores de la Iglesia, para que prediquen con valentía y autenticidad la Palabra de Dios y así vayan despertando en los feligreses el sentido verdadero de la vida y de la muerte. Todos: Te rogamos Señor.

 

Pidamos por nuestro (a) hermano (a) N… a nuestro Señor Jesucristo, que ha dicho: Yo soy la Resurrección y la Vida, el que cree en Mí aunque haya muerto vivirá y el que está vivo y cree en Mí no morirá para siempre. Todos: Te rogamos Señor.

 

 A cada petición respondemos:   Te lo pedimos, Señor.

 

Señor, Tú que oraste en la tumba de Lázaro dígnate enjugar nuestras lágrimas. Todos: Te lo pedimos, Señor.

 

Tú que resucitaste a los muertos. Dígnate dar la vida eterna a nuestro (a) hermano (a) N… Todos: Te lo pedimos, Señor.

 

Tú que perdonaste en la cruz al buen ladrón y le prometiste el paraíso, dígnate perdonar y llevar al cielo a nuestro (a) hermano (a) N… Todos: Te lo pedimos, Señor.

 

Tú que has purificado a nuestro (a) hermano (a) N… con el agua del bautismo y lo ungiste con el óleo de la confirmación. Dígnate admitirlo entre tus santos y elegidos. Todos: Te lo pedimos, Señor.

 

Tú que alimentaste a nuestro (a) hermano (a) N… con tu Cuerpo y tu Sangre. Dígnate también admitirlo en la Mesa de tu Reino. Todos: Te lo pedimos, Señor.

 

Y a nosotros que lloramos su muerte, dígnate confortarnos con la fe y la esperanza de la vida eterna. Todos: Te lo pedimos, Señor.

 

SANTO ROSARIO.

“Caminaré”

Caminaré en presencia del Señor (x2)

 

Amo al Señor porque escucha mi voz suplicante,

porque inclina su oído hacia mí el día que lo invoco.

 

Caminaré en presencia del Señor (x2)

 

Me envolvía en redes la muerte, caí en tristeza y angustia.

Invoqué el nombre del Señor, ¡Señor, salva mi vida!

 

Caminaré en presencia del Señor (x2)

 

Ave María Purísima. Sin pecado concebida.

 

SEÑAL DE LA CRUZ

 

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro. +En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

 

CREDO. - SÍMBOLO DE LOS APÓSTOLES

 

Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén

 

Nos ponemos en Presencia de Dios y para que la oración llegue al cielo, pedimos humildemente perdón al señor por nuestras faltas. Te pedimos Espíritu Santo, que nos inundes con tu amor y te hagas presente en nuestros corazones al rezar este hermoso Rosario a María. Amén

 

Rezaremos en Santo Rosario en honra y gloria de la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, para que se digne admitirnos y tenernos bajo su poderosa protección, nos alcance paz en la iglesia, sosiego en la conciencia, tranquilidad en la república y en los bienes temporales que hubiéramos de merecer alivio a as benditas almas del purgatorio, en especial por el alma de nuestro (a) hermano (a) ________________ y a todos por la vida eterna. Amén.

 

Señor mío Jesucristo, creador y Redentor mío y único remedio de las almas del purgatorio, pues nuestro amor te hizo venir a dar la vida por redimirnos porque gocemos de tu gloria, humildemente te ofrezco estas oraciones y súplicas unidas a tus méritos a modo de sufragio, para que te sirvas sacar del purgatorio el alma de tu siervo (a) _____________ y es mi voluntad ofrecerlos tantas veces cuantas bastaren para satisfacerte hasta quedar libres del purgatorio; y si no han de menester, lo ofrezco por aquellos que allí estuvieren y que sean de mayor honra y gloria a tu divina Majestad y más de honra y gloria a tu divina Majestad, por mi obligación, ya que por sus pecados justamente están afligidas, que sea por tu sangre lavadas de las culpas ya que pueden más tus méritos que sus penas. Y a ustedes, benditas almas, les recomiendo rueguen a Dios, nos dé perseverancia en este santo ejercicio. Amén.

 

OFRECIMIENTO PARA CADA MISTERIO DEL ROSARIO

 

Oh Virgen María, coronada de ángeles y hombres, te ofrecemos humildemente este Padre nuestro y estas diez Ave Marías, en reverencia de inmensa gloria y supremo lugar que sobre todos los serafines tendió la Trinidad Santísima, coronándote por reina de todo lo creado, te suplicamos, poderosa y liberal Señora, nos alcances tal desprecio de cuanto estima la tierra, que merezcamos verte con Dios en el cielo y consigamos al presente, verdadero dolor de nuestro pecado, luz y acierto para hacer una confesión bien hecha de todos ellos, la quietud y el sosiego de estos y la paz entre los príncipes cristianos. Amén.

 

Con dulce amor de cada día y con tierno corazón, rezaremos con devoción, el Rosario de María

 

MISTERIOS GOZOSOS

 

PRIMER MISTERIO GOZOSOS:

LA ANUNCIACIÓN Y ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS.

¡Oh, María, dulcísima, ¡consuelo de las almas!, este Misterio te lo ofrecemos por el gozo que tuviste cuando, saludada por el ángel, te anunció la encarnación del hijo de Dios en tus entrañas; por Él te suplicamos que el alma de nuestro(a) hermano(a) N… y todas aquellas almas que están en el purgatorio, reciban alegres noticias de la Gloria Eterna, a donde vayan a descansar. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

SEGUNDO MISTERIO GOZOSO:

LA VISITA DE LA VIRGEN MARÍA A SU PRIMA SANTA ISABEL.

¡Oh, María, ¡refugio de pecadores!, este Misterio te lo ofrecemos por el gozo que tuviste cuando, visitando a santa Isabel, fuiste por ella reconocida como Madre de Dios, y por haber sido intermediaria para librar de la culpa al niño Juan; por este gozo te suplicamos que visites y consueles a nuestro (a) hermano (a) N… y a los que están en el purgatorio para que intercedas por ellos ante tu Hijo. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

TERCER MISTERIO GOZOSO:

EL NACIMIENTO DEL HIJO DE DIOS EN BELÉN.

¡Oh, María, estrella del mar, ¡norte fijo de la Iglesia!, este Misterio te lo ofrecemos por el gozo que tuviste cuando, naciendo de tu vientre, como de la aurora, el Sol de Justicia, Cristo, alumbró a los que estaban en tinieblas; a El suplicamos que nuestro (a) hermano (a) N… y todos aquellos que están en el purgatorio, merezcan salir de esas tinieblas y llegar a los resplandores de Su Gloria. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Jesús

 

CUARTO MISTERIO GOZOSO:  

LA PRESENTACIÓN DEL NIÑO JESÚS EN TEMPLO DE JERUSALÉN Y LA PURIFICACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA.

¡Oh Purísima María, que, sin obligarte la ley de la purificación, presentaste a tu Santísimo Hijo en el templo, con especial gozo de verle reconocido como Verdadero Dios! Este Misterio te lo ofrecemos suplicando que nuestro (a) hermano (a) N… y todos aquellos que están en el purgatorio, sean, por tu intercesión, purificados para entrar en el templo de la gloria. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

QUINTO MISTERIO GOZOSO:

EL NIÑO JESÚS PERDIDO Y HALLADO EN EL TEMPLO

¡Oh, María, ¡seguro medio para hallar a Jesús!, este Misterio te lo ofrecemos por el gozo que tuviste al encontrar en el templo a tu hijo Jesús; por eso te suplicamos que nuestro (a) hermano (a) N… y todos los que se encuentran en el purgatorio tengan, por tus ruegos, el alivio de sus penas y lleguen a mirar a Jesús en el templo de su gloria. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

MISTERIOS DOLOROSOS

 

PRIMER MISTERIO DOLOROSO:

LA ORACIÓN Y AGONÍA DE JESÚS EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ

 ¡Oh dolorosísima Madre de Jesús!, quien, despedido y apartado de tu compañía, oró con mortales agonías en el huerto, ¡donde por un ángel fue confortado!, este Misterio te lo ofrecemos, para que por tu intercesión nuestro (a) hermano (a) N… y aquellos que están en el purgatorio, sean confortados por Jesucristo en sus penas. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

SEGUNDO MISTERIO DOLOROSO:

LA FLAGELACIÓN DE JESÚS ATADO A LA COLUMNA.

¡Oh, María, ¡mar de dolores!, este Misterio te lo ofrecemos en memoria del inmenso dolor que tuviste, viendo desnudo y azotado cruelmente al Hijo de tus entrañas; por Él te suplicamos que intercedas para que nuestro(a) hermano(a) N… y todos aquellos que se encuentran en el Purgatorio, sean liberados de sus sufrimientos. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

TERCER MISTERIO DOLOROSO:

LA CORONACIÓN DE ESPINAS DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

¡Oh, María, ¡rosa entre espinas!, este Misterio te lo ofrecemos en desagravio por el dolor que tuviste viendo a tu Hijo, afectado y coronado de espinas; te suplicamos que, por este dolor, nuestro (a) hermano (a) N… y los que se encuentran en el purgatorio, sean, por tu intercesión, libres de las penas que padecen y coronados en la Gloria. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

 

 

 

 

CUARTO MISTERIO DOLOROSO:

JESÚS CARGA CON LA CRUZ A CUESTAS RUMBO AL MONTE CALVARIO.

¡Oh, María, traspasada de dolor en la calle de la amargura, por encontrar en ella a tu inocente Hijo, ¡sentenciado a muerte y agobiado con el grave peso de la cruz!, este Misterio te lo ofrecemos suplicándote que nuestro (a) hermano (a) N… y aquellos que están en el purgatorio, por tus ruegos ante Jesucristo, sean libres de la cruz de penas que padecen. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

QUINTO MISTERIO DOLOROSO:

LA CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

¡Oh desconsolada Reina, afligida Madre, desamparada Virgen!, este Misterio te lo ofrecemos para que intercedas ante tu Hijo, que nos redimió con su muerte, a fin de que nuestro (a) hermano (a) N… y todos aquellos que están purificándose en el purgatorio se vean aliviados por Su sangre. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

MISTERIOS LUMINOSOS

 

PRIMER MISTERIO LUMINOSO:

EL BAUTISMO DE JESÚS EN EL RÍO JORDÁN.

¡Oh, María, dulcísima, ¡consuelo de las almas!, este Misterio te lo ofrecemos por la alegría que nos da el sabernos Hijos de Dios y herederos de su misericordia. Te suplicamos que el alma de nuestro(a) hermano(a) N… y aquellas almas que están en el purgatorio, regresen alegres a la casa del Padre, en donde disfrutarán de la vida plena por siempre. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

 

SEGUNDO MISTERIO LUMINOSO:

LA AUTORREVELACIÓN DE JESÚS EN LAS BODAS DE CANÁ.

¡Oh, María, dulcísima, ¡consuelo de las almas!, este Misterio te lo ofrecemos por la tranquilidad y la esperanza que nos da el saber que, en compañía de tu Hijo Jesús, siempre estás cerca de nosotros para sostenernos y ayudarnos cuando más lo necesitamos. Te suplicamos que el alma de nuestro(a) hermano(a) N… y todas aquellas que están en el purgatorio sean bendecidas con la dicha de disfrutar de la Vida Eterna. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

 

 

 

 

 

 

TERCER MISTERIO LUMINOSO:

JESÚS ANUNCIA EL REINO DE DIOS Y NOS INVITA A TODOS A LA CONVERSIÓN.

¡Oh, María, dulcísima, ¡consuelo de las almas!, este Misterio te lo ofrecemos en agradecimiento por habernos dado al Hijo de Dios que nos trae una vida nueva y digna para todos. Te suplicamos que el alma de nuestro(a) hermano(a) N… y todas aquellas que están en el purgatorio disfruten en plenitud de esa vida, de ese Reino que Jesús vino a anunciarnos. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

CUARTO MISTERIO LUMINOSO:

LA TRANSFIGURACIÓN DE JESÚS EN EL MONTE TABOR

 ¡Oh, María, dulcísima, ¡consuelo de las almas!, este Misterio te lo ofrecemos por la esperanza que tenemos de que, después de haber cumplido fielmente nuestra misión en esta vida, también contemplaremos cara a cara a tu Hijo Jesús; te suplicamos que el alma de nuestro(a) hermano(a) N… y todas aquellas que están en el purgatorio contemplen ya a nuestro Señor como los apóstoles lo hicieron en el monte Tabor. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

QUINTO MISTERIO LUMINOSO:

LA INSTITUCIÓN DE LA EUCARISTÍA COMO EXPRESIÓN SACRAMENTAL DEL MISTERIO PASCUAL.

 ¡Oh, María, dulcísima, ¡consuelo de las almas!, este Misterio te lo ofrecemos por el agradecimiento que sienten nuestros corazones al saber que tu Hijo se ha quedado con nosotros en la Eucaristía; te suplicamos que el alma de nuestro(a) hermano(a) N… y todas aquellas que están en el purgatorio, que ya desde esta vida se alimentaron del Pan que da la Vida Eterna, vivan para siempre en la presencia de nuestro Padre Celestial. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

MISTERIOS GLORIOSOS

 

Primer Misterio Glorioso:

LA RESURRECCIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

¡Oh, María, ¡alegría de los justos y consuelo de los pecadores!, este Misterio te lo ofrecemos en memoria de la alegría que tuviste al ver resucitado y glorioso a tu Santísimo Hijo: suplicándote, que, así como, con la resurrección de Jesús, se alegraron todos los seres creados, así merezca nuestro (a) hermano (a) N… y todos los que se encuentran en el purgatorio, la resurrección eterna. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén

 

 

 

 

 

Segundo Misterio Glorioso:

LA ASCENSIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

 

¡Oh, María, madre de Dios, llena de gozo en la subida a los cielos de tu Santísimo Hijo, ¡en compañía de todos los que Él redimió con su gloriosa resurrección!, este Misterio te lo ofrecemos, suplicándote que nuestro (a) hermano (a) N… y aquellos que están en el purgatorio, progresen, por tus ruegos ante Jesucristo, a la pascua Eterna. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Jesús

 

TERCER MISTERIO GLORIOSO:

Jesús glorificado junto al Padre, envía al Espíritu Santo sobre los apóstoles y su Santísima Madre la Virgen María.

¡Oh, María, ¡dulce esposa del Espíritu Santo!, este Misterio te lo ofrecemos por el gozo que tuviste cuando bajó el Divino Espíritu sobre ti y sobre todos los apóstoles, para que al ausentarse Jesús no quedáramos huérfanos, suplicamos tu intercesión para que el Espíritu de Cristo resucite a nuestro (a) hermano (a) N… y a todos los que están purificando su pecado en el purgatorio. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Cuarto Misterio Glorioso:

LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN MARÍA EN CUERPO Y ALMA AL CIELO

¡Oh dichosa María!, ¡que entregaste tu espíritu en la hora de la muerte, en manos de tu Hijo Jesucristo, y después unido al cuerpo, resucitaste gloriosa!, este Misterio te lo ofrecemos, a fin de que intercedas ante tu Hijo Jesucristo, para que nuestro (a) hermano (a) N… y los que están en el purgatorio, resuciten y lleguen a la vida verdadera. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor. Amén Jesús

 

Quinto Misterio Glorioso:

LA CORONACIÓN DE LA VIRGEN MARÍA COMO REINA DEL CIELO Y DE LA TIERRA.

¡Oh soberana Virgen María, Madre de Dios, que, resucitada en cuerpo y alma, ¡fuiste sublimada a la gloria y coronada como Emperatriz de los ángeles y de los hombres!, este Misterio te lo ofrecemos, suplicándote que el alma de nuestro (a) hermano (a) N… y las demás del purgatorio merezcan por tus ruegos ser libres de las penas que padecen, para que sean coronadas de gloria, y que en compañía de tu Santísimo Hijo te amen por todos los siglos. Amén. Jesús

 

 

 

 

 

JACULATORIAS

 

          María, Madre de Gracia, Dulce Madre de Misericordia,

Todos: En la vida y en la muerte, defiéndenos gran Señora.

 

          Por tu limpia concepción ¡oh! Soberana Princesa,

Todos: Una muy grande pureza te pido de corazón, que las almas no se pierdan ni mueran sin confesión.

 

          Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno y lleva al cielo a todas las almas,

Todos: Perdona y socorre especialmente a nuestro hermano(a)_________________y a las más necesitadas de tu Divina Misericordia. Amén. (Oración de Fátima).

 

          Oh Jesús mío, Redentor amorosísimo de todas las almas, mira con benignos ojos el alma de tu hijo(a) ______________

Todos: por el cual has muerto, derramando tu preciosísima sangre y recibiendo dolor, tormento y muerte de cruz para redimir su alma Amén.

 

          Por estas almas sin cesar, le pido a Dios que, por sus obras buenas,

Todos: Que Dios las saque de pena y las lleve a descansar.

 

          Si con tu Sangre Preciosa Señor, esta alma la has redimido,

Todos: Que la perdones te pido, por tu pasión dolorosa.

 

          Madre llena de dolor haz que cuando expiremos,

Todos: Nuestras almas entreguemos en las manos del Señor.

 

          Virgen del Monte Carmelo, con tu Escapulario Santo,

Todos: Cúbrelo(a) con tu manto y llévalo(a) para el cielo, para que su alma descanse en paz.

 

          Virgen María, Madre de Dios,

Todos: Rogad a Jesús por él (ella).

 

          De las puertas del infierno,

Todos: Libra su alma Señor.

 

          Dale Señor el descanso eterno

Todos: Y brille para él (ella) la luz perpetua.

 

Que el alma de nuestro hermano (a) y siervo tuyo __________ y las demás del purgatorio por la Misericordia de Dios descansen en paz.

Así sea.

 

 

ORACIONES

Oh Soberano Santuario, Sagrario del Verbo eterno,

Todos: Virgen libra del infierno, a los que rezan tu Santo Rosario.

 

Emperatriz poderosa, de los mortales, consuelo,

Todos: Ábrenos Virgen el Cielo con una muerte dichosa y danos pureza de alma tú que eres tan poderosa.

 

Padre nuestro…

 

Dios te salve, María Santísima, Hija de Dios Padre, Virgen Purísima y castísima antes del parto. En tus manos encomendamos nuestra fe para que la ilumines y el alma de nuestro (a) hermano (a) N… para que la salves. Llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita Tú eres, entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

 

Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

Dios te salve, María Santísima, Madre de Dios Hijo, Virgen Purísima y castísima en el parto. En tus manos encomendamos nuestra esperanza, para que la alientes y el alma de nuestro (a) hermano (a) N… para que la salves. Llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita Tú eres, entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

 

Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

Dios te salve, María Santísima, Esposa de Dios Espíritu Santo, Virgen Purísima y castísima después del parto. En tus manos encomendamos nuestra caridad para que la inflames y el alma de nuestro (a) hermano (a) N… para que la salves y nuestras necesidades para que las remedies Llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita Tú eres, entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

 

Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

Dios te salve, María Santísima, Hija de Dios Padre, Madre de Dios, Hijo y Esposa de Dios Espíritu Santo, Templo, Trono y Sagrario de la Santísima Trinidad. Virgen concebida sin la culpa del pecado original como madre te rogamos que nos mires con piedad y cubras a tu hijo (a) ________ con tu manto santo.

 

SALVE

 

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve, a Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.

Oh clemente, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María. Ruega por nosotros, y por tu hijo(a) ____________ Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de Nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 

¡Oh Jesús, Oh María, salud y felicidad de todos los fieles! Desde lo profundo de sus miserias a ustedes se vuelven las desconsoladas almas del purgatorio e imploran el beneficio de tu sangre, oh Jesús y el fruto de tu dolor, Oh María esta sangre, estos dolores que fueron de tanta eficacia la primera vez en el calvario, y que rompieran todo el lazo de iniquidad en el mundo, libren de sus penas a las almas del purgatorio, y por los méritos de tan preciosa sangre sean salvadas de tan acerbos dolores y conducidas libres al cielo aquellas pobres prisioneras y especialmente el alma de N. N. por la cual te pedimos con todo fervor de nuestro espíritu.

 

Pidamos a la Virgen María que interceda por el alma de nuestro hermano(a) _______________ y por quienes se están purificando en el purgatorio, así como por los que aún vivimos, para que alcancemos de Dios la resignación, el consuelo y la paz; invocándola con los títulos más bellos, que, durante siglos, el pueblo cristiano ha ido descubriendo en su honor.

 

 

LETANÍAS A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

 

Señor, ten piedad de él (ella)

Señor, ten piedad de él (ella)

 

Cristo, ten piedad de él (ella)

Cristo, ten piedad de él (ella)

 

Señor, ten piedad de él (ella)

Señor, ten piedad de él (ella)

 

Cristo óyenos

Cristo óyenos

 

Cristo escúchanos

Cristo escúchanos

 

Padre celestial que eres Dios, (ten piedad de él [ella])

Hijo redentor del mundo que eres Dios (ten piedad de él [ella])

Espíritu Santo que eres Dios, (ten piedad de él [ella])

Santísima Trinidad, que eres un solo Dios, (ten piedad de él [ella])

 

Santa María,                                                                        Ruega por él (ella)

Santa Madre de Dios

Santa Virgen de las Vírgenes

Madre de Cristo

Madre de la Iglesia

Madre de la Misericordia

Madre de la Divina Gracia

Madre de esperanza

Madre purísima

Madre castísima

Madre siempre Virgen

Madre inmaculada

Madre amable

Madre admirable

Madre del buen consejo

Madre del Creador                   

Madre del Salvador

Virgen prudentísima

Virgen digna de veneración

Virgen digna de alabanza

Virgen poderosa

Virgen clemente

Virgen misericordiosa

Virgen fiel

Ideal de santidad

Trono de sabiduría

Causa de nuestra alegría

Templo del Espíritu Santo

Obra maestra de la gracia

Modelo de entrega a Dios

Vaso espiritual

Vaso digno de honor

Vaso de insigne devoción

Vaso precioso de la gracia

Rosa escogida

Rosa Mística

Fuerte como la torre de David

Hermosa como torre de marfil                                  

Casa de oro

Arca de la Nueva Alianza

Puerta del cielo

Estrella de la mañana

Salud de los enfermos

Refugio de los pecadores

Consuelo de los migrantes

Consoladora de los tristes y afligidos
Auxilio de los cristianos

Reina de los Ángeles

Reina de los Patriarcas

Reina de los Profetas

Reina de los Apóstoles

Reina de los Mártires

Reina de los confesores de la fe

Reina de las Vírgenes

Reina de todos los Santos

Reina concebida sin pecado original

Reina llevada al cielo

Reina de las misiones

Reina del Santo Rosario

Reina de la Familia

Reina de la paz

 

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,

Perdónalo (a), Señor.

 

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,

Escúchalo (a), Señor.

 

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo,

Ten piedad y misericordia de su alma.

 

Oremos: Padre de bondad, en tus manos encomendamos el alma de nuestro (a) hermano (a) N.N.; dígnate llevarlo (a) al lugar de la luz y de la paz, para que tenga parte en la Asamblea de tus Santos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

BAJO TU AMPARO

 

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios; no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien, líbranos de todos los peligros, oh Virgen Gloriosa y Bendita. Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios, para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 

ORACIÓN

 

¡Oh Dios, que concedes el perdón de los pecados y quieres la salvación de los hombres. Imploramos tu clemencia para que por la intercesión de la Bienaventurada siempre Virgen María y por la de todos los santos, hagas que llegue a participar de la eterna bienaventuranza todos nuestros hermanos, parientes y fieles difuntos, que han pasado de esta vida a la otra. Por nuestro Señor Jesucristo, tu divino Hijo. Amén.

 

 

 

 

 

ORACIÓN

 

Rogamos, Señor, infundas tu gracia en nuestros corazones para los que conocimos la Encarnación de tu Hijo, anunciado por el ángel, por su pasión y su cruz seamos llegados a la gloria de la Resurrección. Por el mismo Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.

 

ORACIÓN DEL SANTO SUDARIO.

 

Señor Jesucristo, que nos dejaste las señales de tu Pasión en la sábana santa, en la cual fue envuelto tu cuerpo santísimo cuando por José y Nicodemo fuiste bajado de la cruz: concédenos, oh Señor, oh piadosísimo Señor, que por tu muerte y sepultura santa, y por los dolores y angustias de tu Santísima Madre María, Señora nuestra, sea llevada a descansar el alma de tu siervo (a) N… y todos los que están en el purgatorio, a la gloria de tu resurrección, donde vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos. Amén

 

PETICIÓN DEL SANTO ROSARIO.

 

Por estos misterios santos de que hemos hecho recuerdo, te pedimos, ¡Oh María!, de la Fe Santa el aumento, la exaltación de la Iglesia, del Papa el mejor acierto, y de la Nación Mexicana, la unión y el feliz gobierno.  Que el gentil conozca a Dios y el hereje vea sus yerros, y que todos los pecadores tengamos arrepentimiento. Que los cautivos cristianos sean libres del cautiverio. Goce puerto el navegante y dé salud a los enfermos. Que en el Purgatorio logren las ánimas refrigerio, y que este Santo ejercicio tenga efecto tan completo en toda la cristiandad, que alcancemos por su medio, el ir a alabar a Dios y gozar de tu compañía en el cielo. Amén.

 

ORACIÓN POR LAS ALMAS DEL PURGATORIO

 

Vuelve, oh dulce Jesús desde tu excelso trono tus ojos de clemencia hacia el seno profundo de la cárcel del purgatorio, esposas tuyas son las que allí están purificándose, ellas están marcadas con el sello de la Trinidad, son precio de tu Sangre, son tierno objeto de tu amor. Un fuego terrible las acrisola, una privación temporal de la vista de tu hermosura las aflige sobremanera y suspiran con ansia por aquel feliz momento en que han de ir a unirse contigo.

 

Que se apresure pues, ese instante tan dichoso, que salgan en breve a gozar de su esposo amado; que tu Sangre preciosa las lleve al refrigerio; que tu gran misericordia las conduzca al descanso; que en la perpetua paz brille sobre ellas la eterna luz. Así Señor te lo pedimos, por aquella amarga hora en que entregaste tu Santo Espíritu en manos de tu Eterno Padre. Amén.

 

 

 

 

 

ORACIÓN A CRISTO CRUCIFICADO

 

Mírame, Oh mi amado y buen Jesús, postrado ante tu soberana presencia, te ruego con el mayor fervor, imprimas en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad; verdadero dolor de mis pecados y propósitos firmes de jamás ofenderte, mientras que yo, con todo el afecto, amor y compasión de que soy capaz, voy contemplando tus cinco llagas, comenzado por aquello que dijo de ti, ¡oh mi Dios!, el santo profeta David: Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos.

 

Dulcísimo Jesús yo te adoro tus pies atravesados, úneme a tu cruz pues ves los descaminos que lloro.

 

Te adoro mi buen Jesús y por tus pies clavados dame pasos acertados para acercarme a tu cruz.

 

Te adoro Jesús, mi bien, y estas manos traspasadas que, a mis acciones erradas, remedio pido, les des.

 

Te adoro Jesús, mi Rey, y que por tus manos heridas sean mis obras dirigidas a guardar siempre tu ley.

 

Te adoro Jesús, mi amor, y por tu costado abierto haz que al mudo yo quede muerto y tu cruz forme mi honor.

 

Para acertar con el peso de mi salvación eterna, tu pie izquierdo llagado mi alma rendida llega y se postra.

 

Jesús, en el pie derecho tienes mi amor como seña, del camino de la vida, no permitas que me tuerza.

 

Saludo, Señor, la llaga de tu mano izquierda y en ella espero confiado que mi alma se fortalezca.

 

En la llaga que te abrí, yo, ingrato a la mano derecha, esconde Señor mis culpas para verme libre de ellas.

 

Oficina del amor, tu pecho herido se muestra, condúceme mi Jesús, para que yo entre por esa puerta.

 

Padre eterno, Soberano Señor, Dios Universal, envía a tus ángeles a sacar del purgatorio el alma de tu siervo(a) ____________ por quien es mi intención rogarte y te suplico que la presentes en tu gloria; yo te ruego Señor, que en la parte le que faltare de satisfacer sus culpas, se los perdones por los méritos y las penas de tu Hijo, mi redentor, y te ruego mi creador misericordioso, me seas en mi juicio riguroso pero antes asístenos y no nos dejes caer en la tentación, liberándonos de todo mal. Amén.

Todos: Te suplico Señor, que el juicio que hiciste con las almas de tus siervos ya difuntos, sea con misericordia y con las penas que se merecen por sus culpas, sean perdonadas por tus méritos y en particular las almas que te encomiendo en estas oraciones, por quienes es nuestra intención hacer estos santos ejercicios y súplicas.

 

Inmenso Dios, de quien nos vienen los buenos y santos deseos, las santas inspiraciones, los buenos consejos y obras justas, danos a tus siervos aquella paz que solo tú puedes dar al mundo, para que nuestros corazones entregados a tus mandamientos, con tu protección y amparo, se sosieguen las pasiones de nuestros vicios, por Jesucristo, Señor Nuestro, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

 

CANTOS (según sea lo propio)

 

BENDITA SEA TU PUREZA

 

Bendita sea tu Pureza y eternamente lo sea; pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A ti, celestial Princesa, Virgen Sagrada, María, yo te ofrezco en este día, alma, vida y corazón. Mírame con compasión; no me dejes, madre Mía, ni de noche ni de día por tu limpia concepción Oh Santísima María.

 

Dulce María, Dulce encanto de mi amor, Dulce para el pecador, en aquella hora postrera no me niegues tu semblante, mírame oh madre amante, que, aunque yo me muera o virgen santa oh virgen madre de Dios nosotros ponemos la esperanza en voz que gozaremos de tu compañía en el cielo. Amén.

 

POR EL SANTO PADRE, PAPA LEON XIV

 

Por el Papa León XIV, por su salud y sus intenciones, que Dios lo guarde, lo haga feliz en la tierra y que lo proteja de las manos de sus enemigos visibles e invisibles. Padre nuestro, Ave María y Gloria.

 

Oración a San Miguel Arcángel.

 

San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla. Sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio, que Dios reprima su poder, es nuestra humilde súplica; y tú, Príncipe de la Milicia Celestial, arroja al infierno, con el Divino Poder, a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan dispersos por el mundo para la perdición de las almas. Amén

 

Bendito y Alabado

 

Sea por siempre bendito y alabado el Santísimo Sacramento del altar y la limpia y purísima Concepción de María que fue concebida sin la mancha del pecado original, desde aquel primer instante de su ser santísimo natural. Amén.

 

 

Ave maría Purísima, Sin pecado concebida. (3)

 

Viva Jesús, Viva María, Viva la Gracia, muera el pecado. Viva Jesús Sacramentado. Que viva el Patriarca Glorioso Señor San José, Señor San Joaquín y Señora Santa Ana, a quienes encomendamos nuestro corazón, cuerpo y alma, y el alma de nuestro (a) hermano (a), ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

CONSAGRACIÓN A MARÍA SANTÍSIMA.

 

Todos: ¡Oh Señora mía! ¡Oh Madre mía! Yo me ofrezco todo a ti, y en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día y para siempre, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, ¡Oh Madre de bondad!, guárdame y defiéndeme como hijo y posesión tuya. Amén.

 

DULCE MADRE

 

Todos: Contigo voy virgen pura y en tu poder voy confiado, pues yendo en ti amparado mi alma volverá segura.

 

Dulce Madre, no te alejes, tu vista de nosotros no apartes; ven con nosotros a todas partes y solos nunca nos dejes y ya que nos amas tanto como verdadera madre haz que nos bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.  Amén.

 

V/. Que el alma de nuestro(a) hermano (a) __________ y las almas de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz.

R/. Así sea.

 

V/. Señor, † dales el descanso eterno.

R/. Y brille para él (ella) la luz perpetua.

 

V/. Descansen en paz.

R/. Amén.

 

El socorro de Dios esté siempre con nosotros. Así sea.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

 

Canto final.

 

Entre tus manos.

 

Entre tus manos, Está mi vida Señor;

Entre tus manos, Pongo mi existir.

Hay que morir Para vivir, Entre tus manos, Señor,

Confío mi ser.

Si el grano de trigo no muere, Si no muere, sólo quedará; Pero si muere en abundancia dará Un fruto eterno, que no morirá.


CANTOS

 

Lamento de las almas

 

Oíd mortales piadosos. Ayudadnos a alcanzar.

Que Dios lo (la) saque de penas. Y lo (la) lleve a descansar

 

PRIMER MISTERIO

Oh vosotros caminantes

Suspended, oíd, parad

Bastará solo el oírnos

A mover vuestra piedad

Hoy pide nuestra aflicción

Que queráis cooperar

Que Dios lo (la) saque de penas

Y nos lleve a descansar

 

No hay dolor, tormento y pena

Martirio, cruz ni aflicción

Que pueda hacer la pintura

De nuestra menor pasión

Solo alivia nuestros males

De vuestro amor esperar

Que Dios…

 

Aquí estoy en purgatorio

De fuego en cama tendido

Siendo mi mayor tormento

La ausencia de un Dios querido

Padezco por merecer

Por mí, no bastó a alcanzar

Que Dios…

 

SEGUNDO MISTERIO

Ay de mí, ay Dios severo

Ay llama voraz, activa

Ay bien merecido fuego

Ay conciencia siempre viva

Ay justicia que no acabas

Ay cuando has de acabar

Que Dios…

 

Ay culpa lo que me cuesta

No imaginé tu fiereza

Pues con tal tormento pago

Lo que juzgué ligereza

Cielos, piedad, basta cielos

Cuando el día se ha de acabar

Que Dios…

 

Todo lo que aquí padezco

Es justo, santo y debido

Pues, no se paga con menos

Haber a un Dios ofendido

Si es que yo pude ofenderle

¿Por qué ahora no he de esperar?

Que Dios…

 

TERCER MISTERIO

Padres, hermanos, amigos

¿Dónde está la caridad?

Favorecéis a un extraño

¿Y para mí no hay piedad?

Ea venga una limosna

Siquiera solo el rogar

Que Dios…

 

Hijo ingrato que paseas

Tan ricamente vestido

Y a costa de mis sudores

Descansas en tanto olvido

Mira a tu padre (madre) quemándose

Ni le quieren aliviar

Que Dios…

 

Quizá en ti, no será arbitrio,

Sino obligación de justicia,

Pues, no cumples testamentos

Con perezosa malicia

Abre los ojos, despierta,

Paga haciendo acelerar

Que Dios…

 

CUARTO MISTERIO

Hermanos en Jesucristo

Los que oís estos suspiros

Si queréis podéis sacarnos

De estos lóbregos retiros

Con sufragios, sacrificios

Y con devoción orad.

Que Dios…

 

El más alto sacrificio

Del cordero inmaculado.

Es eficaz remedio,

Para purgar el pecado.

El mérito de los santos

Pueden también alcanzar.

Que Dios…

 

QUINTO MISTERIO

María de los dolores

Por las penas que por ti sufrí

Tiene mérito sobrado

En el concepto de Dios.

Nos falta lo que a ella le sobra

Pedidla quiera mediar.

Que Dios…

 

Fieles cristianos, amigos,

Dad crédito a estos lamentos

Orad bien. Afuera culpas

Para huir de estos tormentos

Socorro, piedad, alivio

Concluiremos con gritar

Que Dios…

 

PARA DAR FIN AL ROSARIO DE LAS ÁNIMAS

 

Perdón oh Dios mío, perdón indulgencia

Perdón y clemencia, perdón y piedad.

 

Perdón oh Dios mío, perdón e indulgencia. Perdón y clemencia, perdón y piedad.

 

Pequé, ya mi alma su culpa confiesa

Mil veces me pesa de tanta maldad

 

Mil veces me pesa de haberme obstinado.

Tu pecho rasgado, oh suma bondad.

 

Yo fui quien el duro, madero inclemente,

Te puse pendiente con vil impiedad.

Mi rostro cubierto, de llanto lo indica

Mi lengua publica tan triste verdad.

 

Por mí en el tormento, tu sangre vertiste

Y prendas me diste de amor y humildad.

 

Por mí, en el Calvario Tu sangre vertiste,

Y en Cruz estuviste por mí, hasta expirar.

 

Y yo en recompensa, pecado a pecado

Ha copa he llenado de la iniquidad.

 

Más ya arrepentido, Te busco lloroso,

Oh Padre amoroso, ¡oh Dios de bondad!

 

Mi humilde plegaria traspase las nubes,

¡Ardientes Querubes, mis votos, llevad!

 

Mas yo pesaroso, te busco y te llamo

Con lágrimas clamo, prometo lealtad.

 

Opongo a tu enojo te miro potente

La virgen clemente su ruego y beldad

 

Señor, triste vuelvo, buscando consuelo,

Pequé contra el Cielo, pequé contra Ti.

 

¡Piedad! Fiel prometo, oh Dios de clemencia,

Hacer penitencia y no pecar nunca más.

 

Tus brazos amantes estrécheme al cuello

Firmísimo sello de estrecha amistad

 

EL ALABADO

 

Alabado y ensalzado

Sea el Divino Sacramento

En que Dios oculto existe

de las almas el sustento.

 

Y la limpia concepción

de la Reina de los Cielos,

Que quedando virgen pura,

es madre del Verbo Eterno.

 

Y el glorioso San José,

electo por Dios inmenso

Para padre adoptivo,

de su Hijo, el Divino Verbo.

 

Esto es por todos los siglos

y de los siglos. Amén.

Amén Jesús y María;

Jesús, María y José.

 

Madre llena de dolor,

haced que cuando expiremos

Nuestras almas entreguemos

en las manos del Señor.

 

Quien a Dios quiere seguir

y a su gloria quiere entrar

Una cosa ha de sentir

y de corazón decir.

 

Antes que pecar, morir;

morir antes que pecar

Morir antes que pecar

es verdadero vivir.

 

Oh Dulcísimo Jesús,

yo te doy mi corazón

Para que estampéis en él

tu santísima pasión.

 

Penitencia, penitencia;

Penitencia, pecador

Penitencia, penitencia,

si quieres tu salvación

 

Adorote Santa Cruz,

puesta en el monte Calvario

Donde murió mi Jesús,

de pies y manos, clavados

 

Los ángeles en el cielo

cantan con alegría

Y nosotros en la tierra

alabamos a María

 

 

María, flor de las flores,

madre del Verbo humanado

Virgen, libra del infierno,

a los que hacen tu rosario.

 

Los misterios del Rosario

son de Jesús y María

Y todo el infierno

tiembla al decir ¡Ave maría!

 

Y con esto virgen pura,

trono de la Trinidad

Hasta mañana Señora,

si la vida nos prestáis

 

Digamos para dar gracias

a la Trinidad

Que es concebida María

sin pecado original

 

Viva, Viva San Miguel,

muera, muera Lucifer

Viva la Gracia Divina

y el Patriarca San José

 

Oh Dulcísima María,

Madre de mi redentor

Os suplico humildemente,

le alcances el perdón.

 

ALABADO

 

Alabemos y ensalcemos

al Dios Todopoderoso

Que se ha dignado amoroso

de la nada, al mundo crear.

 

A ese Dios, tres veces santo

en su augusta Trinidad,

Por toda la eternidad,

todos debemos amar.

 

A ese Dios que desde el cielo

es tan venturoso día

Hasta el seno de María

también se dignó bajar.

Y por su amor entrañable,

hombre se hizo verdadero

Expirando en un madero

para podernos salvar

 

Oh amantísimo Jesús

sea bendito y alabado

Perdona padre adorado

al mísero pecador

 

Hoy has dispuesto que parta

esta alma a su viaje eterno

De las puertas del infierno,

libértala, gran Señor.

 

Es la oveja descarriada

que, de su pastor, perdido

Vuelve triste, arrepentida,

su aprisco a reconocer

 

Recíbele, pues, piadoso

y átalo con fuertes lazos

De tus paternales brazos

no se pueda desprender

 

Al Padre eterno imploramos

por tu pasión afrentosa

Que no le sea rigurosa

esta sentencia final

 

Y al Espíritu Divino de amor,

de ambos procedente

La establezca eternamente

en la patria celestial

 

Y allí en unión de los santos,

llena de paz y alegría

Pueda con José y María,

la Trinidad alabar.

 

Digan todos, digan todos

con indecible contento

Bendito sea el Sacramento

Santísimo del altar

Ave María purísima,

sin pecado concebida.

ALABANZAS A LAS ALMAS BENDITAS DEL PURGATORIO

 

Salgan, salgan, ánimas de pena, que el Rosario Santo rompe sus cadenas.

 

Miren, consideren, que también vendrán y estas tristes penas las padecerán

 

No olvides allá al que con anhelo alivian sus penas amantes y tiernas

 

Con un padre nuestro y un ave maría, tenemos descanso de tanta agonía

 

Hijo muy amado, pariente y compadre, padrecito, madre, nos han olvidado

 

Oigan nuestra voz que estamos pidiendo por amor de Dios nos están oyendo

 

Oigan pues a Dios nos están pidiendo por amor a Dios nos están oyendo

 

Con triste lamento nos están pidiendo alivio a las penas que están padeciendo

 

Nos piden hermanos en llamas hundidos que los socorramos por verse afligidos.

 

Pedid pues a Dios que él nos lleve al cielo y que todas juntas cantemos al eterno.

 

Oigan nuestro llanto y nuestra agonía, el rosario santo, recen a María.

 

Al profundo seno hoy con gran contengo, salen los hermanos de María en su seno

 

Gocen de la vista del Dios verdadero, sus misericordias aquí cantaremos

 

Tenemos descanso el día de finados y así todo el año somos olvidados

 

Hermano querido, sobrino y ahijado, por qué tanto tiempo nos tienen olvidado

 

Príncipes bizarros del palacio empíreo, libres van las almas de su cautiverio

 

Oh coros celestiales para ninfos bellos, cantad pues, que suben moradores nuevos

 

Lúgubre mansión es la que habitamos, pecamos y morimos, recordadlo hermanos.

 

Recordadlo siempre con vivos dolores, pensar que sin justas las penas atroces.

 

A Dios ofendieron y por eso lloran, mas ya por Jesús están perdonados.

 

El fuego ardoroso los deja ya limpios y se ha terminado su largo martirio.

 

Quiénes son los que salen del segundo seno. Las almas benditas para ir al cielo.

 

El juicio final será formidable y entonces estable te he de remediar.

 

Pediré a María te lleve a la gloria, cantarás victoria en su compañía.

 

Las llamas nos queman por nuestros pecados, dad pues el descanso, hermanos amados,

 

Pidan pues a Cristo con semblante tierno, conceda sea corto el ardiente fuego.

 

Estrellas brillantes, hermoso lucero, planeta lúcido festejas a un tiempo.

 

Tú Reina del cielo, jardín de azucenas, dadles el consuelo, sacadlas de penas.

 

Rogad a vuestro hijo que cante victoria, para que lo alaben en su santa gloria.

 

María les dará descanso y alivio y las llevará para el cielo empíreo.

 

La sangre preciosa por vos derramada, las saque de pena y las lleve a la gloria amada.

 

Almas pues a Dios, a Dios pediremos que les dé descanso por siglos eternos.

 

Salgan, salgan, salga, ánimas de penas, que el Rosario fuerte rompe sus cadenas

 

LEVÁNTATE ALMA CRISTIANA

 

Levántate alma cristiana,

Despierta que estás dormida.

Que Dios te viene buscando, (2)

Y a su gloria te convida.

 

Este es el último aviso,

No te aguardes a mañana,

Pues te dice Jesucristo: (2)

Levántate alma cristiana.

Procura mudar de vida,

Yo soy tu Dios, tu Señor,

Despierta si estás dormida, (2)

Que te llamo con amor.

 

Ay pecador hasta cuándo

Te acercas a mi presencia

Vamos a hacer penitencia (2)

Que Dios te viene buscando.

 

Ven aquí alma entretenida

En ese pecado atroz

Que te llama el mismo Dios (2)

Y a su gloria te convida.

 

Deja la ilusión profana

Donde te ves sumergido

Vente, vente arrepentido (2)

Levántate alma cristiana.

Cuántas veces divertida

Estarás en el pecado

No te entregues a los vicios (2)

Despierta si estás dormida.

 

Es preciso que llorando

Vengas aquí arrepentido

Pecador vente conmigo (2)

Que Dios te viene buscando.

 

Si vienes ya arrepentida

Despierta si estás dormida

Que Dios te llama a penitencia (2)

Y a su gloria te convida

 

Oye sonar la campana

Que te llama muy veloz

Venid pecador a Dios (2)

Levántate alma cristiana.

 

Para mi patria elegida

Llama aquí penitente

Que si vienes obediente (2)

Despierta si estás dormida.

 

 

Vete pues examinado

Para que hagas confesión

Ven aquí sin dilación (2)

Pues Dios te viene buscando.

 

Dónde están los escogidos

De aquella patria lucida

Dios te llama arrepentido (2)

Y a su gloria te convida

 

Que tenemos nuestra cruz

Para alcanzar el perdón

Y esa dulce invitación (2)

Nos dice el dulce Jesús.

 

Si queremos ser felices

Y gozar de su presencia

Es fuerza siempre cristiano (2)

El que hagamos penitencia.

 

MÁS ALLÁ DEL SOL

 

Aunque en esta vida, no tengo riquezas

Sé qué allá en la gloria tengo mi mansión. Cual alma perdida, entre la pobreza De mi Jesucristo, tuvo compasión

 

Más allá del sol. Más allá del sol (2)

Yo tengo un hogar, hogar bello hogar,

Más allá de sol

 

Y así por el mundo, sigo caminando

De pruebas rodeado y de tentación,

Sé que Jesucristo que me está llamando

Me llevará a salvo hasta su mansión,

 

A todas las razas del linaje humano

Cristo nos ofrece, plena salvación

También una casa para cada hermano

Fue a prepararnos en la Santa Sión

 

QUÉ ALEGRÍA CUANDO ME DIJERON

 

¡Qué alegría cuando me dijeron

Vamos a la casa del señor

Ya que están pisando nuestros pies

¡Tus umbrales Jerusalén!

 

Jerusalén está fundada Como ciudad bien compacta; Allá suben las tribus,

Las tribus del señor.

 

Según la costumbre de Israel, A celebrar el nombre del señor, En ella están los tribunales de justicia, En el palacio de David

 

Desead la paz a Jerusalén. Vivan seguros, los que te aman. Haya paz dentro de tus muros. En tus palacios seguridad.

 

Por mis hermanos y compañeros, Voy a decir, la paz contigo. Por la casa del señor nuestro Dios, Te deseo todo bien.

LA BARCA

 

Tú has venido a la orilla

No has buscado a sabios, ni a ricos

Tan solo quieres que yo te siga

Señor, me has mirado a los ojos

Sonriendo, has dicho mi nombre

En la arena, he dejado mi barca

Junto a ti, buscaré otro mar

 

Tú sabes bien lo que tengo

En mi barca, no hay oro, ni plata

Tan solo redes y mi trabajo

Señor, me has mirado a los ojos

Sonriendo, has dicho mi nombre

En la arena, he dejado mi barca

Junto a ti, buscaré otro mar

 

Tú necesitas mis manos

Mis cansancios que a otros descansen

Amor que quiero seguir amando

Señor, me has mirado a los ojos

Sonriendo, has dicho mi nombre

En la arena, he dejado mi barca

Junto a ti, buscaré otro mar

 

Tú pescador de otros mares

Ansia eterna de almas que esperan

Amigo bueno que así me llamas

Señor, me has mirado a los ojos

Sonriendo, has dicho mi nombre

En la arena, he dejado mi barca

Junto a ti, buscaré otro mar

 

Tomado de la mano

 

TOMADO DE LA MANO CON JESÚS YO VOY, LE SIGO COMO OVEJA QUE ENCONTRÓ AL PASTOR.

TOMADO DE LA MANO CON JESÚS YO VOY, ADONDE ÉL VA.

[Repetir]

 

Si Jesús me dice: "Amigo, deja todo y ven conmigo,

donde todo es más hermoso y más feliz".

 

Si Jesús me dice: "Amigo, deja todo y ven conmigo".

Yo mi mano pondré en la suya e iré con ÉL.

 

Yo te llevaré amigo, a un lugar conmigo,

donde el sol y las estrellas aún brillan más.

 

Yo te llevaré amigo, a un lugar conmigo,

donde todo es más hermoso y más feliz.

 

María, mírame

 

María, mírame. María, mírame

Si Tú me miras, Él también me mirara

Madre mía, mírame, De la mano llévame. Muy cerca de Él, Que ahí me quiero quedar

 

María, cúbreme con tu manto

Que tengo miedo, no sé rezar

Que por tus ojos misericordiosos

Tendré la fuerza, tendré la paz

 

Madre, consuélame de mis penas

Es que no quiero ofenderle más

Que por tus ojos misericordiosos

Quiero ir al cielo y verlos ya

 

María, mírame

María, mírame

Si Tú me miras

Él también me mirara

Madre mía, mírame

De la mano llévame

Muy cerca de Él

Que ahí me quiero quedar

En sus brazos quiero

Descansar

 

 

 

 

 

Tuyo Soy

 

Yo no soy nada y del polvo nací

Pero tú me amas y moriste por mí

Ante la cruz solo puedo exclamar

Tuyo soy, tuyo soy

 

Toma mis manos, te pido

Toma mis manos, te amo

Toma mi vida, oh Padre tuyo soy (2)

 

Cuando de rodillas te miro, Jesús

Veo tu grandeza y mi pequeñez

Que puedo darte yo solo mi ser

 

Tuyo soy, tuyo soy…

 

A ti levanto mis ojos

 

A TI LEVANTO MIS OJOS

A TI QUE HABITAS EN EL CIELO

A TI LEVANTO MIS OJOS

PORQUE ESPERO TU MISERICORDIA.

 

 Como están los ojos de los esclavos

fijos en las manos de sus señores,

así están nuestros ojos en el Señor,

esperando su misericordia.

 

Misericordia, Señor, Misericordia,

que estamos saciados de burlas;

Misericordia, Señor, Misericordia,

que estamos saciados de desprecios.

 

Nuestra alma está saciada

del sarcasmo de los satisfechos,

nuestra alma está saciada

del desprecio de los orgullosos.

Yo soy el pan de vida

 

Yo soy el Pan de Vida

El que viene a mí no tendrá hambre

El que crea en mí no tendrá sed

Nadie viene a mí, si el Padre no lo llama

 

Yo lo resucitaré (3) En el día final

 

El Pan que Yo les daré

Es mi Cuerpo, vida para el mundo (Vida del mundo)

El que siempre coma de mi Carne (El que coma de mi carne)

Tendrá vida eterna (Tendrá vida eterna)

Tendrá vida eterna

 

Mientras tú no comas

El cuerpo del Hijo del Hombre

Y bebas de su sangre

Y bebas de su sangre

No tendrá vida Él en Ti

 

Yo soy la resurrección (Resurrección)

Yo soy la vida (Yo soy la vida)

El que crea en mí (El que cea en mí)

(Tendrá vida eterna) aunque muera

Tendrá vida eterna

 

Si, Señor, yo creo,

Que Tú eres el Cristo

El Hijo de Dios

Que vino al mundo

Para salvarnos

 

JUNTOS COMO HERMANOS

 

Juntos como hermanos, miembros de una Iglesia, vamos caminando al encuentro del Señor.

 

– Un largo caminar, por el desierto bajo el sol, no podemos avanzar sin la ayuda del Señor.

 

– Unidos al rezar, unidos en una canción, viviremos nuestra fe, con la ayuda del Señor.

 

– La Iglesia en marcha está, aun mundo nuevo vamos ya, donde reinará el amor, donde reinará la paz.

 

 

CRISTO TE NECESITA PARA AMAR

 

Cristo te necesita para amar, para amar Cristo te necesita para amar.

 

No te importe la raza ni el color de la piel, Ama a todos como hermanos y haz el bien.

 

Al que sufre y al triste dale amor, dale amor Al humilde y al pobre dale amor.

 

Al que vive a tu lado dale amor, dale amor, Al que viene de lejos dale amor.

 

Al que habla otra lengua dale amor, dale amor Al que piensa distinto dale amor.

 

Al amigo de siempre dale amor, dale amor Al que no te saluda dale amor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vaso Nuevo

 

Gracias quiero darte por amarme

Gracias quiero darte yo a ti Señor

 

Hoy soy feliz porque te conocí

Gracias por amarme a mí también

 

Yo quiero ser, Señor amado

Como el barro en manos del alfarero

Toma mi vida hazla de nuevo

Yo quiero ser, yo quiero ser

 un vaso nuevo

 

Te conocí y te amé

Te pedí perdón y me escuchaste

Si te ofendí perdóname Señor

Pues te amo y nunca te olvidare

 

Yo quiero ser, Señor amado

Como el barro en manos del alfarero

Toma mi vida hazla de nuevo

Yo quiero, yo quiero ser

un vaso nuevo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

Coronilla por las almas del Purgatorio

(para rezar en comunidad)

 

Rezamos esta coronilla por las almas del Purgatorio, en memoria de las 40 horas que nuestro Señor Jesucristo estuvo en los infiernos después de la muerte, en sufragio de las benditas almas del Purgatorio, y por el alma de algún difunto en particular, para que el Señor se digne libertarlas lo más presto, de sus penas.

 

Señal de la Cruz

Presentamos la intención de librar almas del Purgatorio en especial por los difuntos N. N.

 

Credo. Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, Creador del Cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible. Creo en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre, por quien todo fue hecho; que, por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó María, la Virgen, y se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato: padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras y subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro. Amén

 

Padre Nuestro

3 Ave María

Gloria

 

V. Dios, ve y ayúdales

R. Señor, ve y ayúdales

V. Señor, concédeles el descanso eterno

R. Y que la luz perpetua ilumine sobre ellos

V. Descansen en paz. Amén.

 

Primer misterio

Consideremos en este primer misterio el vivísimo deseo con el cual las almas del Purgatorio estaban esperando el feliz momento de ser consoladas en aquella dolorosa cárcel con la vista del Redentor después de su muerte, y pensemos que las almas que al presente se encuentran entre aquellas atrocísimas llamas, están esperando con igual deseo de nuestra piedad una abundante copia de sufragios, que puedan hacerlas felices para siempre.

Pidamos, por tanto, al Señor y a la Santísima Virgen que concedan tanta eficacia a nuestras oraciones, que puedan plenamente satisfacer sus deseos.

 

En cada cuenta grande rezamos un Padre Nuestro

En cada cuenta pequeña:  Padre Eterno, yo te ofrezco la Preciosísima Sangre de Tu Divino Hijo Jesús, en unión con las misas celebradas hoy día a través del mundo por todas las benditas ánimas del purgatorio. Amén.

Por todos los pecadores del mundo, por los pecadores en la Iglesia universal, por aquellos en mi propia casa y dentro de mi familia.

 

Al final de cada decena:

Sagrado Corazón de Jesús, abre el corazón y la mente de los pecadores a la verdad y la luz de Dios Padre.

Inmaculado Corazón de María, ruega por la conversión de los pecadores y del mundo entero.

Gloria

 

Segundo misterio

Consideremos este segundo misterio la dulce sorpresa que experimentaron las almas del Purgatorio, cuando al aparecerse en medio de ellas el Redentor, vieron extinguirse el fuego que las abrazaba, y cesar todas las penas que por tanto tiempo las habían atormentado; y pensemos, que, con nuestros sufragios, podemos también nosotros apagar aquellas llamas tan ardientes, y poner fin a aquellas penas que tan cruelmente las atormentan.

Pidamos, por tanto, al Señor y a la Santísima Virgen que concedan tanta eficacia a nuestras oraciones, que produzcan el mismo efecto.

En cada cuenta grande rezamos un Padre Nuestro

En cada cuenta pequeña:  Padre Eterno, yo te ofrezco la Preciosísima Sangre de Tu Divino Hijo Jesús, en unión con las misas celebradas hoy día a través del mundo por todas las benditas ánimas del purgatorio. Amén.

Por todos los pecadores del mundo, por los pecadores en la Iglesia universal, por aquellos en mi propia casa y dentro de mi familia.

 

Al final de cada decena:

Sagrado Corazón de Jesús, abre el corazón y la mente de los pecadores a la verdad y la luz de Dios Padre.

Inmaculado Corazón de María, ruega por la conversión de los pecadores y del mundo entero.

Gloria

 

Tercer Misterio

Consideremos en este tercer misterio, el sumo consuelo que sintieron las almas del Purgatorio cuando vieron disiparse por el Redentor las tinieblas de aquella profunda prisión, y resplandecer cada una de ellas con tanta luz, que no quedó mancha alguna en ellas de sus antiguas culpas, y pensemos que con nuestros sufragios podemos también nosotros disipar aquellas tinieblas, y purificar aquellos espíritus hasta borrar toda mancha, y satisfacer la deuda de tus pasados defectos.

Pidamos por tanto al Señor y a la Santísima Virgen que concedan tanta eficacia a nuestras oraciones, que puedan hacerlas perfectamente dignas de los ojos de Dios.

 

En cada cuenta grande rezamos un Padre Nuestro

En cada cuenta pequeña:  Padre Eterno, yo te ofrezco la Preciosísima Sangre de Tu Divino Hijo Jesús, en unión con las misas celebradas hoy día a través del mundo por todas las benditas ánimas del purgatorio. Amén.

Por todos los pecadores del mundo, por los pecadores en la Iglesia universal, por aquellos en mi propia casa y dentro de mi familia.

 

Al final de cada decena:

Sagrado Corazón de Jesús, abre el corazón y la mente de los pecadores a la verdad y la luz de Dios Padre.

Inmaculado Corazón de María, ruega por la conversión de los pecadores y del mundo entero.

Gloria

 

Cuarto Misterio

Consideremos en este cuarto misterio el inmenso regocijo de que fueron poseídas las almas del Purgatorio, cuando fueron libertadas por el divino Redentor, de aquel abismo de dolores, llevadas gloriosamente al Reino bienaventurado, y pensemos que también nosotros podemos librarlas de aquella horrenda prisión, y hacerlas felices para siempre en la Gloria celestial; roguemos por tanto al Señor y a la Santísima Virgen que concedan tanta eficacia a nuestras oraciones que puedan abrir las puertas del Purgatorio, e introducirlas en el suspiradísimo gozo del Paraíso.

 

En cada cuenta grande rezamos un Padre Nuestro

En cada cuenta pequeña:  Padre Eterno, yo te ofrezco la Preciosísima Sangre de Tu Divino Hijo Jesús, en unión con las misas celebradas hoy día a través del mundo por todas las benditas ánimas del purgatorio. Amén.

Por todos los pecadores del mundo, por los pecadores en la Iglesia universal, por aquellos en mi propia casa y dentro de mi familia.

 

Al final de cada decena:

Sagrado Corazón de Jesús, abre el corazón y la mente de los pecadores a la verdad y la luz de Dios Padre.

Inmaculado Corazón de María, ruega por la conversión de los pecadores y del mundo entero.

Gloria

 

Quinto misterio.

Por nuestras propias intenciones. Lo ofrecemos por los difuntos de nuestra por nuestros ancestros, nuestra familia, Parentela, amigos y conocidos.

 

En cada cuenta grande rezamos un Padre Nuestro

En cada cuenta pequeña:  Padre Eterno, yo te ofrezco la Preciosísima Sangre de Tu Divino Hijo Jesús, en unión con las misas celebradas hoy día a través del mundo por todas las benditas ánimas del purgatorio. Amén.

Por todos los pecadores del mundo, por los pecadores en la Iglesia universal, por aquellos en mi propia casa y dentro de mi familia.

 

Al final de cada decena:

Sagrado Corazón de Jesús, abre el corazón y la mente de los pecadores a la verdad y la luz de Dios Padre.

Inmaculado Corazón de María, ruega por la conversión de los pecadores y del mundo entero.

Gloria

 

Oración al concluir los misterios

¡Oh Jesús, oh María, esperanza, salud y felicidad de todos los fieles! desde el profundo abismo de sus miserias a vosotros se vuelven las benditas almas del Purgatorio, e imploran el beneficio de Tu Sangre, ¡oh Jesús! y el grito de vuestros dolores, ¡oh María! Esta sangre, estos dolores que fueron de tanta eficacia la primera vez en el Calvario, que libraron a todo el mundo de toda iniquidad, libren de sus penas a las almas del purgatorio, y por los méritos de sangre tan preciosa y de dolores tan acerbos, sean conducidas salvas al Cielo aquellas prisioneras infelices (y en particular el alma de “nombre de la persona”) por las cuales os pedimos con todo el fervor de nuestro espíritu.

 

Letanías a la Santísima Virgen

Señor, ten piedad

Señor, ten piedad

Cristo, ten piedad

Cristo, ten piedad

Señor, ten piedad

Señor, ten piedad

 

Cristo, óyenos

Cristo, óyenos

Cristo, escúchanos

Cristo, escúchanos

 

Dios, Padre celestial,

Ten piedad de nosotros

Dios, Hijo, Redentor del mundo

Ten piedad de nosotros

Dios, Espíritu Santo,

Ten piedad de nosotros

Santísima Trinidad, un solo Dios,

Ten piedad de nosotros

 

Santa María, ruega por nosotros.

Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.

Santa Virgen de las Vírgenes, ruega por nosotros.

Madre de Cristo, ruega por nosotros.

Madre de la Iglesia, ruega por nosotros.

Madre de misericordia, ruega por nosotros.

Madre de la divina gracia, ruega por nosotros.

Madre de esperanza, ruega por nosotros.

Madre purísima, ruega por nosotros.

Madre castísima, ruega por nosotros.

Madre siempre virgen, ruega por nosotros.

Madre inmaculada, ruega por nosotros.

Madre amable, ruega por nosotros.

Madre admirable, ruega por nosotros.

Madre del buen consejo, ruega por nosotros.

Madre del Creador, ruega por nosotros.

Madre del Salvador, ruega por nosotros.

Virgen prudentísima, ruega por nosotros.

Virgen digna de veneración, ruega por nosotros.

Virgen digna de alabanza, ruega por nosotros.

Virgen poderosa, ruega por nosotros.

Virgen clemente, ruega por nosotros.

Virgen fiel, ruega por nosotros.

Espejo de justicia, ruega por nosotros.

Trono de la sabiduría, ruega por nosotros.

Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros.

Vaso espiritual, ruega por nosotros.

Vaso digno de honor, ruega por nosotros.

Vaso de insigne devoción, ruega por nosotros.

Rosa mística, ruega por nosotros.

Torre de David, ruega por nosotros.

Torre de marfil, ruega por nosotros.

Casa de oro, ruega por nosotros.

Arca de la Alianza, ruega por nosotros.

Puerta del cielo, ruega por nosotros.

Estrella de la mañana, ruega por nosotros.

Salud de los enfermos, ruega por nosotros.

Refugio de los pecadores, ruega por nosotros.

Consuelo de los migrantes, ruega por nosotros.

Consoladora de los afligidos, ruega por nosotros.

Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.

Reina de los Ángeles, ruega por nosotros.

Reina de los Patriarcas, ruega por nosotros.

Reina de los Profetas, ruega por nosotros.

Reina de los Apóstoles, ruega por nosotros.

Reina de los Mártires, ruega por nosotros.

Reina de los Confesores, ruega por nosotros.

Reina de las Vírgenes, ruega por nosotros.

Reina de todos los Santos, ruega por nosotros.

Reina concebida sin pecado original, ruega por nosotros.

Reina asunta a los Cielos, ruega por nosotros.

Reina del Santísimo Rosario, ruega por nosotros.

Reina de la familia, ruega por nosotros.

Reina de la paz, ruega por nosotros.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,

Perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,

Escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo,

Ten misericordia de nosotros.

 

Oración final

¡Oh Dios! que concedéis el perdón de los pecados, y queréis la salvación de los hombres, imploramos vuestra clemencia, para que por la intercesión de la bienaventurada siempre Virgen María, y por la de todos los santos, hagáis que lleguen a participar de la eterna bienaventuranza todos nuestros hermanos, parientes y bienhechores difuntos, que han pasado de esta vida a la otra. Por nuestro Señor Jesucristo, Tu Hijo, Amén.

 

Santa Gertrudis recibió esta oración de manos del Señor, quien le dijo que cada vez que la rezara podría liberar 1000 almas del purgatorio.  (En total 50 mil almas por persona que realice la coronilla).

Cómo rezar la Coronilla de santa Gertrudis

 

Jesús a Sta. Gertrudis:

“Nada me da tanta delicia como el corazón del hombre, del cual muchas veces soy privado. Yo tengo todas las cosas en abundancia, sin embargo, cuanto se me priva del amor del corazón del hombre”. Santa Gertrudis de Helfta (Eisleben, Alemania, 1256 – Helfta, 1302), fue una monja benedictina cisterciense y escritora mística, también conocida como Gertrudis la Grande o Gertrudis Magna.

 

Los niveles del Purgatorio revelados a santa Brígida

 

El siguiente es un extracto del capítulo 6, unido al capítulo 7 y 8 del libro número 4 de la Revelaciones Celestiales de santa Brígida de Suecia, en el cual le es revelado por un ángel importantes datos sobre el purgatorio y sus niveles.

 

Sobre esas tinieblas está la mayor pena del purgatorio que las almas pueden sufrir. Y más allá de este lugar hay otro, donde se sufre la pena menor, que solamente consiste en falta de fuerzas, de hermosura, y de otras cosas semejantes, como si uno después de una grave enfermedad estuviera convaleciente con falta de fuerzas, y de todo lo que suele acompañar a este estado de debilidad, hasta que poco a poco va volviendo en sí.

 

Otro lugar hay superior a esos dos, donde no se padece otra pena, sino la del deseo de ver a Dios y gozarle. Y para que mejor lo entiendas, te voy a poner el ejemplo de un poco de metal, que ardiese y se mezclase con oro en un fuego muy encendido, hasta que se viniese a consumir todo el metal y quedara el oro puro.

 

Cuanto más fuerte y denso fuera el metal, tanto más recio debería ser el fuego que se necesitase para apartar el oro y consumir el metal. Viendo el artífice el oro purificado y derretido como agua, lo echa en otra parte donde toma su verdadera forma a la vista y al tacto, y luego lo saca de allí y lo pone en otro lugar para darlo a su dueño.

 

Lo mismo sucede en esta purificación espiritual. En el primer lugar colocado sobre las tinieblas del infierno, es donde se sufre la mayor pena del purgatorio, y en el cual viste padecer a aquella alma. Allí hay al modo de venenosas sabandijas y animales feroces; hay calor y frío; hay confusión y tinieblas procedentes de las penas del infierno, y unas almas tienen allí mayor pena y tormento que otras, según que tenían hecha mayor o menor satisfacción de sus pecados cuando salieron del cuerpo.

 

Luego la justicia de Dios saca al alma a otros lugares, donde no hay sino falta de fuerzas, en los cuales están detenidas hasta tener refrigerio y ayuda, o de sus amigos particulares, o de los sacrificios y continuas buenas obras de la santa Iglesia; pues el alma que mayores auxilios tiene, más pronto convalece y se libra de este lugar.

 

Desde allí va el alma al tercero, donde no hay más pena que el deseo de llegar a la presencia de Dios, y de gozar de su visión beatífica.

 

En este lugar residen otros muchos y por bastante tiempo, entre los que se encuentran aquellos que, mientras vivieron en el mundo, no tuvieron perfecto deseo de llegar a la presencia de Dios y a gozar de su vista.

 

Advierte también que muchos mueren en el mundo, tan justos y tan inocentes, que al momento llegan a la presencia de Dios y le gozan; y otros mueren también después de haber satisfecho sus pecados, de modo que sus almas no sienten pena alguna. Pero son pocos los que no vienen al lugar donde se padece la pena del deseo de ir a Dios. Las almas que están en estos tres lugares participan de las oraciones y buenas obras de la santa Iglesia, que se hacen en el mundo; principalmente de las que ellas hicieron mientras vivieron, y de las que sus amigos hacen por ellos después de muertos.

 

Y como los pecados son de muchas clases y diversos, así también son diferentes las penas; y como el hambriento se huelga con la comida, y el sediento con la bebida, el desnudo con el vestido y el enfermo con la cama y descanso, así las almas se huelgan y participan de lo que por ellas se hace en el mundo.

 

¡Bendito de Dios sea, prosiguió el ángel, el que en el mundo ayuda las almas con sus oraciones y con el trabajo de su cuerpo!

 

Pues no puede mentir la justicia de Dios que dice, que las almas, o han de purificarse después de la muerte con la pena del purgatorio, o han de ser ayudadas con las obras buenas de sus amigos y de la Iglesia, para que salgan más presto. Después de esto, se oyeron muchas voces desde el purgatorio que decían: Señor mío Jesucristo, justo Juez, envía tu amor a los que tienen potestad espiritual en el mundo, y entonces podremos participar más que ahora de su canto, lección y oblación.

 

Encima de donde salían estos clamores había como una casa, en la cual se oían muchas voces que decían: ¡Dios se lo pague a aquellos que nos ayudan y suplen nuestras faltas!

 

En la misma casa parecía nacer la aurora, y debajo de ésta apareció una nube que no participaba de la claridad de la aurora, de la cual salió una gran voz que dijo: Oh Señor Dios, da de tu incomprensible poder ciento por uno a todos los que en el mundo nos ayudan y nos elevan con sus buenas obras, para que veamos la luz de tu Divinidad, y gocemos de tu presencia y divino rostro.

 

Aquella alma, dice el ángel a santa Brígida, que viste y oíste sentenciar, está en la más grave pena del purgatorio. Y esto lo ha ordenado Dios así, porque presumía mucho de discreto e inteligente en cosas de mundo y de su cuerpo; pero de las espirituales y de su alma no hacía caso, porque estaba muy olvidado de lo que debía a Dios y lo menospreciaba.

 

Por eso su alma padece el ardor del fuego y tiembla de frío; las tinieblas la tienen ciega, y la horrible vista de los demonios, temerosa, y la vocería y clamoreo de los demonios la tienen sorda, interiormente padece hambre y sed, y exteriormente se halla vestida de confusión y vergüenza.

 

Pero después que murió le ha concedido Dios una merced, y es que no la atormenten ni toquen los demonios, porque solo la honra de Dios perdonó graves injurias a sus mayores enemigos, e hizo amistades con uno cuya enemistad era de muerte.

 

Todo el bien que hizo y todo lo que prometió y dio de los bienes bien adquiridos, y principalmente las oraciones de los amigos de Dios, disminuyen y alivian su pena, según está determinado por la justicia de Dios.

 

Pero en cuanto a lo que dio de los otros bienes no bien adquiridos, aprovecha en particular a los que justamente los poseían antes, o les aprovecha en su cuerpo, si son dignos de ello, según la disposición de Dios.

 

Ya has oído, le dice el ángel a santa Brígida, cómo por los ruegos de los amigos de Dios tuvo antes de morir aquella alma contrición de sus pecados, nacida del amor de Dios, la cual contrición la libró del infierno. Así, pues, la justicia de Dios lo sentenció a que ardiese en el purgatorio por seis períodos de tiempo, como los que él había vivido, desde que a sabiendas cometió el primer pecado mortal hasta el momento en que por amor de Dios se arrepintió con fruto, a no ser que recibiese auxilio del mundo y de los amigos de Dios.

 

El primer período se comprende aquel en que no amó a Dios por su divina pasión y muerte, y por las muchas tribulaciones que el Señor sufrió solamente por la salud de las almas.

 

El segundo es el que no amó su alma como debería hacerlo un cristiano, ni daba gracias a Dios por haber recibido el bautismo, y porque no era judío ni pagano.

 

El tercero abrazó aquel en que sabiendo bien lo que Dios había mandado, tuvo poco deseo de hacerlo.

 

El cuarto aquel en que sabía bien lo que Dios había prohibido a los que quisiesen ir al cielo, atrevidamente hizo eso mismo que le estaba vedado, dejándose llevar de su afecto carnal y desoyendo la voz de su conciencia.

 

El quinto fue aquel en que no usó de la gracia que se le ofrecía, ni de la confesión, como pertenecía a su estado, teniendo tanto tiempo para ello.

 

Y el sexto comprende aquel en que recibía con poca frecuencia el cuerpo de Jesucristo por no dejar de pecar, ni tuvo caridad al recibirlo sino al final de su vida.

 

Vio luego santa Brígida un hombre modesto con vestiduras blancas y resplandecientes a modo de sacerdote, ceñido con una faja de lino y con una estola encarnada al cuello y por debajo de los brazos, el cual le dijo a santa Brígida: Tú, que esto estás viendo, advierte y retén en la memoria lo que ves y oyes. Vosotros los que en el mundo vivís, no podéis entender el poder de Dios y sus eternos decretos como nosotros que estamos con él, porque las cosas que ante Dios se hacen un solo momento, ante vosotros no pueden comprenderse sino con muchas palabras y semejanzas según el orden del mundo.

 

Yo soy uno de aquellos a quienes este hombre sentenciado al purgatorio ayudó en vida con sus limosnas. Y así me ha concedido Dios por su amor que, si alguno quisiere hacer lo que yo le dijere, ese pondría esta alma en lugar mucho menos penoso, donde tuviera su verdadera forma y no sintiese ninguna pena, sino la que padeciera el que hubiese tenido una enfermedad mortal y no sintiese ya dolor alguno y estuviese como un hombre sin fuerzas, y sin embargo se alegrase porque sabía muy de positivo que había de llegar a la vida eterna. Y lo que se ha de hacer es, que como le oíste aquellos cinco clamores y ayes, se hagan por él cinco cosas que lo consuelen.

 

El primer ¡ay! fue de lo poco que había amado a Dios, y para remedio de éste se den de limosna treinta cálices, en los que se ofrezca la sangre de Jesucristo y se honre más a Dios.

 

El segundo ¡ay! fue de que temió poco a Dios, y para remedio de éste se busquen treinta devotos sacerdotes que digan cada uno treinta misas, y todos rueguen con mucho fervor por el alma de este hombre, poderoso un día en la tierra, a fin de que se aplaque la ira de Dios, y su justicia se incline a la misericordia.

 

El tercer ¡ay! y su pena es por la soberbia y codicia. Para éste lávense los pies a treinta pobres con mucha humildad, y denle limosna de dinero, comida y vestido, y rueguen ellos y el que se los lava a nuestro Señor, que por su humildad y pasión perdone a esta alma su soberbia y codicia.

 

El cuarto ¡ay! fue por la sensualidad de su carne, y para éste, el que dotase una doncella y una viuda en un monasterio, y casase una joven, dándoles lo suficiente para su matrimonio, alcanzará que Dios perdone a esa alma el pecado que en la carne había cometido. Porque esos son tres estados de vida que Dios eligió y mandó que hubiese en el mundo.

 

El quinto ¡ay! es porque cometió bastantes pecados, poniendo en tribulación a muchos, como el que cometió cifrando todo su empeño en que se casaran esos dos ya referidos, no pudiendo por ser parientes; pero hizo se verificase este casamiento, más por su capricho que por el bien del reino, y se llevó a cabo sin licencia del Papa, contra la loable disposición de la santa Iglesia. Con este motivo fueron atormentados y martirizados muchos, porque no querían pasar por tal casamiento, que era contra Dios, contra su santa Iglesia y contra las costumbres de los cristianos.

 

Si alguno quiere borrar ese pecado, ha de ir al Papa y decirle: Cierta persona, sin expresar su nombre, cometió tal pecado, pero al final de su vida se arrepintió, mas no había hecho satisfacción por él. Imponedme a mí la penitencia que queráis y que pueda yo tolerar, porque me hallo dispuesto a enmendar por él este pecado. Y aunque no le dé en penitencia más que un Pater Noster (Padre Nuestro), le aprovechará a esa alma para disminuir su pena en el purgatorio.

 

CORONILLA DE LA DIVINA MISERICORDIA

 

La Coronilla de la Divina Misericordia puede rezarse con las cuentas tradicionales del Rosario. La Coronilla sólo lleva unos minutos, y miles de católicos de todo el mundo la rezan cada día para pedir la misericordia de Dios.

 

Comienza con la señal de la cruz.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Prepara tu corazón y tu mente.

Expiraste, Jesús, pero la fuente de la vida brotó para las almas, y el océano de la misericordia se abrió para el mundo entero. Oh Fuente de Vida, Divina Misericordia insondable, envuelve el mundo entero y vacíate sobre nosotros.

 

Oración al principio:

Expiraste, Jesús, pero la fuente de vida brotó para las almas y el mar de misericordia se abrió para el mundo entero. Oh fuente de vida, insondable Misericordia Divina, abarca al mundo entero y derrámate sobre nosotros.

 

Oh Sangre y Agua que brotaste del Corazón de Jesús, como una Fuente de Misericordia para nosotros, en Ti confío.

 

Primero se reza una vez el Padre Nuestro, el Ave María y el Credo de los Apóstoles.

 

Padre Nuestro:

Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea Tu nombre; venga a nosotros Tu reino; hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén.

 

Ave María:

Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

 

Credo de los Apóstoles:

Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, Su único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia Católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Amén.

 

En las cuentas grandes del Padre Nuestro antes de cada decena:

Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero.

 

En las 10 cuentas pequeñas de cada decena:

Por Su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero.

 

Después de cinco decenas, la doxología final (tres veces):

 

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero.

 

Oración final:

Oh Dios Eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro de compasión inagotable, vuelve a nosotros Tu mirada bondadosa y aumenta Tu misericordia en nosotros, para que en momentos difíciles no nos desesperemos ni nos desalentamos, sino que, con gran confianza, nos sometamos a Tu santa voluntad, que es el Amor y la Misericordia Mismos.

 

Concluye con la señal de la cruz.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

 

 

 

PARA APRENDER UN POCO.

¿Dónde, si no en la Divina Misericordia, puede encontrar el mundo refugio y luz de esperanza? Papa San Juan Pablo II

 

¿Qué es la Coronilla a la Divina Misericordia?

El origen de la Coronilla

En los años treinta, Jesús se apareció a santa Faustina Kowalska, una humilde y bondadosa monja polaca, y le reveló la profundidad de su misericordia. Santa Faustina ingresó en la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia en 1925, pero falleció sólo trece años después a causa de la tuberculosis, en 1938. A lo largo de su vida de santidad, recibió continuamente revelaciones de Jesús y escribió diligentemente en su diario lo que Él le decía. Santa Faustina fue canonizada por San Juan Pablo II el 30 de abril de 2000.

 

En 1935, un ángel se le apareció a Santa Faustina, y ella escuchó el llamado para orar por la misericordia. Al día siguiente, Cristo se le apareció y la instó a que rezara la Coronilla sola y con otros a la hora de la muerte. Ella escribió esta revelación en su diario:

 

Anima a las almas a rezar la Coronilla que te he dado. Quien lo recite recibirá gran misericordia a la hora de la muerte. Cuando recen esta Coronilla en presencia de los moribundos, Yo me pondré entre Mi Padre y el moribundo, no como el Juez justo, sino como el Salvador Misericordioso. Los sacerdotes la recomendarán a los pecadores como su última esperanza de salvación.

 

Aunque hubiera un pecador muy endurecido, si recitara esta Coronilla una sola vez, recibiría la gracia de Mi infinita misericordia. Deseo conceder gracias inimaginables a aquellas almas que confían en Mi misericordia. Por medio de la Coronilla obtendrás todo, si lo que pides es compatible con Mi voluntad. (El Diario de Santa Faustina)

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